Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La avaricia

“¿Cómo pudo hallar en tu seno lugar la avaricia, en medio de tan buen sentido del que por tus estudios y cuidados estuviste lleno?”

Canto XVII (El Purgatorio)

La Divina Comedia de Dante Alighieri

Dicen que la ambición rompe el saco… acaba con las mejores intenciones, los planes, los buenos propósitos, zanja los valores, aniquila todo lo que tenga que ver en conjunto y obtener un bien. Ambición de dinero, sed de poder, hambre de poseer más, todo lo que sea posible y necesario, tangible o no tangible… no hay fondo suficiente para comenzar a llenar el abismo emocional.

“Sus reuniones siempre eran muy comentadas dentro del grupo porque ¡todos! querían asistir; no había requisito alguno, cualquiera podía tener acceso a ese parnaso. El trato de los organizadores era cordial para con el resto, te recibían en la puerta y nada más; a veces cruzabas palabra con ellos y otras no. Llegué a ese lugar por un amigo que no obstante de sentirme indeciso en ir, le acompañé; después de todo, tenía que ampliar mi círculo social y esa vez era la fecha perfecta. La reunión transcurría entre copas y carne asada, y para más tarde algunas dinámicas para hacer amena la noche; en esa ocasión sólo estaban dos mujeres pero ellas se retiraron, no recuerdo en qué momento, y después sólo quedamos varones. Sin darme cuenta ya todos nos encontrábamos en el interior de la casa y el jardín se quedó vacío.

”…´Aquí les dejo ésto para que se entretengan´, nos dijo el anfitrión dejándonos a casi todo el grupo en la sala y él se subía a las recámaras. Algunos vieron la película otros no. Era todo tan raro, que sabíamos cuál era el fin de la reunión pero nadie hacía nada; lo curioso es que los anfitriones jamás se insinuaban y sin embargo, sólo ese… digamos placer mórbido, es lo que nos detenía a quedarnos en el lugar. A excepción de algunos, se encaminaron a las habitaciones, pero ellos, no bajaron en toda la noche y los que permanecimos abajo, nos acomodamos en la sala y dormirnos pues todos nos sentíamos muy relajados con el aroma de las velas color escarlata. Después de un tiempo, me di cuenta que ese bienestar que nos invadía era gracias a la esencia desprendida…

”Las reuniones continuaron y era la misma dinámica, yo tenía muchas dudas pero hubiera sido muy tonto que preguntara a mi amigo pues lo que se presentaba en el lugar era más que evidente, y preferí no opinar. Ahora lo que me atraía era precisamente eso, saber lo desconocido, qué podía pasar. Llegó un día que me mandaron un mensaje al celular para invitarme a una reunión en su casa, curiosamente esa vez no convocaron por correo como solían hacerlo sino que fue más selectiva la onda. ´Pasaste la prueba´, me dijo mi amigo pero sin aún entender.

”La temática era totalmente distinta porque al llegar todos estaban en ropa interior… ´¡Ah, cabrón!´, pensé y de inmediato sentí la adrenalina en mi abdomen…. respiré profundo, mi amigo lo notó y con un gesto me indicó que todo estaba bien. En esa reunión nada más unos cuantos estaban presentes; a excepción de estar en poca ropa, todo era igual: charla, alcohol, música y botanas. Fueron muchos detalles, por ejemplo, apenas y una docena de personas que estábamos ahí, todos eran de un estilo característico; como que un perfil muy seleccionado y yo no encajaba del todo pero estaba ahí. La primera vez, no me quité la ropa y ellos no tuvieron reparo alguno sino que hasta después en confianza llegué a hacerlo pero en otras reuniones. Jamás supe a ciencia cierta si ambos eran pareja o qué onda pues en ocasiones se aparecían dos chicas, las mismas de siempre, así como su conducta era extraña porque su trato hacia mí siempre fue distante pero había algo que les hacía invitarme.

”…¿Por qué estaba yo ahí?, ¿para qué? Su apetito sexual no se inhibía en esas privadas fiestas, después de unos tragos ya era muy normal, todo parecía normal entre ellos; era una desesperación por querer poseer: uno, dos, tres, los que fueran necesarios, se les notaba en el rostro. En un estudio tenían casi dos paredes repletas de fotografías; imágenes de chicos, de perfiles, de manos, de pies, ¡no te imaginas cuántas! Sobresalían tres pics dentro de los cientos de ellas: sendas imágenes en close up de miradas; éstas reflejaban angustia, una desesperación enardecida por querer hablar empero sabían que permanecerían en silencio toda su vida, como él, cuando le pregunté de esa tercia que había captado. Nada más me observó detenidamente sin emitir gesto alguno pero nunca respondió. De hecho, a ese cuarto sólo tres personas según sé, tuvimos acceso ya que era algo que con nadie compartía y gracias a una de esas contadas charlas que tuvimos salió el tema de querer retratar o tener lo que de alguna manera no es posible; ´¡…quieres ver que sí se puede!´, de esa manera me refutó pues era un punto bastante complicado por la frialdad en como él lo manejó.

”Retomando, tanto en las fiestas privadas como en las que hacían para la mayoría, ambos tomaban fotografías a más no poder; su conducta era tan paralela que podías aseverar que eran una misma persona omnipresente, todo tan sincronizado. Una vez, tuve un encuentro con una alguien que también fue invitado a la reunión, y en ese cuarto que estuvimos había un baúl muy Sui géneris que a todos invitaba que lo descubrieran… y vaya que no termino aún de sorprenderme: en su interior estaban de una manera tan meticulosa, acomodados una cantidad bárbara de calzones, trusas, boxers, bikinis, suspensorios… todos y cada uno de ellos cuidadosamente doblados dentro de una bolsa sellada. Por fuera estaba pegada una etiqueta inscrita con el nombre de la persona y detallaba una especie de… de… poema, relato… algo muy bizarro porque hablaba de su o sus frustraciones, de no poder tener algo que eternizaran y al mismo tiempo mostraban su repudio y hacían ver que su ímpetu en tener algo junto a ellos se manifestaría de alguna forma.

”Sus ambiciones tan lascivas por querer acostarse con cuantos pudiesen, por captarlos en imágenes y por conservar literalmente las esencias de otras personas pues no es otra cosa del porqué mantenían atiborrado ese baúl lleno de calzones, no tenían alcances; vamos, todos fantaseamos o contamos con ciertos fetiches pero si hubieras visto el semblante que puso cuando me vio merodeando entre su cosas; sólo ahí es donde percibes ese vacío, esas represiones… Y sólo ahí es donde entendí que todo tiene un límite (1), una línea tan delgada que hemos rebasado sin medir consecuencias; puede ser que también formaba parte de esos objetos y de igual manera estaba metido no en un baúl, sino en un pozo que cada vez era más hondo. Aquí daba lo mismo si te hablaba de cuál de los dos me descubrió ya que como anteriormente te dije, eran exactamente iguales. Ironías, así como la primera vez me recibieron amablemente, literalmente así me despidieron… ´Que te vaya muy bien´.

