Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La soberbia

raul.lamula.pe

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”

Mateo (5:3)

“Yo puedo ayudarte a que resuelvas todos tus conflictos; puedo ser capaz de ver todo lo que escondes y a lo que le temes; puedo tenerte en mis manos si así lo quiero… Una y otra vez, constantemente y en cualquier lugar era lo que mi ego manifestaba en mis pensamientos por el simple hecho de tener una facultad que todos traemos y que pocos lo sabemos: el trabajar con las energías.

”Desde temprana edad descubrí ese don para poder visualizar y escuchar otros fenómenos, conocer distintos planos que terrenalmente no son perceptibles. Al principio eso me atemorizaba por no saber cómo manejarlos y lo reprimía hasta que hubo un momento en que no pude, y a través de una persona aprendí a desarrollar ese “talento”. Conforme pasaba el tiempo, la habilidad otorgada era cada vez superlativa: era momento de poner en práctica los conocimientos con el resto de las personas. En ese entonces, el objeto principal era ayudar al individuo a equilibrarse y continuara su camino por medio de la sanación espiritual y la búsqueda de uno mismo. Testimonios, llantos, crisis, problemas de toda índole y múltiples situaciones llegaban a mí para encontrar una respuesta. De la mejor manera tomábamos el mejor camino a sus “problemas” y dábamos paso a ese encuentro individual; no obstante, yo sólo era un canal pues parte de la sanación le correspondía a cada uno de ellos. La satisfacción que obtenía no conocía precio económico pese a que por medio de esas sanaciones era como subsistía y únicamente era una cantidad moderada.

”Había momentos en que como toda persona terrenal me enfrentaba a situaciones ajenas o de manera inexplicable y debía superarlas; ¿era éso quizá el resultado a pagar por ayudar a tantas personas? Tampoco me importaba porque mi empuje y esa fuerza que tenía eran dupla suficiente para rebasar todo. ‘Tú les das las herramientas para que obtengan lo que desean, ¿pero tú?; ya va siendo hora de que ellos también te den lo que mereces’. Y así, comencé a dejar que mi ego hiciera lo propio: las citas eran constantes pero esta vez decidía quién podía ser recibido y quién no. Si anteriormente el pago era de manera simbólica o gratuita ahora había un arancel, un costo relativamente elevado, añadiéndole a ello una dosis considerable de arrogancia para quienes tenía enfrente.

”Lo material llegaba a carretadas, parecía que tenía más reconocimiento que anteriormente, de hecho me ocupaba más en pensar cuánto ingreso me dejaba mensualmente la persona que tenía enfrente que todo en equilibrarlo. Muchos dejaron de ir, y otros más llegaban, después de todo había demasiada humanidad con problemas que literalmente dejaban de interesarme como para perder mi tiempo en aquellos que abandonaron su búsqueda por la simple razón de no poder pagar lo que yo merecía.

”Poco a poco mi descanso por las noches era inquietante porque continuamente escuchaba voces y sabía exactamente el mensaje que no necesitaba estar cifrado y sin embargo, sólo hacía caso omiso a ello y continuaba mi sueño. Una mañana, aseándome frente al espejo levanté la mirada… lo que estaba enfrente era nada, ¡sí, nada!; sólo di un paso atrás porque me sorprendí, cerré los ojos, los abrí y ya estaba reflejado. La imagen que tenía ante mis ojos era de otra persona pues mi semblante era distinto como si éste más que con una expresión de reproche era de tristeza para darme cuenta en lo que me había convertido, en un ser despectivo y vil. Salí de inmediato y me puse a meditar. Pasó… no sé, minutos, ¡horas! Cuando me reincorporé, ya el sol estaba casi ocultándose. Para ese momento todo el tiempo que estuve concentrado en buscar respuestas, me di cuenta que jamás pude establecer contacto con quienes anteriormente me guiaban y por medio de ellos es como ayudaba a la gente, y nada más tuve comunicación con ese ego que me venció; flashback tras flashback visualizaba las riquezas efímeras que había conseguido…

