“Se le puede amar u odiar, pero no se le puede ignorar”… La historia de Bill Gates‏

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La policía del estado de Nuevo México detuvo el 13 de diciembre de 1977 a un joven rubio que conducía sin licencia. Lo llevó a la comisaría y le hizo varias fotos de frente y de perfil. El joven de 22 años, que usaba gafas enormes, sonrió mientras sostenía su número de ficha policial: 105,519. Le parecía divertido todo aquello.

No era la primera vez que este chico daba un disgusto a sus padres. Dos años antes, en 1975, el chaval había dejado la universidad, pero no cualquier universidad sino Harvard, la fábrica de talentos mundiales. La verdad es que no era muy aplicado. “Durante mi primer año, instituí una política deliberada de saltarme la mayoría de las clases para después estudiar febrilmente al final del curso”, confesaría muchos años después en un libro de recuerdos. ¿Y qué hacía durante su tiempo libre? “Llené mis horas de ocio con una buena cantidad de póquer”.

Tahúr, travieso, vago… ni los policías del estado de Nuevo México ni los profesores de Harvard podían imaginar que aquel chico se convertiría en la mayor fortuna del universo 20 años después. Según la última clasificación de la revista Forbes, su riqueza alcanza los 56.000 millones de dólares (unos 41.670 millones de euros). Su ocupación: hacer programas de ordenador. Empresa: Microsoft. Plantilla: 76.000 personas, en 102 países. Edad: 51 años. Su nombre: William Gates III, más conocido como Bill Gates. Y, ahora, la pregunta del millón: ¿Cómo llegó tan lejos aquel gafotas que jugaba al póquer en la universidad?

Bill Gates es el segundo de los tres hijos que tuvo el matrimonio formado por William Gates y Mary Maxwell. Nació el 28 de octubre de 1955 en Seattle, en la costa oeste de EE UU. La suya no era una familia pobre, desde luego. El padre de Bill era un destacado abogado y la madre, una ejecutiva de alto copete del First Interstate Bank, uno de los mayores del país.

Viniendo de una saga con tanto dinero, no tuvo problemas para entrar a los 13 años en Lakeside School, la escuela más prestigiosa y cara de Seattle, donde descubrió muy pronto su pasión por los ordenadores gracias al Club de Madres. Y es que tras una rifa benéfica, este grupo de mujeres hizo algo que años después agradecería la humanidad entera: comprar un ordenador para el colegio. Bill Gates y su amigo Paul Allen programaban juegos sencillos sentados frente a aquel enorme, pesado y lento aparato hasta que éste deglutía los resultados, que luego aparecían en una gran impresora. “Entonces, nos lanzábamos sobre ella para echar un vistazo y ver quién había ganado”, confiesa Gates en su autobiografía. Una maniobra que tardaba ¡30 segundos! Aquel trasto, llamado PDP- 8, fabricado por Digital Equipment, costaba 18.000 dólares (unos 13.400 euros). Ocupaba el tamaño de un pequeño armario de metro y medio de altura, pero sirvió para que un joven de 13 años soñase con que algún día millones de individuos podrían tener sus propias computadoras. “Estoy seguro de que una de las razones por las que estaba tan decidido a ayudar a que se desarrollara el ordenador personal era porque quería tener uno para mí”, ha dicho varias veces.

Esa visión comenzó a hacerse realidad en 1975. Un día, deambulando por las calles cerca de la universidad, Gates y Allen se fijaron en otro modelo: la revista Popular Electronics mostraba una pequeña computadora para ensamblar en casa por 397 dólares (unos 296 euros). Llamarlo computadora era demasiado porque era una caja de luces sin teclado y sin pantalla. Su nombre era Altair, y lo más importante de todo es que llevaba en el corazón un innovador chip 8080 de Intel. Gates y Allen quedaron paralizados. O se daban prisa, o alguien se les iba a adelantar creando el software para ese chip. Paul Allen consiguió el manual del 8080 y con Gates se dedicó a escribir un programa Basic modificado. “Paul y yo no dormimos mucho y perdimos la noción de la noche y el día”, confesaría Gates años después. “Pero a las cinco semanas, teníamos escrito nuestro Basic y había nacido la primera compañía de software para microcomputadoras. En su día la denominamos Micro-Soft”.

Fue entonces cuando Bill Gates decidió abandonar la universidad. Tenía 19 años. Bill Gates fue un hombre orquesta en los tres primeros años de existencia de Microsoft. Era agente comercial, llevaba las finanzas y el marketing, y mejoraba su propio programa. Estaba naciendo la industria del ordenador personal y las empresas informáticas acudían a Microsoft con toda clase de proyectos. El volumen de trabajo era tan desmesurado que Gates recurrió a un viejo compañero de la universidad llamado Steve Ballmer para que se ocupara de dirigir la compañía, ya que Gates no quería dedicar más de un 10% de su esfuerzo mental a los negocios. Ballmer aceptó con la condición de que le diera manga ancha para contratar personal. Gracias a ello, las ventas de Microsoft crecieron incluso más rápido de lo que esperaban.