”Quién lo iba a decir, que un simple… y un simple… es más ni eso supe; incluso la mayoría de los presentes no estábamos enterados a qué se dedicaban; sus vidas eran tan enigmáticas. Hace poco me encontré a mi amigo, el “causante” de llevarme a esa parte ensombrecida que todos tenemos pues sabía lo que hacía y el porqué me llevaba; y hasta el último momento jamás me cuestionó pues él siguió yendo a esa reuniones. Poco le duró el gusto porque estos chavos pasaron por una mala experiencia y llegó el momento de separarse; personas más cercanas a estas almas gemelas le contaban a mi amigo que llegaron incluso a los golpes y dañarse severamente con tal de quedarse cada uno por su lado con sus preciadas posesiones…

”Así como mi amigo, como los amigos cercanos y como yo, o incluso tú, no sabemos el paradero de esos objetos; aunque ellos hoy en día muy rara vez salen por separado y si coinciden con algún conocido, su silencio en cuanto a esas excesivas fiestas en aquellos años, ha sido determinante para cerrar ese círculo… todo estaba terminado”.

(1) Caritas, del latín Caridad

Texto: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La pereza

la divina comedia

physicscience.wordpress.com

“(Nemalah) …gran ejército sin fuerza que asegura su comida en el verano”

Prov. 30:25

De día, de noche… con lluvia, con viento, sin ellos… hace calor o hay frío, puede haber neblina, puede también estar presente una atmósfera tibia, nebulosa, sórdida… aromas de cualquier tipo: de esencias, sean éstas de la naturaleza, de fragancias o las propias de uno mismo (sic)… hay ruido, hay silencio… incluso el sonido mismo del silencio: una vibración que se percibe cuando todo permanece en la más absoluta quietud. No importa el día, año, estación, circunstancia, mes, todo es igual. En cualquier momento, esa sensación nos abate y no sabemos cómo manejarla: depresión.

Medicamente, este estado de salud es: acción y efecto de deprimir; decaimiento del ánimo o la voluntad.

En una sociedad que vive vorazmente un ritmo de vida tan agitado, poco a poco va mermando su estado de salud física, mental y espiritual ocasionando que estos tres elementos se desfasen de manera casi inmediata, dando paso a un estado deleznable y con ello la vulnerabilidad a flor de piel. Hoy por hoy, no existe un ser humano que no hubiese caminado por esa transición durante la vida terrenal; después de todo, sentimos y estamos vivos. ¿Qué es lo que nos ocasiona este proceso de tristeza?; el rechazo, la confrontación, eventos ajenos a nuestra persona e innumerables sucesos son sólo algunos indicios. Universalmente, tomaremos como eje principal una búsqueda de la que creemos estamos carentes de ella, en la que consideramos la panacea plena y total a nuestros problemas y que se manifiesta –a nuestro parecer- de muchas formas: la felicidad.

Desánimo y dicha, dos palabras que distan totalmente entre sí y que paralelamente van de la mano en cada uno de nosotros, haciendo de nuestra existencia algunas veces llevadera y otras insoportable, con cargas de veneno emocional que destilamos a cada momento con mecanismos de defensa, y con dosis menores de un sentimiento adherido a nosotros desde nuestra gestación que por voluntad casi inconsciente se va extinguiendo: el amor a un mismo. A partir de… no sabemos cuándo, hemos decidido manejar nuestro paso por este plano de la forma más sencilla y cómoda para conseguir lo anhelado sin importar cómo sino qué hagamos; obteniendo así, realidades vagas que se diluyen sin percatarnos. Esta vez, nada nos detiene.

Los que no logran su determinada meta, son invadidos enteramente por una culpabilidad terrible que los carcome, haciéndolos sentir nada porque valen nada; un porcentaje de ellos se levanta y vuelve a la batalla para posteriormente caer en un punto neutro y darse cuenta que no son “lo suficientemente buenos”. El resto, por temor a un nuevo fracaso, decide tomar un escape falso. Mientras que los triunfadores, una vez encumbrados, pasan por un período de vacío pensando que es todo lo que tenían que dar… “¿y ahora, qué?”

En ambos casos, la situación es similar porque el resultado no es del todo convincente, de tal manera que su plan de vida tampoco es satisfactorio para ellos. Erróneamente, cuando estamos en nuestro presente vivimos el pasado y en este mismo presente, también divagamos en el futuro; aquí y ahora, sólo estamos en materia empero nuestras otras dos esencias se encuentran en otros tiempos.

¿Quién sabe lo que es verdaderamente saborear un latido de nuestro corazón? ¿Quién ha –literalmente- escuchado a sus cinco sentidos, es más, aunque podamos carecer de uno de ellos? ¿Cuántos más se han atestado de esa paz y tranquilidad cuando se está en casa tras una larga y pesada jornada de actividades?… ¿Y dónde está la felicidad?

En este parnaso existencial, hay una urdimbre de masas que vive –a su modo- lo que les tocó vivir; poderosos, miserables, eruditos, ignorantes, adultos, menores, acaudalados, pobres, todos por igual, con una necesidad plena de amar y sentirse amados, que al final del día postrados frente al espejo y mirándose tal cual, no importa el arancel con el que nos hemos etiquetado para sobresalir ante la sociedad. ¿Será posible que nosotros mismos analicemos humildemente qué hemos hecho y adónde hemos llegado?; para que de esta manera (-aceptémoslo-), reconozcamos nuestras acciones y tomemos decisiones; asimismo, tener la convicción (1) y vencer los infundados y rancios miedos programados, pudiendo emerger de nuestra propia naturaleza.

Diligencia; del latín: diligentia.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La ira

La ira

ssajer.wordpress.com

“…cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes, y no obrarás mal…”

(Salmo. 37:8)

De manera intrínseca, el hombre actúa en gran parte de su vida; a placer lleva a cabo varias actividades. ¿Qué sucede si éstas son con fines negativos? Si de manera directa o indirecta sus acciones son nocivas para sí mismo o en terceras personas, ¿a quién le corresponde frenarlos?

“¿Te ha tocado escuchar ese sonidito vibratorio que se produce cuando el afilador está duro y dale con los cuchillos? …Una y otra vez esa misma sensación tenía cada noche al estar en la cama y lo escuchaba cuando llegaba: podía ser ebrio, drogado, molesto… cualquier estado emocional que tuviera en ese momento era suficiente para–

”Al fin y al cabo somos seres humanos y nos dejamos arrastrar por las emociones, y cuando nos perdemos ni cuenta nos damos que rebasamos la línea de la razón. Haber convivido con él me hizo darme cuenta tiempo después que es aquí, en éste plano, donde existe el mal; no allá abajo, sino aquí, el bien y el mal. Esas angustias tremendas que le ocupaban, sus miedos, lo llevaban a cometer los actos más estúpidos que una persona en sus cabales pudiera realizar. Para que en su entorno existiera bondad, debía primeramente de sacar a flote la maldad, ésta pues es la que alimentaba a la primera… en términos más técnicos es una polaridad que suena ambigua pero que tiene mucho de cierto.

