El miedo, un gran maestro. “El miedo es tan saludable para el espíritu, como el baño para el cuerpo”. Máximo Gorky, escritor ruso‏

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Presas del miedo

De acuerdo a la Psic. Cristina Correa Campos, el miedo es un sentimiento de malestar compuesto por un sentido de vulnerabilidad, en una situación peligrosa (real, irreal o potencial), más un sentido de incapacidad para superarlo. “El propósito de esta emoción es de protección y de prevención de daños. Hace que el ser humano experimente reacciones fisiológicas que le permiten sobrevivir”, señala.

El miedo te pone ante tres motivaciones: enfrentarlo, sobrellevarlo o evadirlo.

El enfrentamiento da por resultado el valor para seguir afrontando la vida con seguridad; hacerlo nos vuelve seres humanos más completos y seguros de nuestras capacidades. En los últimos cinco años, la Asociación Americana de la Salud se ha dedicado a estudiar exhaustivamente cómo se comporta el cerebro cuando la persona experimenta miedo.

Mecanismo del miedo

Durante un momento de miedo intenso, el organismo tiene dos respuestas paralelas:

1. La primera es la más antigua y está relacionada con el sistema nervioso primigenio (data de la prehistoria). Es el sistema de alarma involucrado en la prevención del daño, el ataque, la huida y los reflejos más rápidos.

2. La segunda es cuando el estímulo llega a la corteza cerebral. La parte racional del cerebro se asusta de las reacciones automáticas del cuerpo y trata de controlarlas.

Tipos de miedo

El miedo consta de un componente genético (innato) y otro aprendido. “La pregunta del millón de dólares es definir qué porcentaje tiene de uno y del otro. Y también influye un aspecto cultural en los miedos de cada sociedad. Por ejemplo, un niño en Irak escucha un avión y su cuerpo tiene una respuesta inmediata de miedo a un bombardeo. En cambio, un niño mexicano escucha un avión cercano, e incluso voltea emocionado a verlo”.

Los miedos más comunes en el mundo occidental, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud son:

1. Al fracaso.

2. No ser feliz.

3. Que nuestra descendencia enferme o se incapacite.

4. La enfermedad propia.

5. Quedar inválido.

6. No tener satisfactores necesarios para poder vivir.

7. Que nuestra pareja enferme o sufra accidentes.

8. A la soledad.

9. Perder la libertad.

10. Ser atacado en el prestigio personal o profesional.

Fases del miedo

Correa explica que el miedo se manifesta en tres diferentes etapas, que son:

“El nivel más bajo es la preocupación. Ésta es normal cuando la persona puede llevar a cabo acciones para desactivar, hasta cierto punto, los peligros. Y es patológica, cuando es repetitiva, sin llegar a la acción o cuando, por el contrario, llega a la acción excesiva.

• “En la segunda etapa, la manifestación del miedo es más poderosa e intensa. La gran mayoría de los miedos alcanzan este nivel.

• “Cuando un miedo es intenso y persistente, no te permite hacer o pensar en otra cosa, te roba la tranquilidad y es irreal, se considera patológico. Y esta es la tercera etapa del miedo. Todos hemos visitado los extremos del miedo, pero pocas veces. En este nivel la reacción del cuerpo llega a tal intensidad, que entorpece toda capacidad de pensar sensatamente o actuar con congruencia”.

Destacado: “La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada con su vida”. Peter Ustinov, actor y escritor británico

Estrategias para superarlo

La especialista te desglosa diferentes ejercicios que, idealmente podrías trabajar en terapia, pero que puedes intentar en casa.