”Fue un proceso de mucha reflexión para retomar el camino, además de recurrir a mis anteriores maestros y solicitar su ayuda, al mismo tiempo que dejé de atender a personas y por convicción propia porque no podía amar al resto sin antes no amarme a mí mismo. Afortunadamente fui bendecido con ese don para cumplir una misión en este plano -y que ésta se me encomendó desde antes yo nacer- que ya estaba dando frutos… desafortunadamente hubo una vereda que me desvió sin darme cuenta o no estuve preparado al no saber manejarlo. ¿Por qué? A veces estamos sumidos en otras circunstancias que no vemos a nuestro alrededor y no escuchamos lo que se nos dicta a través de los pensamientos o mensajes que llegan a nosotros de diversas formas y es en ese instante donde nuestra esencia puede tener transformaciones. Es algo que tenía que vivir y que me tocó darme cuenta en el momento necesario; de esa manera lo tomo y lo acepto; además tengo un camino lleno de alternativas que están por venir y seguir transitando en éste pues en este plano debo, digamos cumplir, y así trascender en él y los posteriores si así me corresponde. Hoy, aquí, y ahora sólo debo amarme (1) y amar.

(1) Humildad, del latín Humilitas

Texto: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La pereza

la divina comedia

physicscience.wordpress.com

“(Nemalah) …gran ejército sin fuerza que asegura su comida en el verano”

Prov. 30:25

De día, de noche… con lluvia, con viento, sin ellos… hace calor o hay frío, puede haber neblina, puede también estar presente una atmósfera tibia, nebulosa, sórdida… aromas de cualquier tipo: de esencias, sean éstas de la naturaleza, de fragancias o las propias de uno mismo (sic)… hay ruido, hay silencio… incluso el sonido mismo del silencio: una vibración que se percibe cuando todo permanece en la más absoluta quietud. No importa el día, año, estación, circunstancia, mes, todo es igual. En cualquier momento, esa sensación nos abate y no sabemos cómo manejarla: depresión.

Medicamente, este estado de salud es: acción y efecto de deprimir; decaimiento del ánimo o la voluntad.

En una sociedad que vive vorazmente un ritmo de vida tan agitado, poco a poco va mermando su estado de salud física, mental y espiritual ocasionando que estos tres elementos se desfasen de manera casi inmediata, dando paso a un estado deleznable y con ello la vulnerabilidad a flor de piel. Hoy por hoy, no existe un ser humano que no hubiese caminado por esa transición durante la vida terrenal; después de todo, sentimos y estamos vivos. ¿Qué es lo que nos ocasiona este proceso de tristeza?; el rechazo, la confrontación, eventos ajenos a nuestra persona e innumerables sucesos son sólo algunos indicios. Universalmente, tomaremos como eje principal una búsqueda de la que creemos estamos carentes de ella, en la que consideramos la panacea plena y total a nuestros problemas y que se manifiesta –a nuestro parecer- de muchas formas: la felicidad.

Desánimo y dicha, dos palabras que distan totalmente entre sí y que paralelamente van de la mano en cada uno de nosotros, haciendo de nuestra existencia algunas veces llevadera y otras insoportable, con cargas de veneno emocional que destilamos a cada momento con mecanismos de defensa, y con dosis menores de un sentimiento adherido a nosotros desde nuestra gestación que por voluntad casi inconsciente se va extinguiendo: el amor a un mismo. A partir de… no sabemos cuándo, hemos decidido manejar nuestro paso por este plano de la forma más sencilla y cómoda para conseguir lo anhelado sin importar cómo sino qué hagamos; obteniendo así, realidades vagas que se diluyen sin percatarnos. Esta vez, nada nos detiene.

Los que no logran su determinada meta, son invadidos enteramente por una culpabilidad terrible que los carcome, haciéndolos sentir nada porque valen nada; un porcentaje de ellos se levanta y vuelve a la batalla para posteriormente caer en un punto neutro y darse cuenta que no son “lo suficientemente buenos”. El resto, por temor a un nuevo fracaso, decide tomar un escape falso. Mientras que los triunfadores, una vez encumbrados, pasan por un período de vacío pensando que es todo lo que tenían que dar… “¿y ahora, qué?”