”Tan cierto como aquella reunión donde estábamos con un par de amigos y él llegó a alcanzarme en el lugar; los primeros 45 minutos transcurrieron de la mejor manera y durante ese lapso entró al baño poco más de seis veces. ‘¡Párate y vámonos!’; en ese momento no era él a quien vi en sus ojos sino a Amon(sic), y también creí que eran mis últimos minutos de vida… El lugar de la reunión estaba como en un bosque y el camino ya era oscuro; sólo se detuvo, no sé en qué momento me bajó del auto, me golpeó de tal manera que los moretones no se veían. Simplemente me solté y no supe más; desconozco cuántos minutos pasaron que comencé a tener conciencia de lo que pasaba a mi alrededor cuando se rompió algo, algo que no identificaba.

”Unas manos teñidas en sangre me tomaron del cuello y escuchaba susurros; dos días después estaba en una clínica rodeada de gente vestida en tonos blancos que en mi vida había visto; cerré los ojos y posteriormente volví a abrirlos para ver a mis padres y mis hermanos a mi lado; una criatura que venía en camino, su vida había sido interrumpida.

”Esa misma interrupción fue la que tuve en mi vida a través de este tipo durante cinco años que permanecimos juntos; temporadas placenteras, vientos alisios, y ecos de llanto e impotencia. Un lapso en que mis segundos de vida literalmente se paralizaron y estuve estancada. ¡En qué momento, carajo, en qué momento te pierdes y no te das cuenta! Estás pendido de un hilo, atrapado en una vorágine en la que sabes que la muerte está a tu lado y este ‘demonio’ del otro, pero nada haces por apartarte… sólo es una corriente que te arrastra.

”‘Paciencia’ (1) me decían muchos y me siguen diciendo… aunque con las terapias, la persona que me atiende, me refiero a esa virtud de otra forma.

”¡Mira qué maravillosa puesta de sol se ve! Un cielo rojo vivo, parece que abrasa, como mucho tiempo me quemé en vida… el color de la ira. En el budismo Sandokai hay unos fragmentos del Zen que tomo como analogía: ‘ La luz y oscuridad están frente a frente; una depende de la otra. Así como el paso de la pierna derecha, depende de la pierna izquierda’”.

(1) Del latín: Patientia.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados, sie7e virtudes. La envidia

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“Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia”

(Job. 5:2)

“’‘…Porque tú eres mi reflejo y yo tengo nada, te acabaré. No me importa lo que he hecho con tal de ser Tú’. Qué duro, ¿no?; es para que te des una idea de la persona con la que estaba literalmente durmiendo…”

”Fue en una reunión donde me presentaron a este chavo y se unió al grupo; de actitud amable y educada, fueron puntos para echarse al bolsillo a cualquiera. En menos de dos horas ya tenía una biografía de su vida: con altibajos, logros y “muchas satisfacciones” como él me decía. El rompecabezas comenzaba a tomar forma y en poco tiempo, como buen anfitrión porque él venía del Distrito… le ofrecí un espacio en mi casa.

”Hmmm, en cuanto a esa decisión de compartir el mismo techo fue por la madurez que reflejaba sobre todo porque yo no sé estar solo, no me gusta estar solo. En menos de una semana, ya conocía a mi círculo de amigos, amigas, entorno del trabajo; ‘¿En dónde vive tu amiga?; quiero ir a visitarla’; esa pregunta fue tajante tras salir de una reunión donde esta chica fue mi ex novia y estuvieron la mayor tiempo conversando. No le tomé importancia a sus insistencias y lo llevé; prácticamente quedé ignorado esa tarde pues su actitud fue como de rechazo y me hacía sentir un estorbo mientras que la ex seguía fascinada con el nuevo integrante del grupo… ‘Vas a tener que decirme cómo la conquistaste; me gusta y mucho’, mientras que tomaba de mi clóset mis pantalones, mi camisa y mi cinturón. Yo sólo hice una expresión con la mirada que él me respondió que los tomaba prestados y salía del cuarto, no sin antes volverme a recordar los tips para su enamoramiento con su presa.

”Para ese entonces, yo había tomado un segundo empleo por lo que sólo nos veíamos en las noches y en ocasiones organizaba salidas o reuniones en mi casa con mis amigos sin ni siquiera avisarme. Mis conocidos estaban literalmente identificados con mi otro “yo”, pues así me lo hacían sentir, y yo, sin darme cuenta… Una tarde llegué a casa y lo encontré en el piso con la cabeza agachada y llorando; estaba decidido a pedirle que se fuera de mi casa porque no aportaba dinero ni ayudaba en los quehaceres, sólo que su actitud me sacó de onda al decirme que pasaba por una fuerte depresión. Muy poco hablaba de su familia y su pasado, el lado negro pues. Sólo sabía que en México vivía con su mamá, su agudo gusto por escuchar música de ópera, y que años atrás había tenido un accidente muy feo; eso era todo.

”Su táctica le funcionó pues de nuevo buscó un acercamiento para conmigo. Lo que detrás se estaba cocinando era que un fuerte conflicto con la novia salía a relucir que ellos habían terminado mal, ya que éste acusó a la chava de haberle robado dinero y tomado una tarjeta de crédito. Al enterarme de esto por una tercera persona, me dio mucho coraje y fui a buscarlo a su trabajo pero al llegar me dijeron que acababa de renunciar e inmediatamente me fui a mi casa… ¡Menuda sorpresa me llevé!; mi “sombra” se estaba bañando y había una maleta mientras que mis cajones estaban revueltos. Sobre la cama había un sobre que tenía documentos míos… ‘¡Qué estás haciendo, cabrón!’; y me tomó del cuello. Vaya que los dos salimos madreados. Tuve que mudarme, cambiar mi número de teléfono por sus constantes amenazas…

”El proceso de asimilación comenzaba; pese a que paulatinamente su presencia fue nula, seguía con ese temor, coraje y duda del porqué me había topado con alguien de esa forma. Una y otra vez con la cabeza en la almohada analizaba su conducta para irme dando cuenta de sus carencias afectivas, una disociación o trastorno de su personalidad. Era como una persona que tiene un aura gris, una sombra que no tiene un plano físico y sólo es eso, una negra mancha que busca a un ser en donde le sea posible meterse. Así como su talento para desarrollar ideas o resolver problemas matemáticos era infinito, así era su mirada pues se quedaba perdido por largo tiempo parado en la ventana en las noches… Siento… no lástima sino compasión (1) por la situación por la que atraviesa y en este momento no sé qué fue de él. Si llegó a mi vida es por algo; que debo de encontrar en mí ya que como él me dijo que yo era su reflejo, quizá él es también mi espejo del cual no quiero darme cuenta de lo que tengo enfrente y sigo adelante como si nada pasara.