1. Modelo cognitivo conductual. Se basa es cuestionarte las falsas ideas.

“Date cuenta de tu miedo, explícate lo que pasa, qué sientes, cuál es tu preocupación, qué es lo que percibes, dónde ves el peligro. Clarifica y fundamenta las bases de tu miedo. Es necesario que te preguntes: ¿hay fundamento para lo que siento?. No insistas en que algo malo va a pasar, si ya te diste cuenta que no hay bases que demuestren que eso es real o probable. Cuestiónate: ¿qué tantas verdades o mentiras hay en las situaciones que imagino?

a) Describe el temor que tienes sin hacer juicios de valor. Por ej: “Siento un vacío en el estómago porque debo varios meses de la hipoteca de mi casa”.

b) Evalúa en una escala del 1 al 5, el nivel de intensidad del miedo que experimentas.

c) Escribe todo lo que piensas respecto a ese miedo. Por ej:

“Me aterraría que me la quitaran, que me embarguen, que no tengamos dónde vivir, que nos metan a la cárcel, etc.”.

d) Marca todas las ideas que pueden ser falsas, o que no necesariamente son verdad.

e) Escribe cada mentira encontrada en término de solución; es decir, lo que puedes hacer ante ese miedo. Por ej. “Temo que me quiten mi casa, pero en ese caso, podría irme a vivir con mi mamá”.

Si estableces las bases reales de un miedo, seguramente bajará de intensidad. El reto está en aplicarla en el momento mismo en que el temor ocurre. “Ante situaciones peligrosas, es necesario activarse y hacer lo que esté en tu control; trata de llenarte de confianza en ti misma y convencerte de que podrás salir adelante. No dejes volar tu imaginación negativa; los miedos se encadenan y de uno incontrolable, se alimentan otros”, describe. El objetivo es fortalecer el convencimiento en las propias capacidades, para vencer el miedo. Trata de repetirte argumentos realistas que defiendan la capacidad que tienes para reaccionar.

2. Modelo sistémico

“Otra técnica para manejar el miedo, es el ‘Reencuadre’. La clave es cuestionarte: ‘Si el miedo fuera un gran maestro o un médico al que yo le tuviera plena confianza, ¿qué me enseñaría?’. Tal vez las respuestas serían: a ser más valiente, a no asustarme de todo, a darle a cada cosa su justo valor, etc. Lo que se hace con el reencuadre, es que en lugar de meter al miedo en un mapa dañino y doloroso de emociones, lo metes en un mapa de aprendizaje del cual se deriven cosas positivas. Las cosas no van a cambiar, pero si tú tratas de verlas de una manera diferente, desde otro punto de vista, es menos doloroso y ese enfoque te brinda paz”, comparte Cristina

3. Modelo interaccional

“Date cuenta de las ‘Soluciones intentadas’ y repetidas, que aparentemente son diferentes, pero en esencia son iguales. Por ej, una madre que espera a su hijo los fines de semana cuando sale al antro por las noches. A lo mejor, se hace tarde y el hijo no le responde el celular; se comienzan a encadenar los miedos relacionados con la seguridad del hijo. La mamá asegure que ha intentado diferentes soluciones: hablarle al celular, llamar a sus amigos, llorar, salirse a buscarlo o esperarlo despierta, pero todas esas soluciones caben en un mismo costal, son la misma con diferentes caras: la solución intentada de control e inseguridad. Y todas las soluciones que quepan en ese rubro van a fracasar. Es necesario proponer una solución 180° diferente a la anterior, en este caso, a partir de la confianza.

4. Hipnosis de transe ligero

“Provoca que la parte inconsciente (que guarda los archivos de las experiencias y aprendizajes de la persona) dé soluciones en relación al manejo del miedo, con muy buenos resultados en terapia”.

Sin confusiones

Normalmente, cuando algo nos causa una fuerte impresión, nos exige más de lo que estábamos dando o nos pone en un escenarios desconocido, lo metemos todo en la misma categoría y terminamos afirmando: ¡Qué miedo! Pero, es importante diferenciar lo que sentimos, para saber cómo superarlo.

Miedo vs ansiedad y estrés

En el miedo, conocemos aquello que nos amenaza y nos preparamos para la huida o para afrontarlo, gracias a una respuesta fisiológica breve. Es agudo y provocado por un estímulo conocido, lo cual lo vuelve una reacción normal. En la ansiedad, desconocemos el objeto, la amenaza es interna y vaga. Es, por ejemplo, la reacción normal al estar en un ambiente extraño donde no se conoce a nadie y te sientes incómoda e inquieta. El estrés es provocado por sucesos físicos o emocionales. Las situaciones estresantes nos vuelven más tensos y despiertos. Las preocupaciones y la tensión se desencadenan fácilmente.