Sin embargo, todavía no se había cruzado lo que Gates denominaba el “umbral de aceptación”, esa frontera en la que un producto salta a las grandes masas, como sucedió con la televisión en los años cincuenta. Y fue en 1980 cuando se presentaron en las oficinas de Microsoft en Seattle dos emisarios de IBM que les hicieron un encargo histórico: escribir el software para un ordenador personal que se estaba cociendo en sus laboratorios. Gates aceptó el reto. Su equipo trabajó frenéticamente para crear ese lenguaje que se llamó MS-DOS (Microsoft Disk Operating System). En agosto de 1981, IBM presentó su PC (Personal Computer) con un nuevo chip de Intel más potente, el 8088, y con tres programas para hacerlo funcionar: uno era de Digital Research; otro, el Pascal, desarrollado por la Universidad de California- San Diego (UCSD); y, por último, el MS-DOS de Microsoft, del que no se sabía nada. ¿Quién sería el ganador? Bill Gates se había fijado en la pelea entre los vídeos Betamax de Sony y VHS de JVC durante los años setenta, y se dio cuenta de que el éxito de VHS se debía a que JVC permitió a otros fabricantes de vídeo usar su patente con un coste muy bajo. Microsoft hizo lo mismo. Permitió a otras firmas fabricar programas basados en MS-DOS. Y además, se aseguró de que MS-DOS fuera el más barato de los tres programas que competían por la tarta de los PC: 60 dólares (unos 45 euros), es decir, mucho menos que los 175 dólares (alrededor de 130 euros) de Digital Research, y los 450 dólares (335 euros) del Pascal. Asimismo, IBM no tenía la exclusiva del programa sino que Microsoft la cedía a otras empresas de ordenadores, los famosos clónicos del PC que empezaron a crecer como hongos.

En poco tiempo, Microsoft se convirtió en el estándar de la industria y Gates consiguió salir en la portada de Time por primera vez (saldría seis veces más) como el hombre que había hecho magia con chips –su amigo Paul Allen ya estaba aquejado de un cáncer y no podía llevar el mando de la empresa–. “En realidad, todo el éxito de Gates se basó en aquel contrato con IBM”, dice Brian Subirana, profesor de Sistemas de Información de la escuela de negocios IESE (Universidad de Navarra). Pero el programa de Microsoft era aún muy tosco de manejar; casi para especialistas. Otro joven, Steve Jobs, que también había abandonado la universidad, agregaría un ratón para pinchar y mover las cosas con más simpatía en sus ordenadores Apple. La pantalla se llenaba de figuras e iconos que representaban objetos naturales como papeleras o carpetas. Gates visitó a Jobs y, fruto de su colaboración, nacieron los programas Microsoft Word y Excell, dos productos sin los que hoy no se podría vivir en el mundo de la informática. Pero Apple no quería que su sistema fuera compatible con ningún otro, de modo que Gates se llevó su invento y lo adaptó a los PC. Y haría algo más, construir un nuevo programa informático que convertía la pantalla en una forma más divertida de manejar el ordenador, a través de un ratón y unas ventanitas. Lo llamó Windows (ventanas, en inglés).

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Salida a bolsa y Windows 3.0. Gates se convierte en un “simple” cienmilmillonario