En ambos casos, la situación es similar porque el resultado no es del todo convincente, de tal manera que su plan de vida tampoco es satisfactorio para ellos. Erróneamente, cuando estamos en nuestro presente vivimos el pasado y en este mismo presente, también divagamos en el futuro; aquí y ahora, sólo estamos en materia empero nuestras otras dos esencias se encuentran en otros tiempos.

¿Quién sabe lo que es verdaderamente saborear un latido de nuestro corazón? ¿Quién ha –literalmente- escuchado a sus cinco sentidos, es más, aunque podamos carecer de uno de ellos? ¿Cuántos más se han atestado de esa paz y tranquilidad cuando se está en casa tras una larga y pesada jornada de actividades?… ¿Y dónde está la felicidad?

En este parnaso existencial, hay una urdimbre de masas que vive –a su modo- lo que les tocó vivir; poderosos, miserables, eruditos, ignorantes, adultos, menores, acaudalados, pobres, todos por igual, con una necesidad plena de amar y sentirse amados, que al final del día postrados frente al espejo y mirándose tal cual, no importa el arancel con el que nos hemos etiquetado para sobresalir ante la sociedad. ¿Será posible que nosotros mismos analicemos humildemente qué hemos hecho y adónde hemos llegado?; para que de esta manera (-aceptémoslo-), reconozcamos nuestras acciones y tomemos decisiones; asimismo, tener la convicción (1) y vencer los infundados y rancios miedos programados, pudiendo emerger de nuestra propia naturaleza.

Diligencia; del latín: diligentia.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados, sie7e virtudes. La envidia

edant.clarin.com

“Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia”

(Job. 5:2)

“’‘…Porque tú eres mi reflejo y yo tengo nada, te acabaré. No me importa lo que he hecho con tal de ser Tú’. Qué duro, ¿no?; es para que te des una idea de la persona con la que estaba literalmente durmiendo…”

”Fue en una reunión donde me presentaron a este chavo y se unió al grupo; de actitud amable y educada, fueron puntos para echarse al bolsillo a cualquiera. En menos de dos horas ya tenía una biografía de su vida: con altibajos, logros y “muchas satisfacciones” como él me decía. El rompecabezas comenzaba a tomar forma y en poco tiempo, como buen anfitrión porque él venía del Distrito… le ofrecí un espacio en mi casa.

”Hmmm, en cuanto a esa decisión de compartir el mismo techo fue por la madurez que reflejaba sobre todo porque yo no sé estar solo, no me gusta estar solo. En menos de una semana, ya conocía a mi círculo de amigos, amigas, entorno del trabajo; ‘¿En dónde vive tu amiga?; quiero ir a visitarla’; esa pregunta fue tajante tras salir de una reunión donde esta chica fue mi ex novia y estuvieron la mayor tiempo conversando. No le tomé importancia a sus insistencias y lo llevé; prácticamente quedé ignorado esa tarde pues su actitud fue como de rechazo y me hacía sentir un estorbo mientras que la ex seguía fascinada con el nuevo integrante del grupo… ‘Vas a tener que decirme cómo la conquistaste; me gusta y mucho’, mientras que tomaba de mi clóset mis pantalones, mi camisa y mi cinturón. Yo sólo hice una expresión con la mirada que él me respondió que los tomaba prestados y salía del cuarto, no sin antes volverme a recordar los tips para su enamoramiento con su presa.

”Para ese entonces, yo había tomado un segundo empleo por lo que sólo nos veíamos en las noches y en ocasiones organizaba salidas o reuniones en mi casa con mis amigos sin ni siquiera avisarme. Mis conocidos estaban literalmente identificados con mi otro “yo”, pues así me lo hacían sentir, y yo, sin darme cuenta… Una tarde llegué a casa y lo encontré en el piso con la cabeza agachada y llorando; estaba decidido a pedirle que se fuera de mi casa porque no aportaba dinero ni ayudaba en los quehaceres, sólo que su actitud me sacó de onda al decirme que pasaba por una fuerte depresión. Muy poco hablaba de su familia y su pasado, el lado negro pues. Sólo sabía que en México vivía con su mamá, su agudo gusto por escuchar música de ópera, y que años atrás había tenido un accidente muy feo; eso era todo.