Reflexión

En mi opinión, hay mucho que aprender de los miedos que nos acosan, pues estos nos dan la clave para saber aquello que tenemos que trabajar si queremos crecer y lo que tenemos que atender para volver a un estado de equilibrio y paz. Por ejemplo, si tengo miedo a perder la salud, porque mis padres padecen una enfermedad como cáncer o artritis, qué espero para ir a hacerme estudios que me garanticen una detección temprana. Si temo que mi hijo se vuelva alcohólico como su padre, refuerzo mi vínculo de comunicación y confianza con él, para que escuche los valores que le inculque. El único caso en el que me parece importante darle la espalda al miedo y huir, son aquellas situaciones en las que nuestra vida corre peligro, y hemos comprobado -con hechos- que la persona a quien tememos, es capaz de lastimarnos, sin límite.

“Es mucho mejor enfrentar el miedo, que evitarlo, pues en ese caso se puede somatizar, causándote enfermedades de la tiroides, colitis, gastritis, etc.”, explica la psicóloga. “Si te has mantenido en una relación disfuncional y dolorosa, cuesta mucho trabajo hacer el cambio, te va a exigir más, pues enfrentar el miedo te reta. Si temes que termine tu relación y quedarte sola para sacar adelante a tus hijos, probablemente en vez de enfrentar a tu marido alcohólico, le das la espalda al miedo y vives en la rutina, sobrellevándolo”.

Si lo que te atemoriza es una relación disfuncional, tienes que procurar comunicación. Si te das cuenta que las soluciones que has intentado son la misma, pregúntale a esa persona su punto de vista y dale el tuyo, cuestiónale qué espera de ti y dile lo que tú esperas en reciprocidad.

Pregúntate qué es lo que quieres, qué es lo que pasaría si tú cambias.

El miedo es un gran maestro, te enseña de dónde sacar el valor para superar las situaciones que no son satisfactorias en tu vida, para superar la resistencia al cambio de tus circunstancias. Pon atención a lo que te está diciendo”,

Si sientes miedos recurrentes, busca ayuda. El miedo duele, pero te enseña. Enfrentar los miedos implica un crecimiento. Como una bola de nieve, cuando tú resuelves un miedo y lo enfrentas, hace que se resuelva otro, y otro más. No esperes resolver algo muy grande, ponte metas pequeñas. La valentía va a ocupar más espacio en tu vida, va a beneficiar tus relaciones, aumentar tu seguridad en ti misma”, finaliza Cristina.

Destacado en recuadro

Curiosidad:

Estudios realizados en diferentes Universidades del este de EUA -Cornell y Nueva Yor- arrojaron como resultado que 3 de cada 10 personas reportan que el miedo les impide desarrollar sus actividades cotidianas.

Recuadro

El miedo y Bucay

Una respuesta biológica de alarma frente a una situación peligrosa es lo que

podríamos llamar un Miedo Sano, una emoción protectora toda vez que nos prepara para conjurar un peligro o una amenaza real. Si no fuera capaz de asustarme no podría por ejemplo, huir rápidamente de un lugar donde empieza a producirse un derrumbe. Cuando la amenaza no existe, pero la reacción de alarma sí, la respuesta temerosa no es susto, sino miedo. Simplificando una vez más, podríamos decir que el susto entra por la percepción y el miedo, por la imaginación. La mayoría de los miedos que sentimos en la vida cotidiana no son innatos, los hemos aprendido.

De los peligros del miedo aprendido nos ilustra esta vieja historia.

Había una vez una madre que tenía un único hijo. Ella era tan temerosa que vivía angustiada pensando

que no podría seguir viviendo si a su hijito le pasara algo. Tan asustada estaba de sus fantasías que un día para que su hijo no saliera solo a la calle, le sentó en los sillones de la sala y le dijo:

-Mira hijo, en la calle vagan unos espíritus malignos que se llevan a los niños que están sin su mamá.