A medida que los programas de Microsoft invadían el mercado, nuevos y más audaces fabricantes entraron en el negocio de la informática: algunos descollaron, como Dell, Compaq y Toshiba, y otros se estrellaron como Amstrad. Gates necesitaba dinero para seguirles el ritmo y ofreció a IBM la tercera parte de Microsoft, pero el gigante, quizá enfermo de soberbia, rechazó la oferta. Entonces, en 1986, Bill decidió sacar su empresa a bolsa y dado que la mayor parte de sus empleados eran accionistas, les convirtió en millonarios de la noche a la mañana. La acción salió a un precio de 21 dólares (casi 16 euros) y en pocos segundos subió a 29 (algo más de 21 euros). Los brokers se quedaron boquiabiertos. Uno de ellos comentó al Seattle Post- Intelligencer: “Nunca recibí tantas llamadas de teléfono para un estreno en bolsa como en el último mes para Microsoft”. Su empresa comenzó a sacar nuevos programas como agendas, correos electrónicos, organizadores, pero todavía le faltaba un paso para llegar a las masas. Eso sucedió en 1990, cuando sacó la versión 3.0 de Windows. Esta vez era tan sencillo de manejar, que la humanidad entera podía tener un ordenador. En dos semanas vendió 100.000 copias de dicho sistema operativo. Tres años después, su éxito era tan apabullante que fue nombrado por Forbes el hombre más rico de Estados Unidos. Y desde 1995 hasta hoy ocupa el número uno como el hombre con más fortuna del mundo, un honor que no le hace mucha gracia porque confiesa que eso le hace ser el centro de atención. En 1999, poco antes de que estallara la burbuja de internet y un montón de empresas acabaran estrelladas, la fortuna de Gates sobrepasó durante varios meses los 100.000 millones de dólares (unos 74.500 millones de euros), razón por la cual la prensa americana acuñó para él solo el término “cienmilmillonario”. Claro que la gente no tiene en cuenta que la fortuna de Gates se debe a que es propietario del 45% de las acciones de Microsoft y que sólo tendrá esa cantidad en la mano el día en que las venda. Hay quien estima que Bill Gates es un hábil hombre de negocios, pero la verdad es que ese adjetivo le disgusta. Disfruta más leyendo Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking, o la biografía de científicos como Watson y Crick –los descubridores del ADN–, que la vida de Henry Ford. “Mire a su alrededor y compruebe si hay algún libro de negocios en la estanterías”, dijo una vez a un periodista que recibió en su despacho. “¡No los necesitamos!”. Eso daría la idea de que Microsoft es una fábrica autónoma de ideas y de fantasías informáticas. Sin embargo, muchos expertos acusan a Gates de no haber creado una empresa revolucionaria sino “evolucionaria”. Roba ideas de otros y las mejora. De hecho, el Basic con el que comenzó Gates era una invención de los años 60 de otros programadores y la verdad es que todos los lenguajes informáticos son modificaciones de los anteriores. Windows, su programa más vendido, es una copia del de Apple, y el navegador Explorer, una imitación mejorada del Navigator de Netscape.

Lo cierto es que a mediados de los noventa sus programas corrían por el 90% de los ordenadores del planeta. Fue entonces cuando la magia de Gates comenzó a sufrir duros golpes y sería acusado de aniquilar a sus competidores. Surgió una nueva faceta de Gates, el hombre de cemento. Cuando los jueces de EE UU le preguntaban si había enviado a sus subordinados correos con órdenes para monopolizar el mercado, Gates respondía con un simple “no lo recuerdo”. Las pruebas eran evidentes. Poco después de que Netscape sacara su buscador Navigator, Microsoft presentó el Explorer. La ventaja de Gates era que cada ordenador venía de fábrica con el sistema operativo de Microsoft y de paso se colaba el Explorer. Un año después, Explorer había ganado la batalla. ¿No se llama a esto abuso? “En el mundo de la programación en el cual nosotros trabajamos sólo importa una cosa: beneficiar a los consumidores”, respondió en 2005 Gates cuando los periodistas de Der Spiegel le clavaron esa pregunta.

Se impone la ley del más fuerte, sólo los omnipresentes sobreviven

Según Gates, su compañía ha sido la única en responder rápidamente a la demanda del mercado y a un precio más bajo que los demás, porque tiene el departamento de investigación y desarrollo más grande del mundo. Pero personas que han trabajado con él tienen otra versión: “Sentía (Gates) que estaba luchando por la supervivencia de su compañía”, escribe Robert Slater en un libro que explica cómo resistió Microsoft los embates de la justicia. Y eso revela otra faceta de la personalidad de Bill: es un hombre que defiende su empresa como una leona a sus cachorros y de una forma cruel. “Es darwinista”, ha llegado a afirmar Rob Glaser, un ex ejecutivo de Microsoft. “Nunca espera situaciones en las que las dos partes ganen, sino que busca las vías para que los otros pierdan”.

Se le reprueba, también, su estilo brusco de gobernar la empresa y que haya hecho llorar, incluso, a muchos empleados. “Yo no critico a las personas, critico las ideas”, se defiende Gates. “Si veo que algo me hace perder el tiempo o que no es apropiado, no me lo guardo, lo suelto enseguida. Verán que digo muchas veces en las reuniones: esa es la idea más absurda que he escuchado en mi vida”.

De lo que nadie duda es que hoy Microsoft no sólo es la empresa más valiosa en bolsa sino que tiene muchos negocios y productos. Participa en la MSNBC, el tercer canal de televisión por cable de EE UU, que además tiene una web del mismo nombre. Y, por si fuera poco, ha lanzado productos de entretenimiento, como la XBOX; programas para móviles y palms, como el Windows Mobile, y promete seguir pensando en el futuro.