(1) del latín: Humanitas.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados capitales. Sie7e virtudes. Lujuria

wikimedia.org

“¿No sabéis que vuestro cuerpo es un templo sagrado que habéis recibido…?”

(1 Co. 6,19)

Los seres humanos, hemos sido dotados de grandes virtudes espirituales, físicas, intelectuales… bendecidos con riquezas y abundancias de cualquier índole que nos pueden hacer sentirnos plenos y satisfechos; sólo que sucede algo, una situación que no cuadra perfectamente porque dicha humanidad en su totalidad, no puede descubrir esa potencialidad ni mucho menos saber cómo desarrollarla. Desde un determinado punto de vista, esto puede acarrear consecuencias: agudas, medianas o graves; todo depende de cómo uno se proyecte.

Desde los inicios del hombre, existe la imperiosa necesidad de comunicarse entre sí, de cualquier forma, de cualquier medio, ¡como sea!, pero expresar lo que uno quiere, lo que uno desea, lo que se anhela, por medio de humo, de señales, por un teléfono celular, vía satélite, a través de un papel, valiéndose de las letras, cartas… cualquier forma que hasta el día de hoy pueda ser entendida por la otra persona.

“Necesito ser escuchado”… ¡sí!… necesitamos ser escuchados, que entiendan lo que nos está sucediendo porque solos no podemos y pedimos un apoyo. No es necesario contar con un título académico, ser un personaje poderoso, un líder espiritual o tener cualquier tilde antepuesto a nuestro nombre para saber escuchar; con tan sólo tener una disposición y poner atención, observar, dirigir nuestra mirada directamente a los ojos del interlocutor, mirar sus expresiones, sus manos… es más que suficiente para así captar una mejor esencia.

Sucede a veces, que no siempre se puede emitir juicio, expresión o idea alguna en relación con lo que se nos esté manifestando, sólo basta con guardar silencio… en ese instante, pueden surgir las palabras correctas para dar un consuelo o una respuesta a lo que la persona busca. Si nada –literalmente- sale, está bien, nada pasa; habrá otro momento preciso para expresar lo propio.

Una persona, compartió parte de su vida de la cual, ha cambiado radicalmente; una charla de poco más de dos horas en un espacio abierto y rodeado de prácticamente mucha espiritualidad. Más que un diálogo, fue un monólogo plagado de llantos, suspiros, querellas, reproches, de frases como: “…si yo hubiera”, esbozos de resignaciones y otros de ironías… decretos y determinaciones, apretones de puños y de dientes; también, de abrazos y sobre todo, de “¡Te quiero!”…

Es en ese instante donde uno comienza a escucharse así mismo:

“…Hace unos días, el 9 de septiembre, me entregaron estos resultados… era algo que tenía que hacerlo… ¿Recuerdas que te dije que ya desde hace meses había decidido a cambiar en muchos aspectos?; de mi vida personal, hábitos alimenticios, hacer deporte… sólo me faltaba hacerme ésto, y lo hice por él. Me confirmaron tres veces, y en todas sale el mismo resultado: seropositivo…

”Estoy de acuerdo que esto es consecuencia de muchas cosas que vine haciendo atrás pero en otras ocasiones, ya me había hecho la prueba y salía negativo. Esta vez… ¡Carajo! Lo peor es que este güey se sabía enfermo y no le importó; fue la última persona con la que tuve contacto sexual, previo con la persona que acabo de cortar, y me dijo que no me protegiera…

”¿Que qué fue lo que pasó por mi mente?… …pasan tantas cosas… que te dejas llevar por… en momentos en el que los conocimientos no son efectivos… te vuelves primitivo en ese instante.

”Lo que he tenido que pasar –y es el comienzo- en el IMSS para que me atiendan porque donde me hicieron la prueba, no me van a brindar la ayuda porque tengo seguridad social y tengo que ir a mí clínica. Malditas asistentes, yo solicitándoles ayuda para los trámites, y éstas se largan a desayunar… no te imaginas lo difícil que es llenar cuestionarios donde te preguntan de todo: cómo lo haces, cuántas veces, con qué frecuencia, es tan… tan… ¡vergonzoso!, ¡una invasión a tu intimidad! Todavía falta que me hagan un western blood, pero que debe ser en el Seguro… y de aquí a que hago los trámites, va a ser como mínimo, ¡un mes! En la otra institución, ellos me lo podían practicar pero argumentaban que no podían porque soy derechohabiente del Seguro… y podían tener problemas. Ahora me he dado cuenta que a nadie le importa mi salud, a los demás les vale… ¡Tengo que pelear a partir de hoy si es necesario, para exigir la atención adecuada para mi salud!

”…Como este pendejo que me contagió; tuvo que ser él, porque anteriormente me había realizado las pruebas… siempre salía negativo. Empecé con él y dos veces no me protegí -de mayo a julio aproximadamente-… apenas que lo encontré en el antro, le comenté que se hiciera la prueba; ¿sabes qué hizo?, sólo se sonrió y nada contestó. Una vez me comentó cuando andábamos, que su ex pareja le confesó que su también ex pareja resultó seropositivo… una cadena…

”Sólo lo saben contadas personas; en cuanto a mi familia, no se los voy a decir, porque en lugar de tener un apoyo, me van a hostigar; va a ser muy difícil para ellos asimilarlo, no lo entenderían por sus costumbres, porque simplemente un hijo es quien debe enterrar a sus padres, no un padre a su hijo…

”Ese es mi temor, ¿sabes?, eso es lo que más me puede, el que ellos me entierren…

”¡Qué ironías!, la semana pasada que fui a un funeral, en el sepelio pasaron muchas cosas por mi cabeza cuando íbamos rumbo al panteón, entre ellas, quería llorar y llorar pero no pude; la persona que se fue tan joven, tan bondadoso… yo me vi allí sobre todo porque esta persona que se marchó, casi puedo tener la certeza que falleció a consecuencia de… tú sabes…