Así que nunca, nunca salgas a la calle sin mí. ¿Entiendes?

– Sí mami, contestó asustado.

El plan resultó y el chico nunca más salió a la calle sin su madre.

Cuando el chico cumplió quince años, la madre empezó a pensar que algún día ella no estaría y que su hijo tendría que manejarse en el mundo exterior.

Se sentó otra vez en la sala y le dijo al muchacho:

– Sabes hijo, tú ya eres grande y pronto te irás de esta casa.

– No madre. Te recuerdo que afuera están los espíritus malignos que me llevarían si no estuviera contigo.

La madre pensó que decirle la verdad equivaldría a admitir que le había mentido, así que le dijo:

– De eso te quería hablar. Los espíritus jamás te llevarán mientras lleves en tu cuello esta medallita que ahora te regalo -y quitándose la medalla que colgaba en su cuello se la puso a su hijo- quiero que sepas que desde ahora, podrás salir sin mí porque mi medalla te protegerá. Tienes que confiar en lo que te digo porque tu madre nunca te mentiría: Mientras tengas esta medallita, ningún espíritu se acercará a hacerte daño. ¿Entiendes?

– Sí mamá…

El joven le creyó. Pero de todas maneras, desde que su mamá murió, el muchacho nunca salió de su casa. Siempre tuvo miedo de perder la medallita.

Mi madre, quizás como la suya, nunca nos asustaron con monstruos malignos, pero cada una diseñó su propia forma de enseñarnos algunos temores. Mi madre lo hacía con una sola palabra: «Cuídate». Una manera sutil de avisar que el mundo es peligroso, una forma de establecer que debes tener miedo. Lo hacía con la mejor intención, como lo hice yo muchos años, repitiendo el error con mis propios hijos. Hoy confiaría más en ellos. Hoy en lugar de decirles adiós con un «Cuídate», lo hago siempre con un «Diviértete».

Recuadro

Se vale temer

De a cuerdo a Cristina Correa, psicoterapeuta sistémica, vivimos en una cultura de invalidación de las emociones, estamos educados (y educamos) en la evasión de la tristeza o el miedo. Cuando vemos en los niños el miedo a algo les decimos ‘tú puedes, ‘no tengas miedo’, cuando lo que debemos hacer es validar su emoción: ‘me doy cuenta que tienes miedo, porque estás aprendiendo a andar en bici’.

Sobre la especialista: Psic. Cristina Correa Campos. Licenciada en psicología y psicoterapeuta sistémica con especialidad en hipnosis.

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Muchas personas sufren, en forma repentina, de una verdadera crisis de angustia, con sensación de terror y de catástrofe inminente. Es un ataque de pánico…

coloresperanza.wordpress.com

Durante esos minutos (rara vez se prolonga por más de una hora) suelen presentarse síntomas como taquicardia, dolor en el pecho, respiración rápida y corta, sensación de ahogo, de inestabilidad, de irrealidad. También hay oleadas de calor y frío, transpiración profusa, y miedo de morirse o de perder la razón.

Se calcula que este problema lo sufre un 5 por ciento de la población general y casi el 14 por ciento de los pacientes cardíacos. Es más frecuente en las mujeres y a menudo comienza al final de la adolescencia.

Una de las complicaciones más habituales es el desarrollo de un miedo anticipado: la persona teme perder el control durante esos ataques. Y como no sabe en qué momento surgirán, evita quedarse sola o salir a lugares públicos.

Cuando se presentan por lo menos tres ataques de pánico en un período de tres semanas, sin que haya esfuerzos físicos intensos o situaciones reales de amenaza para la vida, se estima que el problema debe ser tratado clínicamente ya que estamos en presencia de un desorden fóbico.

Cuál es el mecanismo

Existen factores fisiológicos objetivos que activan los ataques de pánico. Entre ellos, la reacción hipoglicémica (baja de azúcar en la sangre), el prolapso de la válvula mitral (problema cardíaco), la hipotensión ortostática, (baja de la presión arterial), la hiperventilación (respiración rápida y corta) y el consumo excesivo de drogas como cafeína, LSD, u otros estimulantes.

