El miedo, un gran maestro. “El miedo es tan saludable para el espíritu, como el baño para el cuerpo”. Máximo Gorky, escritor ruso‏

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Presas del miedo

De acuerdo a la Psic. Cristina Correa Campos, el miedo es un sentimiento de malestar compuesto por un sentido de vulnerabilidad, en una situación peligrosa (real, irreal o potencial), más un sentido de incapacidad para superarlo. “El propósito de esta emoción es de protección y de prevención de daños. Hace que el ser humano experimente reacciones fisiológicas que le permiten sobrevivir”, señala.

El miedo te pone ante tres motivaciones: enfrentarlo, sobrellevarlo o evadirlo.

El enfrentamiento da por resultado el valor para seguir afrontando la vida con seguridad; hacerlo nos vuelve seres humanos más completos y seguros de nuestras capacidades. En los últimos cinco años, la Asociación Americana de la Salud se ha dedicado a estudiar exhaustivamente cómo se comporta el cerebro cuando la persona experimenta miedo.

Mecanismo del miedo

Durante un momento de miedo intenso, el organismo tiene dos respuestas paralelas:

1. La primera es la más antigua y está relacionada con el sistema nervioso primigenio (data de la prehistoria). Es el sistema de alarma involucrado en la prevención del daño, el ataque, la huida y los reflejos más rápidos.

2. La segunda es cuando el estímulo llega a la corteza cerebral. La parte racional del cerebro se asusta de las reacciones automáticas del cuerpo y trata de controlarlas.

Tipos de miedo

El miedo consta de un componente genético (innato) y otro aprendido. “La pregunta del millón de dólares es definir qué porcentaje tiene de uno y del otro. Y también influye un aspecto cultural en los miedos de cada sociedad. Por ejemplo, un niño en Irak escucha un avión y su cuerpo tiene una respuesta inmediata de miedo a un bombardeo. En cambio, un niño mexicano escucha un avión cercano, e incluso voltea emocionado a verlo”.

Los miedos más comunes en el mundo occidental, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud son:

1. Al fracaso.

2. No ser feliz.

3. Que nuestra descendencia enferme o se incapacite.

4. La enfermedad propia.

5. Quedar inválido.

6. No tener satisfactores necesarios para poder vivir.

7. Que nuestra pareja enferme o sufra accidentes.

8. A la soledad.

9. Perder la libertad.

10. Ser atacado en el prestigio personal o profesional.

Fases del miedo

Correa explica que el miedo se manifesta en tres diferentes etapas, que son:

“El nivel más bajo es la preocupación. Ésta es normal cuando la persona puede llevar a cabo acciones para desactivar, hasta cierto punto, los peligros. Y es patológica, cuando es repetitiva, sin llegar a la acción o cuando, por el contrario, llega a la acción excesiva.

• “En la segunda etapa, la manifestación del miedo es más poderosa e intensa. La gran mayoría de los miedos alcanzan este nivel.

• “Cuando un miedo es intenso y persistente, no te permite hacer o pensar en otra cosa, te roba la tranquilidad y es irreal, se considera patológico. Y esta es la tercera etapa del miedo. Todos hemos visitado los extremos del miedo, pero pocas veces. En este nivel la reacción del cuerpo llega a tal intensidad, que entorpece toda capacidad de pensar sensatamente o actuar con congruencia”.

Destacado: “La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada con su vida”. Peter Ustinov, actor y escritor británico

Estrategias para superarlo

La especialista te desglosa diferentes ejercicios que, idealmente podrías trabajar en terapia, pero que puedes intentar en casa.

1. Modelo cognitivo conductual. Se basa es cuestionarte las falsas ideas.

“Date cuenta de tu miedo, explícate lo que pasa, qué sientes, cuál es tu preocupación, qué es lo que percibes, dónde ves el peligro. Clarifica y fundamenta las bases de tu miedo. Es necesario que te preguntes: ¿hay fundamento para lo que siento?. No insistas en que algo malo va a pasar, si ya te diste cuenta que no hay bases que demuestren que eso es real o probable. Cuestiónate: ¿qué tantas verdades o mentiras hay en las situaciones que imagino?

a) Describe el temor que tienes sin hacer juicios de valor. Por ej: “Siento un vacío en el estómago porque debo varios meses de la hipoteca de mi casa”.

b) Evalúa en una escala del 1 al 5, el nivel de intensidad del miedo que experimentas.

c) Escribe todo lo que piensas respecto a ese miedo. Por ej:

“Me aterraría que me la quitaran, que me embarguen, que no tengamos dónde vivir, que nos metan a la cárcel, etc.”.

d) Marca todas las ideas que pueden ser falsas, o que no necesariamente son verdad.

e) Escribe cada mentira encontrada en término de solución; es decir, lo que puedes hacer ante ese miedo. Por ej. “Temo que me quiten mi casa, pero en ese caso, podría irme a vivir con mi mamá”.