”Su táctica le funcionó pues de nuevo buscó un acercamiento para conmigo. Lo que detrás se estaba cocinando era que un fuerte conflicto con la novia salía a relucir que ellos habían terminado mal, ya que éste acusó a la chava de haberle robado dinero y tomado una tarjeta de crédito. Al enterarme de esto por una tercera persona, me dio mucho coraje y fui a buscarlo a su trabajo pero al llegar me dijeron que acababa de renunciar e inmediatamente me fui a mi casa… ¡Menuda sorpresa me llevé!; mi “sombra” se estaba bañando y había una maleta mientras que mis cajones estaban revueltos. Sobre la cama había un sobre que tenía documentos míos… ‘¡Qué estás haciendo, cabrón!’; y me tomó del cuello. Vaya que los dos salimos madreados. Tuve que mudarme, cambiar mi número de teléfono por sus constantes amenazas…

”El proceso de asimilación comenzaba; pese a que paulatinamente su presencia fue nula, seguía con ese temor, coraje y duda del porqué me había topado con alguien de esa forma. Una y otra vez con la cabeza en la almohada analizaba su conducta para irme dando cuenta de sus carencias afectivas, una disociación o trastorno de su personalidad. Era como una persona que tiene un aura gris, una sombra que no tiene un plano físico y sólo es eso, una negra mancha que busca a un ser en donde le sea posible meterse. Así como su talento para desarrollar ideas o resolver problemas matemáticos era infinito, así era su mirada pues se quedaba perdido por largo tiempo parado en la ventana en las noches… Siento… no lástima sino compasión (1) por la situación por la que atraviesa y en este momento no sé qué fue de él. Si llegó a mi vida es por algo; que debo de encontrar en mí ya que como él me dijo que yo era su reflejo, quizá él es también mi espejo del cual no quiero darme cuenta de lo que tengo enfrente y sigo adelante como si nada pasara.

(1) del latín: Humanitas.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados capitales. Sie7e virtudes. Lujuria

wikimedia.org

“¿No sabéis que vuestro cuerpo es un templo sagrado que habéis recibido…?”

(1 Co. 6,19)

Los seres humanos, hemos sido dotados de grandes virtudes espirituales, físicas, intelectuales… bendecidos con riquezas y abundancias de cualquier índole que nos pueden hacer sentirnos plenos y satisfechos; sólo que sucede algo, una situación que no cuadra perfectamente porque dicha humanidad en su totalidad, no puede descubrir esa potencialidad ni mucho menos saber cómo desarrollarla. Desde un determinado punto de vista, esto puede acarrear consecuencias: agudas, medianas o graves; todo depende de cómo uno se proyecte.

Desde los inicios del hombre, existe la imperiosa necesidad de comunicarse entre sí, de cualquier forma, de cualquier medio, ¡como sea!, pero expresar lo que uno quiere, lo que uno desea, lo que se anhela, por medio de humo, de señales, por un teléfono celular, vía satélite, a través de un papel, valiéndose de las letras, cartas… cualquier forma que hasta el día de hoy pueda ser entendida por la otra persona.

“Necesito ser escuchado”… ¡sí!… necesitamos ser escuchados, que entiendan lo que nos está sucediendo porque solos no podemos y pedimos un apoyo. No es necesario contar con un título académico, ser un personaje poderoso, un líder espiritual o tener cualquier tilde antepuesto a nuestro nombre para saber escuchar; con tan sólo tener una disposición y poner atención, observar, dirigir nuestra mirada directamente a los ojos del interlocutor, mirar sus expresiones, sus manos… es más que suficiente para así captar una mejor esencia.