La variedad e intensidad de los síntomas difieren de una persona a otra. Algunas comparan el ataque con una pesadilla o una fuerte reacción adversa a algún medicamento, aunque probablemente lo más aterrador es una tremenda ansiedad y la impresión de perder el control.

Muchos lo han expresado diciendo: “Siento que no estoy aquí, que soy diferente, que me estoy muriendo o volviéndome loco. Es lo peor que a uno le puede pasar”.Todo lo anterior puede conducir a la desesperanza: la persona tiende a creer que su trastorno sobrepasa las posibilidades de control.

El miedo a su propia vulnerabilidad interactúa con respuestas psicológicas y afectivas, produciendo un círculo vicioso. Supongamos que un paciente experimenta un trastorno abdominal después de comer en exceso. Piensa: “Algo terrible puede pasarme”. Luego viene una respuesta fisiológica, como taquicardia, fatiga, transpiración.

En el aspecto afectivo hay ansiedad. Y en lo “mental”, bloqueo, confusión. En ese punto se produce una escalada cognitiva – fisiológica y conductual: “Me está sucediendo algo espantoso. No puedo controlarme. Me estoy muriendo. Necesito ayuda”.

Ni tan abandonado, ni tan protegido

Los fóbicos experimentan las crisis de ansiedad sólo de dos maneras: una, que pueden ser vivenciadas por la persona, como un sentirse abandonada y desprotegida en un mundo amenazante y peligroso, con la percepción de sí misma de vulnerabilidad y debilidad. Acompañada de la sensación de que le pueden suceder cosas muy “terribles” y con la angustia de “no poder controlar la situación”.

La sintomatología básica es asténica. Esto quiere decir que la experiencia ‘pérdida de control’ es vivida en términos de poder desmayarse, perder el conocimiento o morirse. La otra forma que toma el ataque de ansiedad es de tipo constrictivo.

Es decir, la persona vive el miedo como si estuviera aprisionada, como si no pudiera liberarse físicamente, como una restricción a su libertad física, y la sintomatología está siempre localizada en la región torácica, como una dificultad para respirar, por sentir el pecho como apretado y casi siempre en crisis de taquicardia. La persona tiene un ataque cardíaco y se percibe a sí misma sin ninguna posibilidad de “control” de lo que le está ocurriendo.

Estas dos formas se van alternando en la misma persona.

A estas conclusiones llegó el psiquiatra Vittorio Guidano, después de 20 años de investigación en este tipo de trastornos.

La relación de pareja y el ataque de pánico

Otra característica importante es que la crisis de ansiedad siempre está asociada con el curso que toma la relación de la persona con su pareja. Y que la aparición de los ataques son consecuencia de lo que la persona percibe en el otro.

Es decir, si el otro es visto como distante, desinteresado en la relación, el agorafóbico empezará a tener crisis de tipo desprotectivo; si por el contrario, si el otro es visto como restrictivo, la persona sufre ataque de pánico constrictivo.

Por ejemplo, si la persona sufre el ataque de pánico cuando llega a la oficina, es probable que se sienta con toda una sintomatología de tipo asténica, ya que se percibe abandonada y desprotegida por su cónyuge.

Si el ataque se produce al llegar a la casa, después del trabajo, lo más probable es que el ataque sea de tipo constrictivo, ya que la vivencia será de sentirse aprisionada y atrapada por su pareja. Lo más notable es que la persona no tiene ninguna conciencia de esto, es decir, de la asociación entre sus ataques y la forma cómo percibe que su pareja se está relacionando con él o con ella ahora.

El agorafóbico solo le presta atención a sus síntomas físicos, no es capaz de discriminar en sus sentimientos. Toda su vida afectiva es vivenciada en términos de sintomatología física. Estas personas están siempre involucradas en el control de sus sentimientos y en el control del otro, de tal manera de no sentirse nunca abandonadas, ni tampoco aprisionadas o atrapadas por su pareja.

Este es el estilo afectivo predominante. La meta para el agorafóbico será encontrar el justo equilibrio en estas dos polaridades. Cualquier situación de vida que lo desestabilice, disparará los ataques de pánico.

