Lisa Connell, joven británica de 29 años, tiene cáncer terminal, pero antes de morir, contempla someterse al bisturí para lucir como Demi Moore

demi Se ha comprobado que el fanatismo no tiene límites, los fans son capaces de hacer casi todo por ser u obtener algo de sus artistas favoritos. Tal es el caso de Lisa Connell, enferma terminal, quien está dispuesta a desembolsar hasta 850 mil pesos en cirugía plástica para asemejarse a Demi Moore. Ante esta situación, que fue dada a conocer por la prensa británica, la esposa de Ashton Kutcher pidió a la fan, a través de su Twitter que no se realizara la cirugía, al considerarla lo suficientemente bella para cambiar su imagen: “Desearía contactarla para invitarla a no hacerlo. Es una mujer hermosa.”

Mientras que en declaraciones para “The Mirror”, la joven, a la que le fue diagnosticado un tumor cerebral inoperable en 2006, da el porqué desearía cambiar su imagen, donde, entre otras operaciones, contempla realizarse la liposucción, aumento de busto, estiramiento de la piel y tratamiento dental: “La gente piensa que estoy loca, pero yo sé que eso hará más felices mis últimos meses o años. Siempre he soñado con parecerme a Demi Moore, estoy decidida a que cuando muera seré como ella.”

Botox, dietas, ejercicios y lo que sea necesario por alcanzar la belleza, se ha convertido en la obsesión que marca el ritmo de los tiempos modernos; una fijación que, en algunos casos, puede resultar sumamente peligrosa

belleza Lograr ser atractivo no representa un obstáculo para nadie; sobre todo si el resultado final de pasar horas sobre una mesa en el quirófano o emplear artificios en pos de la belleza, harán desaparecer las llamadas “llantitas”, quitar arrugas o lucir más fuerte; con esto parece dejarse por sentado que la belleza no tiene precio.

Pero las cosas no son como parecen, o no salen como se esperaban; en ocasiones los resultados suelen ser catastróficos e irreparables. Y es que la inexperiencia o ineptitud de algunos “especialistas”, quienes se anuncian como magos capaces de devolver la juventud y hermosura a las personas, más que reformar una estética corporal, acaban por deformarla. Por increíble que parezca, existe una infinidad de autodenominados cirujanos plásticos, capaces de recetar o aplicar tratamientos con resultados funestos en sus pacientes. “En estas circunstancias, las agravantes pueden ir desde problemáticas menores como infecciones, deformidades locales, hasta condiciones que involucren la muerte de pacientes; pasando por la pérdida de funciones, partes y órganos”, asegura el Dr. Enrique Garavito, jefe de la Comisión de la Sociedad Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, A.C.

Falsos profetas

En México, a las más de 60 mil intervenciones cosméticas realizadas anualmente por profesionales certificados, se suman otras tantas elaboradas por charlatanes que carecen de instrucción médica. Cifras realmente espeluznantes que ofrece esta comisión, la cual forma parte de la Secretaría de Salud Pública y una de las organizaciones de su tipo con más prestigio en México.

Quizás uno de los ejemplos más claros de ello y que causó horror en México, es el de Myriam Yukie Gaona, mejor conocida como la “Mata bellas”; la mujer, haciéndose pasar por especialista en cirugía estética, practicó más de mil 500 intervenciones en la ciudad de Guadalajara; entre otras cosas, inyectaba silicón de uso industrial en las nalgas o en los senos, pero también usaba aceite de bebé, de cocina y hasta para autos. Lo hizo impunemente durante unos tres años, y dejó una larga estela de rostros desfigurados, senos, piernas y glúteos amputados, además de innumerables casos de traumas psicológicos. La pregunta es inevitable, ¿cómo hace alguien para estafar durante tanto tiempo y realizar este tipo de atrocidades a la comunidad? “Hay dos factores primordiales que influyen en estas situaciones; el desconocimiento de los mecanismos de recuperación, cuyos resultados negativos pueden aparecer en meses o años y el sentimiento de vergüenza en las personas que han sido dañadas profundamente en su psicología y su estética”, señala Garavito.

Personas que prefieren esconderse antes de enfrentarse al escarnio, luego de exponer su credulidad.