”Antes de estar platicando contigo, acabo de estar con él (actual ex pareja) y estábamos en un parque, y bueno, en realidad su enojo no fue precisamente que el sábado pasado me hubiera salido a bailar y él no haya ido, sino porque la situación que estábamos atravesando: no hay lana, él preocupado por ¡si pudo estar infectado!– ¡y mira que doy gracias a Dios que salió negativo!, y de hecho, las veces que estuve con él me protegí doble. El es tan… tiene un futuro por delante, se dijo y me dijo orgullosamente que es un triunfador; ¿qué le puedo ofrecer? Si él está en su licenciatura y yo sólo, siendo un obrero… ¿Sabes?, a pesar que la diferencia de edades no es mucha, cada vez que estaba con él, tenía una manera muy particular de tocarme, de mirarme… una mirada tan limpia, tan pura (1)… con esa inocencia que todos tenemos pero que hemos ido perdiendo… Yo veo mucho de él en mí cuando tenía su edad. ¡No quiero ser un obstáculo para su futuro!…

”Yo fui quien decidió romper la relación argumentándole que mejor quedáramos como amigos, no quiero ser una carga para él, es muy difícil convivir con una persona enferma –yo apenas estoy comenzando- y más en etapa terminal… (*)

”Lo viví muy de cerca cuando unas de mis parejas hace unos años… tan dura era la situación que ya ni siquiera podía probar bocado porque de inmediato se levantaba a vomitar lo que había ingerido… Recuerdo que cuando se fue a México, al poco tiempo tenía una llamada perdida de él, y por circunstancias no pude contestarle. No fue sino hasta después de dos días que vuelvo a recibir un recado de su hermana pidiéndome que me comunicara urgentemente; yo estaba asustado, pensaba todo menos eso. Al marcar, me contestó su hermana… ya había fallecido… Antes de que se marchará a México, le dije que no me importaba su estado de salud y que quería contagiarme (¡!)… esa noche que pasamos juntos, me tocó de una manera, siempre haciendo lo necesario por cuidarme y estar al pendiente de mí… ¡Y no pude responder su mensaje!

(*) ”Reconozco, que a pesar de eso, tenía esperanzas en que él me dijera que no le importaba –quizá como alguna vez yo lo hice-, pero que lo hiciera de una forma madura sin temores, que yo sintiera un apoyo de él hacia mí, no viceversa… y lo sigo esperando…”

Septiembre 28, 2009.

(1) Castitas, del latín: Castidad.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Sie7e pecados capitales. Sie7e virtudes. La gula

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“Y pon cuchillo a tu garganta si tienes gran apetito”. (Pr. 23,2)

¿Hasta dónde podemos ser capaces de tener un autocontrol?; ¿estamos seguros de ese dominio en nosotros mismos? Esta dupla de interrogantes nos las hemos planteado o nos las han hecho en diversas ocasiones ¿Qué es lo que respondemos?; si argüimos dichas preguntas, éstas tendrían una decena de réplicas.

“Estaba haciendo cuentas de cuándo fue: 1998, la etapa digamos más crítica de mi estado físico y emocional; sin rodear mucho el asunto, pesaba en ese entonces 48 kilos, siendo que mi estatura es de 1.72 (metros). Bastaron diez meses para perder poco más de 15 kilos; un par de años atrás, me había librado al menos de 8 de los setenta y tantos que tenía. El motivo que me instó fue -después de analizarlo y que a pesar de estar consciente de cuál era, sólo que estaba bloqueado y no lo aceptaba- por una persona a la cual conocía desde la primaria y que una década después volví a encontrar. Antes de topármelo de nuevo, yo me sentía bien aunque estuviera obeso y sobre todo que no era objeto de críticas.

”El detonante, reitero, fue cuando aparece este chico y desencadenó una serie de conflictos que no supe cómo manejarlos, pues sólo sentía esa atracción hacia él y buscaba la manera a toda costa de volver a tener un acercamiento… y así sucedió, sólo medía la cantidad de comida y poco a poco la ropa era más holgada. Llegó el fin de cursos y tenía menos peso mas no a la persona que anhelaba. Pasó aproximadamente un año y ya estaba en ese entonces trabajando. En ese lugar, todos éramos prácticamente de la misma edad, jóvenes, con ganas de divertirnos y sueños; el mío era ascender de puesto y tener dinero para salir cada fin de semana a divertirme. Todo marchaba bien sólo que existía algo que me tenía incompleto, buscaba algo que no encontraba y era precisamente una compañía; eran demasiados mis temores como para abrirme y aceptar mi orientaron tal cual. ¡Claro!, en mi trabajo mis compañeros notaban mi preferencia y de alguna manera me lo insinuaban y otros nada más observaban… pero nadie decía nada.

”La bomba estalló: viendo una película, me di cuenta que los personajes especialmente las mujeres, eran de cuerpos muy finos, que todo se regía bajo un estándar, la delgadez; ‘¡Yo quiero estar así!’; pensaba y planeaba la forma cómo lograrlo. Ayunos, mal pasadas, comidas saltadas; omitía las cenas, bajaba de peso, más ayunos, cero comidas, bajaba de peso; tomaba sólo líquidos, cero alimentos, bajaba de peso… y de repente… ¡era otro! ‘¡Wow, estás delgadísimo!’ ‘¡Qué bien luces!’ ‘Conseguiste lo que querías’. ¿Sabes algo?, logré mi sueño, supe despreciarme a mí mismo porque no estaba satisfecho, estaba literalmente vacío y solo… era como la nada, cero grasa, cero amigos cero compañías… y especialmente, ¡vacío, vacío, vacío! …Lo afectivo, no se asomaba por alguna parte.

”Como castigo, ¡¡¡tenía que bajar más!!! ‘¡Cuarenta kilos!’, era la meta; ¡a rajatabla! Aún no me explico cómo la cañería del excusado jamás se tapó por infinidad de veces que me vomitaba y no por lo que ingería sino por los ácidos que se hacen literalmente piedra junto con lo que “sacas”. Para ese momento, no había en mi mente desde que despertaba, esa, esa, vocecita por así decirlo –aunque en verdad no hay voz alguna porque eres tú mismo quien lo determina-, que me mantenía vigilado para no comer. Sólo me permitía probar un pan dulce y un café; el resto del día lo compensaba con litros y litros de agua. Los días de mis descansos eran terribles para mí y a la vez placenteros porque me autorizaba comer lo que deseara, puras porquerías, y me flagelaba una vez que terminaba y vomitaba. A diario, me veía frente al espejo y me contaba las vértebras de la columna; con orgullo y con rechazo tocaba mis brazos jalando lo único que me quedaba, los pellejos. ¡Ironías!, me ponía de perfil y me encorvaba a más no poder para “sacar” el vientre y darme cuenta que era un gordo asqueroso.

”Personas especializadas en el tema, cuentan que los pacientes se ven gordos frente al espejo e incluso hacen la representación del individuo extremadamente delgado mirándose, y lo que tienen enfrente es a una persona con kilos de más. Eso no es cierto, todo el tiempo me veía delgado, siempre; el espejo me mostraba tal cual, sólo que no lo aceptaba. Allí no había nadie más que el espejo y yo; no había lugar para algo más, es decir, alucinaciones de una persona gorda.

