Acéptame tal como soy. Tolerancia al universo gay‏

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Muchos creen que las personas homosexuales viven al máximo la vida, sin ataduras y sin límites, pero ¿qué hay detrás de cada historia?, ¿Cómo lograron su autoaceptación y cómo consiguieron que sus familias los aceptaran?

Para Viviana el proceso de autoaceptación como gay fue “muy duro”. Recuerda que desde los cinco años de edad ya tenía sueños con otra niña. “Todo era muy inocente, tenía a mi consentida del salón, a la que le regalaba el lunch y a la que le escribía cartitas”.

Una década después, Viviana experimentó su primera relación con una mujer; pero a la par comenzó el sufrimiento con preguntas como: “¿Y ahora qué voy a hacer en este mundo?, ¿habrá muchas personas como yo?, ¿cómo le diré a mi familia?”. Este miedo la orilló a tener un novio, pero esa relación de un mes, sólo reconfirmó que realmente le gustaban las chicas.

Cristina, su mamá, cuenta que desde que Viviana era pequeña la veía muy “diferente” a sus amigas del colegio, “nunca jugó con muñecas y no le gustaban las cosas cursis como bolsas, vestidos y collares. Eso sí, tenía muchos amigos hombres con los que jugaba al parejo”. Así pasaron varios años y cuando Viviana tenía alrededor de 20 años de edad, Cristina notaba que su hija en ocasiones estaba muy irritada y de malas. Así que una buena noche la cuestionó sobre su arreglo tan masculino y le preguntó directamente: “hija no quiero ofenderte, pero dime: ¿eres gay?”. A Viviana se le llenaron los ojos de lágrimas y le respondió que sí. La respuesta no le sorprendió a Cristina, en el fondo ya lo intuía, y después de una larga plática le dijo que siempre la iba a apoyar y respetar incondicionalmente. “De corazón lo acepté, lo único que deseaba era que mi hija fuera feliz. Aunque también tuve momentos de tristeza, confusión y culpabilidad. Mi miedo más grande era que ella sufriera rechazo y que no fuera aceptada en la ‘suciedad’ en la que vivimos”.

Viviana, por su parte, comenzó su proceso de autoaceptación. “Lo más reconfortante fue cuando me agarré los pantalones y me dije a mi misma: “soy gay”, en ese momento me llené de paz y tranquilidad. Lo más difícil fue pensar en el dolor que le causaría a mi familia, y en especial a mi mamá”. Sin embargo, el haber tenido el valor de platicárselo hizo que se le quitara un gran peso de encima. “Me sentí ligera y aliviada. Era muy cansado mentir y tener una doble vida”.

Ambas se tomaron su respectivo tiempo para digerir las cosas, ahora Viviana vive su sexualidad fuera del clóset: “Ni me escondo, ni me exhibo y siempre trato de vivir en armonía, con respeto y con los valores que me inculcaron. Hoy vivo muy feliz, así que todo el dolor que pasé valió la pena”. A Cristina, su proceso la llevó a pensar en el para qué y no en el por qué, y concluyó que es algo que definitivamente ha unido muchísimo a toda la familia.

La historia que les tocó vivir a Viviana y a Cristina afortunadamente tuvo un final feliz, pero muchas familias que han tenido que pasar por lo mismo no logran cruzar la barrera del rechazo, y es ahí donde salen a flote los problemas.

Trabajando la tolerancia

Raros, promiscuos, enfermos mentales, desviados… son algunas de las formas en que mucha gente suele señalar a las personas homosexuales, sin ponerse a pensar que ante todo son seres humanos. “Vivimos en un mundo y en una sociedad llena de culpas donde hay muy poca tolerancia. Si entendiéramos sin juzgar que existen diferentes formas de pensamientos, de colores de piel, de razas y de diversidad sexual sería muy diferente. Los homosexuales son seres humanos como cualquier otro, existen y forman parte de la humanidad desde siempre. Son personas que también tienen sensibilidad, virtudes, defectos, amor, y desamor. Ser una persona más tolerante nos va a permitir poder entender, compartir y respetar no sólo eso, sino muchas otras cosas que nos permitirán hacer una mejor sociedad”.

Holanda, Suecia, Islandia y Dinamarca son los países más tolerantes hacia la homosexualidad, mientras que Bangladesh, Pakistán y Jordania son los que muestran una mayor discriminación. En México, en el 2007, la Cámara de Diputados Mexicana reveló que en los últimos cinco años fueron asesinadas 1,000 personas por situaciones relacionadas con la homofobia. “Las personas que no tienen tolerancia con los homosexuales están luchando contra algo que no se va acabar, y a final de cuentas no se trata de eso, sino de asumir y reconocer la existencia de otras formas de amar, de desear y de ver la vida. Mientras no intervenga en tu espacio de vida, no te violenten y no te afecte agresivamente por qué no respetar a ese otro”, dice la especialista.

La aceptación de un miembro gay en la familia es de suma importancia para que éste se sienta más seguro y –en esta sociedad tan homofóbica y predominantemente heterosexual–, pueda recorrer su camino de una forma más sencilla, como lo ha logrado hacer Viviana; sin embargo, si esto no sucede, los gays deben trabajar mucho en la aprobación con ellos mismos. “Esta es la única forma en que sentirán un respiro, un alivio y los hará sentirse personas sin culpas y sin vergüenza”, dice Zárate. El autorechazo puede traer también problemas de depresión e insatisfacción personal. Si llegará a suceder esto es conveniente que busquen ayuda profesional.

Pese a la teórica libertad que gozamos con la aprobación del matrimonio gay y la polémica ley de adopción, en la práctica, resulta evidente que una parte del entorno social continúa observando con desdeño la homosexualidad. Tal es así que aún no disfrutan de un régimen legal adecuado e igualitario respecto a las personas heterosexuales. Discriminación hasta cierto punto cultural.

Fuente: fernanda.com.mx


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