El riesgo del bisturí

La visita a una clínica de tratamiento de la piel a finales de 2004, en un suburbio de Florida, cambió la vida de Jordan Miles, una mujer de 52 años que pretendía eliminar las manchas solares que tenía en brazos, espalda y pecho con tratamiento láser. Dos mujeres fueron las encargadas de llevar a cabo el procedimiento, pero ninguna contaba con el entrenamiento necesario. De esto se enteró después Miles, quien ahora tiene cicatrices en forma de líneas por todo el cuerpo, “como una cebra”, según dice la mujer.

“La mala práctica se da porque alguien que tomó un curso de medicina estética quiere inyectar, operar y realizar procedimientos, sin formación profesional; esto, muchas veces, repercute de forma muy grave para el paciente”
, dice Garavito. Este es uno de los principales riesgos, porque en realidad los pacientes se ponen en manos de un “especialista”. Ahora, se auto nombran así sin tener experiencia o preparación, porque están ansiosos por su tajada del banquete que representa el negocio de la belleza, en la que se gastan miles de millones de dólares.

En la senda del peligro están todos los sitios donde se realizan muchos de estas “operaciones”, sin los mínimos requisitos de iluminación, sanidad o instrumentación.

En un hospital de la ciudad, durante una guardia médica, Enrique Garavito escuchó de pronto los aterradores gritos de una mujer. Cuando preguntó qué pasaba, le informaron que un practicante estaba realizando un procedimiento quirúrgico a una enfermera de la institución. Intrigado y preocupado, el médico se dirigió al sitio de donde provenían los lamentos y quedó en shock al ingresar a la escena que sucedía en un cubículo con iluminación extremadamente tenue y con la aplicación de una anestesia insuficiente; ahí le practicaba un lifting.

Sólo con profesionales

“Hace tres meses confié en una amiga, que me metió silicón fluido en las nalgas. Cuando me inyectó, me salió sangre. Yo estaba consciente de esto y que era malo, porque cuando a uno le meten la jeringa tiene que estar bien para seguir inyectando el líquido. Pasó lo peor, se me formó un absceso”, narra una mujer colombiana, protagonista de un suceso que, desafortunadamente, se vuelve cada vez más común entre aquellos que persiguen la belleza a como dé lugar.

“Esta es una de las circunstancias más peligrosas a las que se puede llegar. Si cualquier tipo de automedicación es peligrosa per se, mucho más lo es en el caso de procedimientos estéticos. Es aquí donde se presentan los mayores riesgos, porque casi nunca se cumplen los patrones mínimos de higiene y calidad en los materiales empleados; de ahí surgen los mayores problemas de deformidades y daños irreversibles”, acota Garavito. Un elemento del cual no pueden obtenerse cifras exactas como los productos de desecho o reciclados, han sido puestos al descubierto por investigaciones en Colombia, como materiales obtenidos en hospitales sin ninguna regulación para emplearse en tratamientos de belleza clandestinos que se realizan a bajo costo.

Es decir que, lo que es extraído a un paciente determinado, puede llegar a recuperarse para venderse en el mercado negro y acabar en el busto o los glúteos de una mujer a quien se le ha hecho creer que recibe implantes nuevos y de última generación. En México, aunque no se han reportado este tipo de “transacciones”, nadie puede asegurar que no ocurra.

La belleza se ha establecido como uno de los elementos más importantes de la sociedad contemporánea. Y no está nada mal hacer lo que se crea necesario para sentirse bien con uno mismo, pero no cuando los remedios ponen en riesgo la misma estética y, peor aún, la salud. Como tal, el viejo adagio de “lo barato sale caro” se hace presente bajo esta premisa.

No está mal querer sentirse bien con uno mismo, pero conservar la salud debe ser el límite para saber cuando parar.

Vanidad, aceptación social ¿Por qué hasta los jóvenes necesitan hacerse una cirugía?‏

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Y a propoósito de que acabó de ver el certamen Miss Universo 2008, veo que los cánones de belleza han cambiado demasiado, y en algunas ocasiones nos parece que la belleza es demasiado artificial. Y algo que vemos es que esto se refleja en las generaciones más jóvenes, es impresionante lo que piensan los jóvenes acerca de la cirugía plástica. Esta es la realidad de la cirugía plástica en adolescentes. En los últimos años, el cambio de apariencia ha mostrado un aumento considerable en los jóvenes, debido a que buscan una aceptación social y mejorar su estado de ánimo.