Sucede a veces, que no siempre se puede emitir juicio, expresión o idea alguna en relación con lo que se nos esté manifestando, sólo basta con guardar silencio… en ese instante, pueden surgir las palabras correctas para dar un consuelo o una respuesta a lo que la persona busca. Si nada –literalmente- sale, está bien, nada pasa; habrá otro momento preciso para expresar lo propio.

Una persona, compartió parte de su vida de la cual, ha cambiado radicalmente; una charla de poco más de dos horas en un espacio abierto y rodeado de prácticamente mucha espiritualidad. Más que un diálogo, fue un monólogo plagado de llantos, suspiros, querellas, reproches, de frases como: “…si yo hubiera”, esbozos de resignaciones y otros de ironías… decretos y determinaciones, apretones de puños y de dientes; también, de abrazos y sobre todo, de “¡Te quiero!”…

Es en ese instante donde uno comienza a escucharse así mismo:

“…Hace unos días, el 9 de septiembre, me entregaron estos resultados… era algo que tenía que hacerlo… ¿Recuerdas que te dije que ya desde hace meses había decidido a cambiar en muchos aspectos?; de mi vida personal, hábitos alimenticios, hacer deporte… sólo me faltaba hacerme ésto, y lo hice por él. Me confirmaron tres veces, y en todas sale el mismo resultado: seropositivo…

”Estoy de acuerdo que esto es consecuencia de muchas cosas que vine haciendo atrás pero en otras ocasiones, ya me había hecho la prueba y salía negativo. Esta vez… ¡Carajo! Lo peor es que este güey se sabía enfermo y no le importó; fue la última persona con la que tuve contacto sexual, previo con la persona que acabo de cortar, y me dijo que no me protegiera…

”¿Que qué fue lo que pasó por mi mente?… …pasan tantas cosas… que te dejas llevar por… en momentos en el que los conocimientos no son efectivos… te vuelves primitivo en ese instante.

”Lo que he tenido que pasar –y es el comienzo- en el IMSS para que me atiendan porque donde me hicieron la prueba, no me van a brindar la ayuda porque tengo seguridad social y tengo que ir a mí clínica. Malditas asistentes, yo solicitándoles ayuda para los trámites, y éstas se largan a desayunar… no te imaginas lo difícil que es llenar cuestionarios donde te preguntan de todo: cómo lo haces, cuántas veces, con qué frecuencia, es tan… tan… ¡vergonzoso!, ¡una invasión a tu intimidad! Todavía falta que me hagan un western blood, pero que debe ser en el Seguro… y de aquí a que hago los trámites, va a ser como mínimo, ¡un mes! En la otra institución, ellos me lo podían practicar pero argumentaban que no podían porque soy derechohabiente del Seguro… y podían tener problemas. Ahora me he dado cuenta que a nadie le importa mi salud, a los demás les vale… ¡Tengo que pelear a partir de hoy si es necesario, para exigir la atención adecuada para mi salud!

”…Como este pendejo que me contagió; tuvo que ser él, porque anteriormente me había realizado las pruebas… siempre salía negativo. Empecé con él y dos veces no me protegí -de mayo a julio aproximadamente-… apenas que lo encontré en el antro, le comenté que se hiciera la prueba; ¿sabes qué hizo?, sólo se sonrió y nada contestó. Una vez me comentó cuando andábamos, que su ex pareja le confesó que su también ex pareja resultó seropositivo… una cadena…

”Sólo lo saben contadas personas; en cuanto a mi familia, no se los voy a decir, porque en lugar de tener un apoyo, me van a hostigar; va a ser muy difícil para ellos asimilarlo, no lo entenderían por sus costumbres, porque simplemente un hijo es quien debe enterrar a sus padres, no un padre a su hijo…

”Ese es mi temor, ¿sabes?, eso es lo que más me puede, el que ellos me entierren…

”¡Qué ironías!, la semana pasada que fui a un funeral, en el sepelio pasaron muchas cosas por mi cabeza cuando íbamos rumbo al panteón, entre ellas, quería llorar y llorar pero no pude; la persona que se fue tan joven, tan bondadoso… yo me vi allí sobre todo porque esta persona que se marchó, casi puedo tener la certeza que falleció a consecuencia de… tú sabes…