Si estableces las bases reales de un miedo, seguramente bajará de intensidad. El reto está en aplicarla en el momento mismo en que el temor ocurre. “Ante situaciones peligrosas, es necesario activarse y hacer lo que esté en tu control; trata de llenarte de confianza en ti misma y convencerte de que podrás salir adelante. No dejes volar tu imaginación negativa; los miedos se encadenan y de uno incontrolable, se alimentan otros”, describe. El objetivo es fortalecer el convencimiento en las propias capacidades, para vencer el miedo. Trata de repetirte argumentos realistas que defiendan la capacidad que tienes para reaccionar.

2. Modelo sistémico

“Otra técnica para manejar el miedo, es el ‘Reencuadre’. La clave es cuestionarte: ‘Si el miedo fuera un gran maestro o un médico al que yo le tuviera plena confianza, ¿qué me enseñaría?’. Tal vez las respuestas serían: a ser más valiente, a no asustarme de todo, a darle a cada cosa su justo valor, etc. Lo que se hace con el reencuadre, es que en lugar de meter al miedo en un mapa dañino y doloroso de emociones, lo metes en un mapa de aprendizaje del cual se deriven cosas positivas. Las cosas no van a cambiar, pero si tú tratas de verlas de una manera diferente, desde otro punto de vista, es menos doloroso y ese enfoque te brinda paz”, comparte Cristina

3. Modelo interaccional

“Date cuenta de las ‘Soluciones intentadas’ y repetidas, que aparentemente son diferentes, pero en esencia son iguales. Por ej, una madre que espera a su hijo los fines de semana cuando sale al antro por las noches. A lo mejor, se hace tarde y el hijo no le responde el celular; se comienzan a encadenar los miedos relacionados con la seguridad del hijo. La mamá asegure que ha intentado diferentes soluciones: hablarle al celular, llamar a sus amigos, llorar, salirse a buscarlo o esperarlo despierta, pero todas esas soluciones caben en un mismo costal, son la misma con diferentes caras: la solución intentada de control e inseguridad. Y todas las soluciones que quepan en ese rubro van a fracasar. Es necesario proponer una solución 180° diferente a la anterior, en este caso, a partir de la confianza.

4. Hipnosis de transe ligero

“Provoca que la parte inconsciente (que guarda los archivos de las experiencias y aprendizajes de la persona) dé soluciones en relación al manejo del miedo, con muy buenos resultados en terapia”.

Sin confusiones

Normalmente, cuando algo nos causa una fuerte impresión, nos exige más de lo que estábamos dando o nos pone en un escenarios desconocido, lo metemos todo en la misma categoría y terminamos afirmando: ¡Qué miedo! Pero, es importante diferenciar lo que sentimos, para saber cómo superarlo.

Miedo vs ansiedad y estrés

En el miedo, conocemos aquello que nos amenaza y nos preparamos para la huida o para afrontarlo, gracias a una respuesta fisiológica breve. Es agudo y provocado por un estímulo conocido, lo cual lo vuelve una reacción normal. En la ansiedad, desconocemos el objeto, la amenaza es interna y vaga. Es, por ejemplo, la reacción normal al estar en un ambiente extraño donde no se conoce a nadie y te sientes incómoda e inquieta. El estrés es provocado por sucesos físicos o emocionales. Las situaciones estresantes nos vuelven más tensos y despiertos. Las preocupaciones y la tensión se desencadenan fácilmente.

Reflexión

En mi opinión, hay mucho que aprender de los miedos que nos acosan, pues estos nos dan la clave para saber aquello que tenemos que trabajar si queremos crecer y lo que tenemos que atender para volver a un estado de equilibrio y paz. Por ejemplo, si tengo miedo a perder la salud, porque mis padres padecen una enfermedad como cáncer o artritis, qué espero para ir a hacerme estudios que me garanticen una detección temprana. Si temo que mi hijo se vuelva alcohólico como su padre, refuerzo mi vínculo de comunicación y confianza con él, para que escuche los valores que le inculque. El único caso en el que me parece importante darle la espalda al miedo y huir, son aquellas situaciones en las que nuestra vida corre peligro, y hemos comprobado -con hechos- que la persona a quien tememos, es capaz de lastimarnos, sin límite.

“Es mucho mejor enfrentar el miedo, que evitarlo, pues en ese caso se puede somatizar, causándote enfermedades de la tiroides, colitis, gastritis, etc.”, explica la psicóloga. “Si te has mantenido en una relación disfuncional y dolorosa, cuesta mucho trabajo hacer el cambio, te va a exigir más, pues enfrentar el miedo te reta. Si temes que termine tu relación y quedarte sola para sacar adelante a tus hijos, probablemente en vez de enfrentar a tu marido alcohólico, le das la espalda al miedo y vives en la rutina, sobrellevándolo”.