Durante mucho tiempo y por vanidad, la cirugía plástica fue del dominio exclusivo de celebridades, ricos y famosos. Sin embargo, para una generación que aún no ve los primeros indicios de celulitis, dichos procedimientos tienen menos que ver con la apariencia y más con aliviar una fuente de dolor físico o emocional.

Entre las y los adolescentes de 18 años y menores, el número de cirugías plásticas aumentó en Estados Unidos de 59 mil 890 en 1997 a más de 205 mil 119 en 1997, según la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Estéstica (ASAPS, por sus siglas en inglés). Dicha cifra incluye intervenciones tales como reducción de busto y procedimientos no quirúrgicos como depilación láser, microdermoabración y dermoexfoliación química.

Es posible que dicho aumento esté relacionado con la búsqueda de un mayor nivel de aceptación por parte de la sociedad, con la creciente cantidad de cirujanos disponibles y con la enorme cantidad de información disponible en internet y la televisión.

“Los pacientes más jóvenes están tratando de ser aceptados y de lucir más como sus compañeros, mientras que los adultos tratan de mejorar algunas cosas o que éstas luzcan diferentes”
, señaló el cirujano plástico Walter Erhardt.

En 2007 se realizaron 8 mil cirugías de aumento de busto en mujeres de 18 años y menores. Sin embargo, ese número es insignificante en comparación con el número de adolescentes que optaron por someterse a una operación para corregir deformidades en las orejas, nariz o busto. La cirugía que en 2007 tuvo más demanda entre los adolescentes fue la otoplastía (procedimiento para reducir y cambiar la forma de las orejas), con más de 12 mil casos.

Para los adolescentes, dichos procedimientos “pueden contribuir a mejorar su actitud, estado de ánimo y la forma en la que se sienten con ellos mismos” afirmó la cirujana plástica Diane Alexander.

Pero aunque la cirugía plástica puede proporcionar resultados positivos a nivel emocional y físico, no se recomienda a pacientes más jóvenes, pues aún no tienen la madurez necesaria para manejar este tipo de procedimientos. Operar partes del cuerpo que aún no se desarrollan del todo puede interferir con su crecimiento.

Los pacientes también debe poder entender el procedimiento y los riesgos, establecer expectativas realistas y dedicar tiempo a la recuperación.

La decisión de someterse a una cirugía debe fundarse en un deseo personal y no en agradar a otras personas, incluyendo a los padres.

Para garantizar un resultado exitoso, los pacientes deben comprometerse a dar seguimiento a la operación y dedicar tiempo a su recuperación y mantenimiento. Los periodos de recuperación pueden variar y con frecuencia es necesario que el paciente permanezca inmóvil a ratos y que cambie constantemente los vendajes.

“Uno de los principales malentendidos entre los pacientes jóvenes es creer que pueden someterse a la cirugía el viernes e irse a una fiesta el sábado”, mencionó Carol Martin, asesora en cirugías cosméticas.

Si los pacientes adolescentes no pueden dedicar tiempo a la recuperación, probablemente deberían posponer la cirugía.

Una vez que se tomó la decisión, es de suma importancia entender los riesgos. Una cirugía plástica requiere anestesia y por lo tanto, tiene el potencial de presentar complicaciones como parálisis temporal, un ataque al corazón o de apoplejía.

“Deben olvidarse de la palabra ‘cosmética’ y recordar ‘cirugía'”
, dijo la doctora Foad Nahai, cirujana plástica con sede en Atlanta, quien dijo que muchos de los pacientes jóvenes piensan, erróneamente, que no existen riesgos, cicatrices permanentes y un periodo de inactividad. “No es como ir a hacerse un manicure o pintarse el pelo”, señaló. “Si no se tiene éxito, pueden presentarse serias consecuencias”.

Fuente: http://www.el-universal.com.mx (Traducción: Gabriela Cornejo)

“Vaginoplastía” Lo más íntimo en cirugía estética

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INTERVENCIONES PARA REDUCIR EL CANAL VAGINAL Y ACABAR CON LAS ARRUGAS, FLACIDEZ, E INCLUSO, BLANQUEAR LA ZONA DEL ANAL SON EL ULTIMO GRITO DEL BISTURI AL PARECER, TODO VALE SI SE HACE EN EL NOMBRE DE LA BELLEZA. EN MEXICO POCO A POCO SE VAN ELIMINANDO TABUES Y HAY PACIENTES QUE LLEGAN CON UNA FOTOGRAFIA COMO MUESTRA DE LA VAGINA  CON LA UQE QUIEREN SALIR DEL QUIROFANO.