”Antes de estar platicando contigo, acabo de estar con él (actual ex pareja) y estábamos en un parque, y bueno, en realidad su enojo no fue precisamente que el sábado pasado me hubiera salido a bailar y él no haya ido, sino porque la situación que estábamos atravesando: no hay lana, él preocupado por ¡si pudo estar infectado!– ¡y mira que doy gracias a Dios que salió negativo!, y de hecho, las veces que estuve con él me protegí doble. El es tan… tiene un futuro por delante, se dijo y me dijo orgullosamente que es un triunfador; ¿qué le puedo ofrecer? Si él está en su licenciatura y yo sólo, siendo un obrero… ¿Sabes?, a pesar que la diferencia de edades no es mucha, cada vez que estaba con él, tenía una manera muy particular de tocarme, de mirarme… una mirada tan limpia, tan pura (1)… con esa inocencia que todos tenemos pero que hemos ido perdiendo… Yo veo mucho de él en mí cuando tenía su edad. ¡No quiero ser un obstáculo para su futuro!…

”Yo fui quien decidió romper la relación argumentándole que mejor quedáramos como amigos, no quiero ser una carga para él, es muy difícil convivir con una persona enferma –yo apenas estoy comenzando- y más en etapa terminal… (*)

”Lo viví muy de cerca cuando unas de mis parejas hace unos años… tan dura era la situación que ya ni siquiera podía probar bocado porque de inmediato se levantaba a vomitar lo que había ingerido… Recuerdo que cuando se fue a México, al poco tiempo tenía una llamada perdida de él, y por circunstancias no pude contestarle. No fue sino hasta después de dos días que vuelvo a recibir un recado de su hermana pidiéndome que me comunicara urgentemente; yo estaba asustado, pensaba todo menos eso. Al marcar, me contestó su hermana… ya había fallecido… Antes de que se marchará a México, le dije que no me importaba su estado de salud y que quería contagiarme (¡!)… esa noche que pasamos juntos, me tocó de una manera, siempre haciendo lo necesario por cuidarme y estar al pendiente de mí… ¡Y no pude responder su mensaje!

(*) ”Reconozco, que a pesar de eso, tenía esperanzas en que él me dijera que no le importaba –quizá como alguna vez yo lo hice-, pero que lo hiciera de una forma madura sin temores, que yo sintiera un apoyo de él hacia mí, no viceversa… y lo sigo esperando…”

Septiembre 28, 2009.

(1) Castitas, del latín: Castidad.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados capitales. Sie7e virtudes. La gula

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“Y pon cuchillo a tu garganta si tienes gran apetito”. (Pr. 23,2)

¿Hasta dónde podemos ser capaces de tener un autocontrol?; ¿estamos seguros de ese dominio en nosotros mismos? Esta dupla de interrogantes nos las hemos planteado o nos las han hecho en diversas ocasiones ¿Qué es lo que respondemos?; si argüimos dichas preguntas, éstas tendrían una decena de réplicas.

“Estaba haciendo cuentas de cuándo fue: 1998, la etapa digamos más crítica de mi estado físico y emocional; sin rodear mucho el asunto, pesaba en ese entonces 48 kilos, siendo que mi estatura es de 1.72 (metros). Bastaron diez meses para perder poco más de 15 kilos; un par de años atrás, me había librado al menos de 8 de los setenta y tantos que tenía. El motivo que me instó fue -después de analizarlo y que a pesar de estar consciente de cuál era, sólo que estaba bloqueado y no lo aceptaba- por una persona a la cual conocía desde la primaria y que una década después volví a encontrar. Antes de topármelo de nuevo, yo me sentía bien aunque estuviera obeso y sobre todo que no era objeto de críticas.