Como algo anecdótico, un paciente tuvo su primer ataque de pánico en la ceremonia nupcial, y por supuesto que fue de tipo constrictivo. Con la percepción de sentirse “atrapado” para toda la vida. Esta comprensión actual de la agorafobia, producto de las investigaciones de Guidano, ha permitido ahora desarrollar una terapia altamente efectiva en el tratamiento de un trastorno refractario.

Básicamente la terapia consiste en que el paciente tome conciencia de sus emociones y sentimientos de vulnerabilidad en las situaciones “restrictivas” y “desprotectivas” en relación a su pareja y que pueda elaborar su vida afectiva e “romper” con el hábito de vivir sus emociones de las sensaciones físicas, que lo hacen percibirse como un enfermo crónico de dolencias somáticas.

Fuente http://www.enplenitud.com

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¿Cuánto pesa el estrés? Posiblemente eso es lo que te hace sentir pesado o pesada

estres¿Quién no se ha sentido estresado? El estrés, por algunos denominado el mal de los tiempos modernos, nos invade a todos, manifestándose de diferentes formas.

EL ESTRÉS PUEDE LLEGAR A SENTIRSE COMO UN VERDADERO PESO QUE NOS INMOVILIZA, SIN PODER HACER NADA PARA SALIR DE ESE ESTADO. ESTE MALESTAR PUEDE SER SENTIDO POR CUALQUIERA Y, A MEDIDA QUE LA VIDA EN LAS GRANDES CIUDADES SE HACE MÁS AGOBIANTE, LA NECESIDAD DE BUSCAR SOLUCIONES SE HACE MÁS ACUCIANTE.

Denominado también en términos médicos como estado de ansiedad, el estrés está provocado por una situación externa o pensamiento que crea un desequilibrio emocional. Consecuencia de ello es que la persona se siente frustrada, furiosa o ansiosa, sensaciones generadas por el deseo de huir de la situación que lo provoca o querer confrontarla violentamente. Es difícil poder convivir con el estrés porque la vida a veces se hace de esta forma insoportable, el miedo y la ansiedad atenaza hasta las menores tareas cotidianas que, para afrontarlas, el individuo siente que tiene que realizar esfuerzos hercúleos. A ello se suma la incapacidad que surge para poder llevar una vida social normal, pues a medida que se acumula, crece la insociabilidad y el deseo de estar solo, lo que acrecienta la ansiedad y multiplica los miedos.

Se considera que el estrés en bajos niveles es positivo puesto que incentiva a la persona para realizar tareas productivas. Nuestra vida y el entorno que nos rodea se encuentra siempre en constante cambio, lo que nos exige un esfuerzo para adaptarnos, y ese bajo nivel de estrés procura mantenernos en alerta y disponernos a nuevas situaciones.

Sin embargo, cuando el nivel de estrés es alto se produce la alteración psicológica del individuo que sentirá no poder afrontar los cambios que se están produciendo en su alrededor, hasta el punto que él mismo percibirá que es rechazado, no solo de parte de las personas sino también de si mismo.

Cambios provocados por el estrés

Ello conducirá a cambios fisiológicos que pueden llegar a ser importantes y necesitar cuidados médicos. En una situación de estrés, el cerebro activa la secreción de hormonas en la glándula suprarenal, las cuales inician una reacción en cadena en el organismo que hace que el corazon lata de una forma mas rápida, se tengan temblores y suba la presión arterial, si el estado de estrés persiste se pueden crear problemas estomacales como úlcera o contraer arterias ya dañadas, con lo que se aumenta la presión y el consecuente peligro de contraer una angina de pecho o sufrir un paro cardiaco.

Psicológicamente, el estrés tiene varios síntomas que van desde la ansiedad, irritabilidad, confusión, miedo y alteraciones en el estado de ánimo. La obsesión en los mismos pensamientos generan excesiva autocrítica, olvidos, preocupación y miedo ante el futuro, dificultades en la concentración y el obsesivo temor al fracaso. Cualquier persona puede sufrir periodos de estrés en su vida. Lo peligroso es cuando estos periodos persisten y se hacen durarderos. Es entonces cuando se deben tomar medidas y acudir a un especialista que aminore o resuelva el estado de confusión que nos impide romper la interminable espiral en la que nos hemos visto envueltos y de la que nos vemos impotentes para salir.