”Dentro de todo este torbellino negro, siempre está una luz que no se percibe de momento, y esa luz la puedes llamar, una fuerza, un ser, un algo que está dentro de ti y que es el guerrero para ayudarte a salir adelante pero que está atrapado por una mente obsesionada en una imagen. ¡Ahhh!… por fortuna, jamás fui hospitalizado, nunca tuve un desmayo, no recurrí a laxantes salvo esas crisis de ansiedad. Todo mundo murmuraba: ‘El anoréxico’; ‘…¡ay, mira!, un hombre con anorexia’. ‘Dicen que tiene Sida…’ Anoréxico y homosexual… el dúo perfecto; un par de estúpidos estereotipos sumados a mi condición. Después de todo, a mí simplemente me importaba un sorbete pues era feliz a mi modo. Mis padres, claro que estaban preocupados especialmente mi mamá, aunque no entendían el porqué pero sabían que algo andaba mal.

”Algo que sí fue digamos lo más grave, es que una vez mi papá me llevó con una persona para que me pusieran un suero y me enteré hasta ese momento que llegamos al lugar; mi reacción fue muy violenta sobre todo porque jamás le había alzado la voz a él, y después de renegar y mirarlo de una forma muy fea, me bajé del coche y azoté la puerta. Nunca volvió a intervenir. Esa fuerza en mí, luchaba y no se daba por vencida para hacerme ver de una forma u otra que estaba equivocado y puso a una persona en mi camino para que me ayudara. En ese entonces, ya no estaba trabajando pues el ascenso no se concretó, y desilusionado renuncié, ocasionando una depresión más fuerte porque estaba tooodo el día en casa.

”Una persona que trabaja con energías y por medio de limpias, ‘sanó’ la situación diciendo que era una especie de espíritu que no me correspondía y estaba ocasionando dicho problema. Hasta ese momento fue lo más acertado, pero en realidad, no había dicho ente, porque era yo y nadie más, quien me mantenía en ese estado. Comencé a tomar conciencia de que con ese peso nadie me iba contratar y tenía que aumentar mi masa corporal. Ahora la cuenta iba en ascenso: uno, tres, cinco, siete kilos arriba. Atrás quedaban ese ‘viejo amor platónico’, esas escuálidas imágenes de actrices de cine, esos tontos sueños de ser modelo; incluso volví a sentir esa necesidad física de masturbarme pues en la etapa crítica había perdido hasta ese sentido porque nada me excitaba, por tanto, tampoco figuraba un interés en un hombre. Debo decirte que en ese entonces a mis 20 años ni siquiera había experimentado una relación sexual. Mi único apetito era el de no comer; hambre de una delgadez. ¡Hambre-hambre-hambre! Morirme de hambre.

”Conforme pasaron los años, mantenía un determinado peso y ya no tuve esa necesidad de buscar la báscula que era como mi escapulario; seguí mi vida normal. Trababa dentro de lo posible, conservarme en ese peso; y eso sí, siempre estaba al pendiente de programas o reportajes que hablaran del tema. Todo indicaba que lo había controlado (1). Hasta la fecha, ya subí ocho kilos más y me siento muy satisfecho pues a lo largo de estos años, de muchas formas han llegado a mis manos testimonios o cosas que he ido aprendiendo sobre la anorexia que me han ayudado a valorarme como persona y aceptarme tal cual. Ahora sé que no sólo somos una imagen física, somos además una imagen espiritual, seres que podemos darnos amor a nosotros mismos y al resto de las personas. Somos juez y víctima de nosotros mismos, donde automáticamente nos castigamos, nos humillamos, nos sentimos devastados si no sufrimos… viviendo siempre con una venda utópica en nuestros ojos por cada acto que cometemos ya sea bueno o malo, y que no nos permitimos mirar más allá. Aprendí y lo sigo poniendo en práctica, que el sufrimiento nos estorba.

”Me siento afortunado por haber sacado dentro mí esa valentía y coraje para superar esa etapa; por otro, siento tristeza y al mismo tiempo comprensión por quienes sufren este padecimiento y no pueden salir de él. En la mayoría de los casos me he tenido que quedar callado porque no entienden de razones, además que su proceso está mucho más avanzado de lo que fue el mío y la ayuda que requieren es profesional. Lo único que me resta es desear de la mejor manera que esas personas cuenten con la fortaleza suficiente para darse cuenta que no están solas y que basta con que digan: ‘Necesito ayuda’, para que comiencen su recuperación. La ayuda está presente, créeme; en todo momento, sólo deben pedirla y el resto… será más fácil”.

“El tiempo ha pasado y pude lograrlo; sin embargo, tenía miedo de que pudiese despertar nuevamente y me atrapara una vez más…”

Anónimo.

Enero, 2010.

(1) Temperantia, del latín: Gula.

Por: Julián Malagón Ramírez


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Mientras en ti son pecados, en mi ¿son virtudes? Quizás seas mejor, pero nunca serás yo. Lee este post donde pareciera que los llamados pecados capitales se han vuelto una cualidad en nosostros y un pecado en los otros; cuando se trata de‏ analizar a los demás

actualidad_03091Los encabezados de los diarios y de los principales noticiarios no dan tregua. Ejecutivos que en medio de una de las peores crisis económicas de la historia, se adjudican compensaciones millonarias. Multitudes enardecidas rabiosamente enceguecidas, descargan su furia sobre las débiles minorías. ¿Por qué habría de dejárseles usufructuar lo que por derecho nos corresponde? ¿Por qué si somos los mejores, a los que hoy se les niega la posibilidad de recibir lo que merecen? Porque sabemos que era nuestro, porque nos hicimos dueños de nuestro tiempo cuando todo era abundancia, y casi sin esfuerzo podíamos dedicarnos insaciables a gozar de los placeres. Como no lo tenemos ni estamos seguros de tenerlo de nuevo, nos envidiamos hasta a nosotros mismos en el ayer. ¿Tendremos que aceptar que son nuestros pecados los que nos están pasando la factura? En una sociedad en que la noción de pecado se ha desdibujado a merced de los vaivenes culturales, las flaquezas del otro suelen convertirse cuando se las ve reflejadas en el propio espejo, en virtudes que impulsan nuestros actos.Todos tenemos cerca a nuestras viejas conocidas debilidades de la avaricia, envidia, ira, gula, soberbia, pereza y lujuria, ¿será una mera casualidad que las siete compartan el mismo género? Para ser honestos, es un tema que por sí mismo es para levantar sospechas: que sean siempre ellas las que tientan al indefenso hombre para medir su temple de espíritu. Será por eso también que entre hombres y mujeres hay preferencias marcadas en cómo vive y cómo juzga cada uno los pecados. Un estudio del jesuita Roberto Busa señaló que mientras los varones se decantan más hacia la lujuria, gula, ira, soberbia, pereza, envidia y avaricia, las mujeres siguen un orden distinto que comienza por la soberbia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza. Según una encuesta del diario mexicano El Universal, la gula, la avaricia y la lujuria, ocupan las primeras posiciones entre los pecadores de la capital mexicana. Los participantes reconocen que entres sus fallos están la gula, la ira y la pereza… y en los demás reconocen a la avaricia y la envidia como los más comunes.