”El detonante, reitero, fue cuando aparece este chico y desencadenó una serie de conflictos que no supe cómo manejarlos, pues sólo sentía esa atracción hacia él y buscaba la manera a toda costa de volver a tener un acercamiento… y así sucedió, sólo medía la cantidad de comida y poco a poco la ropa era más holgada. Llegó el fin de cursos y tenía menos peso mas no a la persona que anhelaba. Pasó aproximadamente un año y ya estaba en ese entonces trabajando. En ese lugar, todos éramos prácticamente de la misma edad, jóvenes, con ganas de divertirnos y sueños; el mío era ascender de puesto y tener dinero para salir cada fin de semana a divertirme. Todo marchaba bien sólo que existía algo que me tenía incompleto, buscaba algo que no encontraba y era precisamente una compañía; eran demasiados mis temores como para abrirme y aceptar mi orientaron tal cual. ¡Claro!, en mi trabajo mis compañeros notaban mi preferencia y de alguna manera me lo insinuaban y otros nada más observaban… pero nadie decía nada.

”La bomba estalló: viendo una película, me di cuenta que los personajes especialmente las mujeres, eran de cuerpos muy finos, que todo se regía bajo un estándar, la delgadez; ‘¡Yo quiero estar así!’; pensaba y planeaba la forma cómo lograrlo. Ayunos, mal pasadas, comidas saltadas; omitía las cenas, bajaba de peso, más ayunos, cero comidas, bajaba de peso; tomaba sólo líquidos, cero alimentos, bajaba de peso… y de repente… ¡era otro! ‘¡Wow, estás delgadísimo!’ ‘¡Qué bien luces!’ ‘Conseguiste lo que querías’. ¿Sabes algo?, logré mi sueño, supe despreciarme a mí mismo porque no estaba satisfecho, estaba literalmente vacío y solo… era como la nada, cero grasa, cero amigos cero compañías… y especialmente, ¡vacío, vacío, vacío! …Lo afectivo, no se asomaba por alguna parte.

”Como castigo, ¡¡¡tenía que bajar más!!! ‘¡Cuarenta kilos!’, era la meta; ¡a rajatabla! Aún no me explico cómo la cañería del excusado jamás se tapó por infinidad de veces que me vomitaba y no por lo que ingería sino por los ácidos que se hacen literalmente piedra junto con lo que “sacas”. Para ese momento, no había en mi mente desde que despertaba, esa, esa, vocecita por así decirlo –aunque en verdad no hay voz alguna porque eres tú mismo quien lo determina-, que me mantenía vigilado para no comer. Sólo me permitía probar un pan dulce y un café; el resto del día lo compensaba con litros y litros de agua. Los días de mis descansos eran terribles para mí y a la vez placenteros porque me autorizaba comer lo que deseara, puras porquerías, y me flagelaba una vez que terminaba y vomitaba. A diario, me veía frente al espejo y me contaba las vértebras de la columna; con orgullo y con rechazo tocaba mis brazos jalando lo único que me quedaba, los pellejos. ¡Ironías!, me ponía de perfil y me encorvaba a más no poder para “sacar” el vientre y darme cuenta que era un gordo asqueroso.

”Personas especializadas en el tema, cuentan que los pacientes se ven gordos frente al espejo e incluso hacen la representación del individuo extremadamente delgado mirándose, y lo que tienen enfrente es a una persona con kilos de más. Eso no es cierto, todo el tiempo me veía delgado, siempre; el espejo me mostraba tal cual, sólo que no lo aceptaba. Allí no había nadie más que el espejo y yo; no había lugar para algo más, es decir, alucinaciones de una persona gorda.

”Dentro de todo este torbellino negro, siempre está una luz que no se percibe de momento, y esa luz la puedes llamar, una fuerza, un ser, un algo que está dentro de ti y que es el guerrero para ayudarte a salir adelante pero que está atrapado por una mente obsesionada en una imagen. ¡Ahhh!… por fortuna, jamás fui hospitalizado, nunca tuve un desmayo, no recurrí a laxantes salvo esas crisis de ansiedad. Todo mundo murmuraba: ‘El anoréxico’; ‘…¡ay, mira!, un hombre con anorexia’. ‘Dicen que tiene Sida…’ Anoréxico y homosexual… el dúo perfecto; un par de estúpidos estereotipos sumados a mi condición. Después de todo, a mí simplemente me importaba un sorbete pues era feliz a mi modo. Mis padres, claro que estaban preocupados especialmente mi mamá, aunque no entendían el porqué pero sabían que algo andaba mal.