Si lo que te atemoriza es una relación disfuncional, tienes que procurar comunicación. Si te das cuenta que las soluciones que has intentado son la misma, pregúntale a esa persona su punto de vista y dale el tuyo, cuestiónale qué espera de ti y dile lo que tú esperas en reciprocidad.

Pregúntate qué es lo que quieres, qué es lo que pasaría si tú cambias.

El miedo es un gran maestro, te enseña de dónde sacar el valor para superar las situaciones que no son satisfactorias en tu vida, para superar la resistencia al cambio de tus circunstancias. Pon atención a lo que te está diciendo”,

Si sientes miedos recurrentes, busca ayuda. El miedo duele, pero te enseña. Enfrentar los miedos implica un crecimiento. Como una bola de nieve, cuando tú resuelves un miedo y lo enfrentas, hace que se resuelva otro, y otro más. No esperes resolver algo muy grande, ponte metas pequeñas. La valentía va a ocupar más espacio en tu vida, va a beneficiar tus relaciones, aumentar tu seguridad en ti misma”, finaliza Cristina.

Destacado en recuadro

Curiosidad:

Estudios realizados en diferentes Universidades del este de EUA -Cornell y Nueva Yor- arrojaron como resultado que 3 de cada 10 personas reportan que el miedo les impide desarrollar sus actividades cotidianas.

Recuadro

El miedo y Bucay

Una respuesta biológica de alarma frente a una situación peligrosa es lo que

podríamos llamar un Miedo Sano, una emoción protectora toda vez que nos prepara para conjurar un peligro o una amenaza real. Si no fuera capaz de asustarme no podría por ejemplo, huir rápidamente de un lugar donde empieza a producirse un derrumbe. Cuando la amenaza no existe, pero la reacción de alarma sí, la respuesta temerosa no es susto, sino miedo. Simplificando una vez más, podríamos decir que el susto entra por la percepción y el miedo, por la imaginación. La mayoría de los miedos que sentimos en la vida cotidiana no son innatos, los hemos aprendido.

De los peligros del miedo aprendido nos ilustra esta vieja historia.

Había una vez una madre que tenía un único hijo. Ella era tan temerosa que vivía angustiada pensando

que no podría seguir viviendo si a su hijito le pasara algo. Tan asustada estaba de sus fantasías que un día para que su hijo no saliera solo a la calle, le sentó en los sillones de la sala y le dijo:

-Mira hijo, en la calle vagan unos espíritus malignos que se llevan a los niños que están sin su mamá.

Así que nunca, nunca salgas a la calle sin mí. ¿Entiendes?

– Sí mami, contestó asustado.

El plan resultó y el chico nunca más salió a la calle sin su madre.

Cuando el chico cumplió quince años, la madre empezó a pensar que algún día ella no estaría y que su hijo tendría que manejarse en el mundo exterior.

Se sentó otra vez en la sala y le dijo al muchacho:

– Sabes hijo, tú ya eres grande y pronto te irás de esta casa.

– No madre. Te recuerdo que afuera están los espíritus malignos que me llevarían si no estuviera contigo.

La madre pensó que decirle la verdad equivaldría a admitir que le había mentido, así que le dijo:

– De eso te quería hablar. Los espíritus jamás te llevarán mientras lleves en tu cuello esta medallita que ahora te regalo -y quitándose la medalla que colgaba en su cuello se la puso a su hijo- quiero que sepas que desde ahora, podrás salir sin mí porque mi medalla te protegerá. Tienes que confiar en lo que te digo porque tu madre nunca te mentiría: Mientras tengas esta medallita, ningún espíritu se acercará a hacerte daño. ¿Entiendes?

– Sí mamá…

El joven le creyó. Pero de todas maneras, desde que su mamá murió, el muchacho nunca salió de su casa. Siempre tuvo miedo de perder la medallita.

Mi madre, quizás como la suya, nunca nos asustaron con monstruos malignos, pero cada una diseñó su propia forma de enseñarnos algunos temores. Mi madre lo hacía con una sola palabra: «Cuídate». Una manera sutil de avisar que el mundo es peligroso, una forma de establecer que debes tener miedo. Lo hacía con la mejor intención, como lo hice yo muchos años, repitiendo el error con mis propios hijos. Hoy confiaría más en ellos. Hoy en lugar de decirles adiós con un «Cuídate», lo hago siempre con un «Diviértete».

Recuadro

Se vale temer

De a cuerdo a Cristina Correa, psicoterapeuta sistémica, vivimos en una cultura de invalidación de las emociones, estamos educados (y educamos) en la evasión de la tristeza o el miedo. Cuando vemos en los niños el miedo a algo les decimos ‘tú puedes, ‘no tengas miedo’, cuando lo que debemos hacer es validar su emoción: ‘me doy cuenta que tienes miedo, porque estás aprendiendo a andar en bici’.

Sobre la especialista: Psic. Cristina Correa Campos. Licenciada en psicología y psicoterapeuta sistémica con especialidad en hipnosis.

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