Desde hace décadas, las mujeres y hombres no dudan en recurrir a la varita mágica de los cirujanos plásticos con la única finalidad de frenar el tic-tac del relog biológico. Pero ahora esos hombres y mujeres pueden ir  más allá gracias a los alcances de la cirugía plástica recostructiva en el área genitourinaria.

Hasta hace unos años, la vaginoplastía o rejuvenecimiento vaginal sólo era una opción a la que se recurría para corregir los problemas de incontinencia urinaria que sufren muchas mujeres al toser o al reir. En estos casos se les practicaba una recostrución de los músculos del perine y asunto arreglado. Aunque ultimamente se ha popilarizado toda una gama de terapias enfocadas a mejorar el aspecto de dicha zona y conseguir que sea igual que cuando tenían 15 años. Incluso algunas pacientes que desean ocultar el hecho de haber perdido la virginidad optan por la recostrucción del himen.

Los detalles o el porque de ello son insospechadamente variados. Por ejemplo, hay mujeres que no se atreven a usar pantalones ajustados, pues su monte de venus es muy alto o tienen mucha grasa acumulada, y una lipoescultura  en las caderas ayuda a disminuir el volumen. Otro problema muy frecuente son los labios mayores o menores. Para aquellas con labios menores muy grandes, la solución es una reducción o restructuración en la que también se corrigen arrugas y flacidez.

En el polo opuesto están las que quieren aumentarse el volumen de sus labios o el de la vulva. Para ellas, la opción es una lipotransferencia, un proceso donde se extrae grasa de otra parte del cuerpo o se usa un implante similar a una prótesis. De este modo pueden eliminarse cicatrices, verrrugas y fístulas. Al estrechar la cavidad vaginal, que se ensancha tras los partos, aumenta el roce entre los órganos sexuales y las terminaciones nerviosas y con ello la satisfacción sexual mejora.

En Estados Unidos, Brasil y Argentina estos tratamientos causan furor desde hace 5 años, pero en México por lo general las mujeres sienten pena al reconocer que tienen problemas como éste y al mostrar sus genitales. No obstante se ha ido poco a poco eliminando el tabú y hay pacientes que llegan con una fotografía de chicas que aparecen en revistas pronográficas, para salir del quirófano con esa misma vagina.

Someterse a cualquiera de estas intervenciones es relativamente rápido, (durante una hora y media dos horas), pues se practica con anestesia local, son cirugías poco invasivas y por lo general no requieren de ingreso hospitalario. Además los precios dependiendo del tratamiento suelen estar al alcance de casi todos los bolsillos que permiten otro tipo de retoques estéticos. El costo oscila entre 10 mil y los 25 mil pesos (1,000 y 2,500 dólares). Si a eso sumamos que ya es posible tener paquetes para retocar la nariz y aumentar la talla de los senos en un asola operación, quizá el mal trago pueda ser aprovechado para rejuvenecer las zonas más íntimas del cuerpo, que lo sabemos, también sufren los estragos del tiempo.

Bllanqueamiento anal y vaginal

Otro tratamiento que se ha puesto de moda entre ambos sexos es el blanqueamiento anal. Este procedimiento, a través del cual se aclara la piel al rededor del ano, consiste en aplicar ácido glicólico (extraído de las frutas) y de forma complementaria, utilizar cremas despigmentantes. Lograr el resultado deseado depende del grado de obscureciemiento de la piel, pero suele llevar de cuatro a diez sesiones. (Por espacio de 15 días entre una y otra)  y el precio de un tratamiento así asciende a unos 3mil pesos por cada visita (unos 300 dólares por visita).

Los hombres y las mujeres de más de 25 años, sobre todos los que son obesos suelen padecer acantosis nigricans, un transtorno cutáneo caracterizado por piel obscura, gruesa, y aterciopelada en las áreas flexibles y los pliegues del cuerpo como son la entrepierna, las axilas, las areas del cuello y genital.

Además del blanqueamiento anal existe el vaginal. La cavidad vaginal suele estar obscurecida por el hierrro que contiene la sangre de la mujer, cuando menstrua obscurece la zona, y para aclararla se lleva acabo un peeling con ácido glicólico y con ácido tricloacético.