Ahora, dicen los versados en el tema, los pecados han evolucionado y a principios de este año se añadieron unos nuevos que son en todo caso, signo de los tiempos. De acuerdo con el obispo Gianfranco Girotti, franciscano encargado de la Penitenciaría Apostólica en una entrevista a L´Osservatore Romano: No realizarás manipulaciones genéticas. No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones. No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. Y no consumirás drogas. Los recién llegados, más bien parecen versiones techno de alguno de los primeros enlistados. ¿Qué es, sino soberbia, manipular nuestrsa esencia genética? ¿Qué es, sino avaricia, enriquecerse hasta la obscenidad? ¿Qué es, sino envidia, el causar pobreza?

Acicates del mundo

Si algo comparte la mayoría de las escuelas filosóficas y religiosas, es el rechazo a esa parte inherente a la naturaleza humana que nos hace débiles frente a nuestros peores defectos. La noción de pecado, desde el punto de vista de sabios como el asceta Evagrio Póntico del siglo IV hasta las más modernas que no están ni siquiera ligadas a la lista establecida por el Papa Gregorio I en el siglo VI, remite a la vulnerabilidad del espíritu humano frente a circunstancias y motivos comunes.

La noción de estas flaquezas no es exclusiva de la tradición monoteísta judeocristiana, aunque es cierto que es en estas creencias religiosas y todos sus derivados, en donde la noción de pecado alcanza niveles tan elaborados que sus definiciones son una obra de filigrana. Con ciertos matices, también las filosofías orientales y las politeístas, describían las mismas debilidades. Los siete originales han estado con nosotros desde el origen de los tiempos, pero aunque reconocemos que la actitud hacia el pecado debería ser el rechazo, también somos proclives a condescender con nosotros mismos cuando los descubrimos enesa parcela interior a la que pocas veces tenemos el valor de darle una mirada.

¿Por qué al guien más y no yo?

La envidia es un defecto de otros, pocas veces admitida como uno de los propios. Reconocer el escozor de sentirse miserable por que alguien, por naturaleza o esfuerzo propio, disfruta de mejores condiciones que las propias, no es para causar alivio. Nadie está dispuesto a reconocer un momentáneo aguijonazo placentero, que la lengua alemana denomina schadenfreude cuando por las razones que sea, se les priva de tales circunstancias. El regusto que provoca la caída ajena.

Envidia no hay de la buena. Aunque es esta debilidad a la que a diario apela la comercialización y la publicidad es un mundo en donde todo es perfecto para quienes viven en esta dimensión creada con todo y sólo lo mejor. Nos hace querer lo que no podemos tener. Juventud, por ejemplo, una mera circunstancia temporal que acicatea diariamente la envidia de millones que se niegan a reconocer que no hay manera de recuperarla. Quién no ha dicho de esa actriz, otrora bellísima y hoy manipulada por el bisturí… “Pobre, tan guapa que era” ¿Empatía? ¿Compasión? No, envidia de lo que tuvo y schadenfreude por lo que es ahora.

Si la sentimos, argumentaremos que nos impulsa a ser más competitivos, a redoblar esfuerzos para obtener lo que no tenemos; la justificaremos en el afán competitivo como el origen de una siempre bienvenida mejoría. Cuando hacemos todo lo posible por alcanzar una mejor posición en el trabajo, aún a costa de quien ya la ocupa, decimos que es búsqueda de superación, pero si recibimos los golpes de los que empujan desde abajo, son simples envidiosos.

En las modernas sociedades capitalistas, esa eterna competitividad espoleada de manera más o menos velada por la envidia, es una cualidad en las empresas. Pero no lo era menos en el corazón del socialismo, según el ensayista y profesor de la Northwestern University, Joseph Epstein, porque en igualdad de condiciones, siempre hay algunos que son más iguales que otros y es mejor que mientras haya algo que no puede ser para todos, en la práctica será mejor que no sea para nadie. Pura y llana envidia.

Todo es mucho, pero nunca suficiente

El mundo dejó de ser cómo lo conocíamos, cuando el gurú del liberalismo económico, el entonces Presidente de la Reserva Federal estadounidense Alan Greenspan, dijo frente al Comité Bancario del Senado estadounidense en 2002 que la enfermedad nacional de la nación más poderosa y rica del planeta, era la avaricia infecciosa. Seis años después, es obvio que nadie tuvo a la mano una vacuna.

La acumulación de riqueza es criticable sólo cuando no es nuestra cuenta bancaria la que registra cada vez más ceros. Ambicioso se ha vuelto un término por demás ambivalente desde esta perspectiva. La ambición es bien vista como un legítimo derecho de aspirar al progreso; en la casa del vecino, es pura codicia que lleva al egoísmo. De acuerdo con la autora Phyllis A. Tickle, la avaricia es el más social de los pecados, y por lo mismo, la mayoría tendemos a desviar la atención pública de nosotros hacia los demás con la mayor rapidez posible. Recuerdo el testimonio de una millonaria neoyorquina, riguroso anonimato de por medio, que en el corazón de Manhattan, golpeado por la crisis, solicitaba la visita de las dependientas de sus boutiques favoritas en su casa, para comprar sin las miradas reprobatorias de los demás. Era políticamente incorrecto en público, pero no disminuía su deseo de poseer más. Avaricia.

El deseo de riqueza no abarca todo el concepto de la avaricia. Si la hormiga de la fábula guardaba más de lo que podía comer “para cuando vinieran las épocas difíciles”, ¿no es verdad que se portó como avara cuando se negaba a compartir con la cigarra? Sin embargo, aplaudimos la naturaleza previsora de la hormiga -una cualidad innegable- pero acumulaba para una circunstancia que todavía no existía. Por eso, parece un sinsentido la acumulación de los bienes si se es incapaz de compartirlos mientras haya oportunidad de hacerlo, sobre todo cuando no son los propios bienes los que se deben compartir. No resulta raro entonces, que la avaricia florezca en los ambientes y culturas en que hay más riqueza, y cuando en el horizonte se vislumbran nubes de incertidumbre.

Quizá seas mejor…pero nunca serás yo

El hombre lo ha conquistado casi todo y se acerca al logro máximo del orgullo: la negación a dejar de ser quien es alargando su vida a la eternidad… como ¿Dios? Quizá exagero, pero este sentimiento, mimetizado en orgullo y su prima la vanidad, es responsable de que cada uno haga todo lo que está a su alcance para dejar una huella, para intentar la hazaña heroica una y otra vez. Escalar la montaña más alta del mundo es una proeza, necesaria para demostrarse la propia templanza y el alcance de sus capacidades para conquistar un reto.