Fuente http://www.revistaopen.com

Anteriormente ya hemos posteado acerca del estrés:

No te estreses demasiado: Te puedes dañar tu cerebro y médula espinal. Conoce lo que es el estrés crónico

Combate al estrés

El estrés “quema” a los empleados

La falta de sexo en el matrimonio produce estrés

Pierden el cabello mujeres etresadas

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Nuestro sudor también expresa sentimientos, “Huele a miedo”‏

olfato Los malos olores no son los únicos que persibe nuestra nariz. Un estudio de la universidad de Stony Brook, en Nueva York, demostró que este órgano tambien puede detectar el miedo o el estrés através de las sustancias que secretamos cuando sudamos. Los psiquiatras escanearon los cerebros de un grupo de voluntarios después de darles dos almoadas para oler, La primera estaba impregnada con el sudor que segregaron varios individuos antes de ser lanzados por primera vez en paracaídas, y la segunda, con el de personas relajadas. Las regiones cerebrales relacionadas con el miedo se activaban cuando los participantes olían el cojín de los paracaidistas. El estudio, difundido por New Scientist, concluyó que una de las razones es la presencia de feromonas en el sudor, además de provocar la atracción sexual, éstas son responsables de los cambios de ánimo.

Humildad para respetarse a uno mismo

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Cada Semana & Comentando la Nota

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Estar a gusto con uno mismo no es una alternativa de vida, es más bien una condición indispensable para una vida satisfactoria. ¿Qué nos espera si diariamente estamos a disgusto con nosotros mismos? Miedo, enojo, o tristeza para cada unos del resto de nuestros días. ¿Cómo no va a ser así si todos los días dentro de nosotros hay un pleito constante por ser como somos en vez de ser el ideal que soñamos? Superar los sentimientos de inferioridad, aceptarse uno mismo son condiciones necesarias para una vida en paz.

Al tener sentimientos de inferioridad o una baja autoestima, dejamos que otros tomen control de nuestra vida. Son varias las formas de cómo se manifiestan, a veces somos incapaces de dar una opinión pues imaginamos que no tenemos la inteligencia o la posición para hacerlo, dejando el campo abierto para que otro tome nuestro lugar. Y, al haber callado nos enojamos por dentro ya que no nos hicimos valer. Huimos y nos peleamos internamente. En ocasiones para sobrellevar este malestar y paliar el dolor, recurrimos a diversos tipos de adicciones. En otras, nos enojamos abiertamente. En todo caso nos AUTO SABOTEAMOS.

Cuando nos devaluamos nosotros mismos al enfocarnos en nuestros defectos en vez de nuestras virtudes, oscurecemos lo mejor, estamos tan ocupados tratando de desaparecer nuestras desventajas que olvidamos destacar aquellas características personales que nos hacen sentirnos mejor. Nuestra reserva de confianza desaparece. Por ello, un primer paso hacia una mejor persona es saberse imperfecto. Humildad al aceptar nuestros supuestos defectos, enfocarnos hacia nuestros talentos. Al aceptar con humildad nuestras carencias, facilitaremos que brille más nuestro sol interno.

En la filosofía oriental alcanzar el nirvana es alcanzar la paz interior poniendo atención en su relación con los demás, se sabe imperfecto como todos y por lo mismo no se sabe ni mas ni menos, eso es humildad saberse valorar en su justa dimensión, ni tan maravillosos ni tan pequeños, y eso refleja el estar entre los demás como  uno mas. INTEGRADO

BENEFICIOS DE LA HUMILDAD

Reducción de la ansiedad, miedo, y depresión. Menos conflictos, enojos y agresiones. Aumento en el optimismo, más y mejores amistades, Apertura a nuevas experiencias. Mayor aprendizaje y crecimiento, satisfacción en el trabajo, mayor empatía.