”Algo que sí fue digamos lo más grave, es que una vez mi papá me llevó con una persona para que me pusieran un suero y me enteré hasta ese momento que llegamos al lugar; mi reacción fue muy violenta sobre todo porque jamás le había alzado la voz a él, y después de renegar y mirarlo de una forma muy fea, me bajé del coche y azoté la puerta. Nunca volvió a intervenir. Esa fuerza en mí, luchaba y no se daba por vencida para hacerme ver de una forma u otra que estaba equivocado y puso a una persona en mi camino para que me ayudara. En ese entonces, ya no estaba trabajando pues el ascenso no se concretó, y desilusionado renuncié, ocasionando una depresión más fuerte porque estaba tooodo el día en casa.

”Una persona que trabaja con energías y por medio de limpias, ‘sanó’ la situación diciendo que era una especie de espíritu que no me correspondía y estaba ocasionando dicho problema. Hasta ese momento fue lo más acertado, pero en realidad, no había dicho ente, porque era yo y nadie más, quien me mantenía en ese estado. Comencé a tomar conciencia de que con ese peso nadie me iba contratar y tenía que aumentar mi masa corporal. Ahora la cuenta iba en ascenso: uno, tres, cinco, siete kilos arriba. Atrás quedaban ese ‘viejo amor platónico’, esas escuálidas imágenes de actrices de cine, esos tontos sueños de ser modelo; incluso volví a sentir esa necesidad física de masturbarme pues en la etapa crítica había perdido hasta ese sentido porque nada me excitaba, por tanto, tampoco figuraba un interés en un hombre. Debo decirte que en ese entonces a mis 20 años ni siquiera había experimentado una relación sexual. Mi único apetito era el de no comer; hambre de una delgadez. ¡Hambre-hambre-hambre! Morirme de hambre.

”Conforme pasaron los años, mantenía un determinado peso y ya no tuve esa necesidad de buscar la báscula que era como mi escapulario; seguí mi vida normal. Trababa dentro de lo posible, conservarme en ese peso; y eso sí, siempre estaba al pendiente de programas o reportajes que hablaran del tema. Todo indicaba que lo había controlado (1). Hasta la fecha, ya subí ocho kilos más y me siento muy satisfecho pues a lo largo de estos años, de muchas formas han llegado a mis manos testimonios o cosas que he ido aprendiendo sobre la anorexia que me han ayudado a valorarme como persona y aceptarme tal cual. Ahora sé que no sólo somos una imagen física, somos además una imagen espiritual, seres que podemos darnos amor a nosotros mismos y al resto de las personas. Somos juez y víctima de nosotros mismos, donde automáticamente nos castigamos, nos humillamos, nos sentimos devastados si no sufrimos… viviendo siempre con una venda utópica en nuestros ojos por cada acto que cometemos ya sea bueno o malo, y que no nos permitimos mirar más allá. Aprendí y lo sigo poniendo en práctica, que el sufrimiento nos estorba.

”Me siento afortunado por haber sacado dentro mí esa valentía y coraje para superar esa etapa; por otro, siento tristeza y al mismo tiempo comprensión por quienes sufren este padecimiento y no pueden salir de él. En la mayoría de los casos me he tenido que quedar callado porque no entienden de razones, además que su proceso está mucho más avanzado de lo que fue el mío y la ayuda que requieren es profesional. Lo único que me resta es desear de la mejor manera que esas personas cuenten con la fortaleza suficiente para darse cuenta que no están solas y que basta con que digan: ‘Necesito ayuda’, para que comiencen su recuperación. La ayuda está presente, créeme; en todo momento, sólo deben pedirla y el resto… será más fácil”.

“El tiempo ha pasado y pude lograrlo; sin embargo, tenía miedo de que pudiese despertar nuevamente y me atrapara una vez más…”

Anónimo.

Enero, 2010.

(1) Temperantia, del latín: Gula.

Por: Julián Malagón Ramírez


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