Lo que es innecesario es convertirlo en el estandarte que se lleva en la mano mientras se está parado en el pedestal autoconstruido para ser admirado por los demás a los que se mira desde arriba. Para el psicoterapeuta Philip Chard, la otra gran epidemia de la sociedad actual es de egolatría y narcisismo. El orgullo excesivo, individual o colectivo, antecede a la caída de los más grandes imperios del mundo. “El estado soy yo”, decía Luis XIV quien, a todas luces humilde, se hacía llamar el Rey Sol. Su luz no alcanzó para evitar el eclipse de Luis XVI y María Antonieta.

Decir que se tiene mucha confianza en uno mismo, que se tiene en alta estima la propia dignidad, es visto como una cualidad de alguien que no se doblega ante la adversidad, ni se humilla sin luchar ante el infortunio. Pero se camina junto al desfiladero de la soberbia cuando la sana confianza se convierte en abierto desafío a lo humanamente posible. Acompañada de la avaricia, envidia, e ira, la soberbia es ingrediente de los conflictos originados en el simple hecho de demostrarse superior al otro y hacerle sentir su inferioridad.

Esclavizados por la rabia

Filósofos de distintas épocas y líderes religiosos de toda índole han condenado a la ira, como una emoción que nunca es útil. La furia colérica inunda la razón y la sofoca de tal manera que se pierde el respeto más elemental por la vida del otro, una acción condenada de manera universal. O casi, porque si la ira del asesino es reprobable, la visión colectiva matizada por la idea de justicia en muchos sitios todavìa aprueba el cobro de la afrenta con la vida del culpable.

La ira puede considerarse un mecanismo de defensa que actúa como escudo ante el peligro. A diferencia de la reacción brutal de un animal que ataca por instinto de supervivencia, la ira humana implica racionalidad y está muy emparentada con el odio, el rechazo profundo ante lo que nos provoca un fuerte disgusto.

El experto en culturas de oriente, Robert A.F. Thurman, puntualiza que esa relación con las reacciones primitivas de defensa, han hecho que en Occidente la ira sea más bien vista como algo natural, si no es que hasta una cualidad en tanto privilegio de la autoridad. Es el argumento utilizado para justificar la violencia como instrumento para corregir un agravio o rebelarse ante la injusticia y la opresión. De tal manera, en nuestra sociedad la ira sólo es vista como dañina cuando es injusta, excesiva o autodestructiva y se considerará tanto más inmerecida si se descarga en nuestra contra, pero absolutamente necesaria cuando la descargamos sobre los demás.

La guerra, por ejemplo, es ira organizada. Da igual si es contra el Terror en Irak, la de Oriente Medio, el ancestral conflicto en los Balcanes o las limpiezas étnicas africanas, están todas hermanadas por la ira enraizada por generaciones, provocada por el deseo de ajustar cuentas y cobrarse con el dolor del otro el que antes se nos causó, o peor aún, a cuenta del que posiblemente se nos habría de infligir. Te pego, porque no quiero que me pegues.

Adictos al placer

El libre y privado ejercicio de la sexualidad a la que todos tenemos derecho, es punto de partida para definir la lujuria, entendida en la mayoría de los textos sobre el tema, como la “desordenada satisfacción del placer sexual”. Un concepto escabroso si tomamos como cierta la frase de que “El sexo vende” y por eso es excusa para las insinuaciones eróticas hasta en los anuncios de sopa.

Es el pecado que deja más claro que hay un rasero para medir las acciones propias y otro muy distinto para medir a los demás. En 2002, baste como ejemplo, la administración Bush puso como condición para firmar una declaración sobre los derechos de los niños, que se modificaran los planes educativos para la infancia del mundo en desarrollo y se les enseñara que antes del matrimonio lo único admisible era la abstinencia sexual, mientras que la juventud estadounidense tiene una de las edades más tempranas para la iniciación sexual.

El deseo sexual, soslayado o no, es inherente a la naturaleza humana, porque es indispensable para la reproducción de la especie. Pero lujurioso, no es el que está deseoso del clímax, sino el que vive un continuo estado de desear, tan intenso y arrebatador que nulifica la humanidad de los demás y la propia. Aunque la juventud parece más propicia para el desenfreno carnal, es más fácil justificar el deseo como un desahogo de las tensiones propias de la actividad hormonal. Su expresión en la madurez, es más castigada con la rápida etiqueta de la lujuria, como cuando se acusa de viejo rabo verde al hombre maduro que observa a una mujer más joven. La diferencia entre géneros también provoca distintas percepciones de lo que consideramos lujuria. En una sociedad masculina, un conquistador o seductor desea a muchas mujeres y hace todo por llevarlas a su cama -incluyendo el trabajo que implica lograr las credenciales propias de triunfador, exitoso, fuerte y rico que todo macho alfa necesita-. Una mujer así, con todo y lo que se ha modificado esta situación en los últimos tiempos, merecería de la mayoría un calificativo peyorativo, si no es que insultante.

Los excesos del gusto

Es quizá la gula la más difícil de circunscribir a la esfera del pecado, porque cuesta trabajo entender cómo una acción de índole personal, puede afectar el orden del grupo y del cosmos. A eso habría que añadir, como lo señala la ensayista Francine Prose, que como la lujuria, está relacionada con un acto básico para la vida humana.

La gula es en nuestra cultura un pecado abominable porque está en franca oposición a los preceptos de la estética de la salud. Comer hasta el hartazgo implica romper con el mandamiento de no excederse en el peso corporal. Por otra parte, la factura de la gula no esperará a que pasemos a otro estado, vida o dimensión, sino que sus consecuencias se sufrirán todavía en esta vida; la medicina moderna se ha encargado de dejarnos bien claro este punto.

Prose hace una distinción cuando alude a los modernos hedonistas, que por supuesto no se identifican como glotones, aunque hagan hasta lo imposible para probar sin límite de tiempo sofisticadas, mínimas y muy elaboradas preparaciones culinarias por las que son capaces de pagar cantidades ingentes de dinero en los lugares de moda. En el sentido de disfrutar, y hacerlo como decían los antiguos, en demasía, ¿son menos afectados por la gula, que aquel que sólo se atiborra de alimentos? Si somos de los primeros diremos que no, porque actuamos así a favor de cultivar nuestros conocimientos de un arte. Pero no dudamos en señalar como glotón al que no discrimina entre los alimentos que se lleva a la boca. Como en el caso de la lujuria, es el deseo compulsivo del placer producido por el acto de comer, no la satisfacción que produce la saciedad.