Gates vive hoy con su mujer y sus tres hijos en una casa en Seattle donde todo puede ser programable con un mando a distancia. Ha despertado la envidia por su piscina de mármol, su garaje para 20 coches y su precio: más de 50 millones de dólares (unos 37 millones de euros). Posee manuscritos valiosos como el Código de su querido Leonardo Da Vinci, que compró por 30 millones de dólares (22 millones de euros aproximadamente), en 1994.

Admirado, perseguido, criticado y pirateado como ningún hombre de empresa en la Historia de la humanidad, la revista Fortune dijo de él: “Se le puede amar u odiar, pero no se le puede ignorar”. A pesar de todo, en una larga entrevista para los archivos del Museo de Historia de EE UU, Gates resumió su estado de ánimo de esta forma: “En todos estos años mi trabajo ha sido lo más divertido que podía imaginar”.

Fuente: muyinteresante.es


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¡Espejito, espejito….dime quién es el más guapo y… exitoso!

¡Ahora si! Que se mueran los feos, no me importa que me quede solo en el universo jajajaja Este parece ser el sueño de los hombres de alta autoestima pero ahora, según investigaciones de economistas estadounidenses, cuanto más tiempo dedique una persona a su apariencia, probablemente gane más dinero en la oficina. Este efecto es aun más claro en los hombres.

Se ha publicado una bibliografía de carácter económico que asevera que cuanto más atractiva sea una persona, mayores son las probabilidades de triunfar en la vida.

Esto puede resultar preocupante, porque quiere decir que en la actualidad lo más importante es lo superficial, es decir sólo las apariencias, sin valorar siquiera la capacidad de las personas. Esto crea una cultura narcisista en donde hay una ausencia de valores y sólo se considera lo vano.

Todos sabemos que la gente es juzgada por su apariencia, incluso nosotros mismos nos dejamos llevar por la primera impresión, pero lo que realmente importa es que las empresas deben reclutar sobre la base del talento, sin considerar la apariencia, aún a pesar de caer en la tentación de preferir a alguien bien parecido contra alguien que no lo es.

Un ejemplo claro de lo antes mencionado es Bill Gates, que no es precisamente un galán hollywoodense, pero que su talento y su éxito son indiscutibles.

La Universidad de Negocios de Martha y Spencer Love realizaron un encuesta a 13 mil individuos acerca de las ocupaciones que realizaban durante el día y cómo invertían su tiempo. Los resultados fueron comparados directamente con las ganancias monetarias percibidas por cada uno de los individuos.

Las conclusiones son suficientemente claras: el tiempo extra dedicado al arreglo personal tiene un efecto positivo y significativo en las ganancias, esto aplicado tanto a hombres como en mujeres. En el caso de los hombres, sobre cada 10 minutos extras que dediquen al arreglo personal, aumenta su salario en un 6%; en cambio para las mujeres la proporción tiende a cuadruplicarse, es decir deben dedicar 40 minutos para obtener el mismo aumento.

En países como Estados Unidos, Reino Unido, Australia y China se repite la misma tendencia, de acuerdo a la investigación citada. Es muy claro que nadie quiere que su personal se presente ante su cliente con mal aspecto, sin asearse, descuidado o sucio, incluso sus mismos compañeros no lo apreciarían. Además se corre el riesgo de que clientes exigentes simplemente se nieguen a recibirlo o eviten relacionarse con una persona así.

Por lo que hacer un esfuerzo adicional para mejorar nuestro aspecto refleja el compromiso con el trabajo y puede resultar razonable que los empleadores recompensen más a quienes se esfuerzan tanto en su apariencia como en su trabajo.

En grandes corporativos, sabemos que es más premiada la belleza que el talento, ya que muchas organizaciones viven de la imagen que proyectan a sus clientes, aunque sea más apariencia que sustancia, pero es comprensible cuando, al final del día lo más importante son las ventas.

Un ejemplo claro de esto fue lo sucedido con Enron que utilizó todos los medios posibles para que a la luz de la opinión pública se mantuviera como una empresa sólida, próspera y fantástica, aunque en el interior se descubrió todo lo contrario.

En conclusión, nuestra recomendación será, como siempre, considerar el justo medio, debemos incrementar nuestras capacidades competitivas, aprender nuevas y mejores habilidades, aportar talento a nuestras organizaciones sin descuidar nuestra apariencia, cuidar que siempre tengamos nuestras prendas y accesorios en buen estado, que vistamos de forma profesional, pulcra y dignamente, invertir en nuestra imagen, procurar el aseo personal, considerando que dentro de la cultura empresarial es muy importante la apariencia.

Fuentes:

http://www.competitividadenred.com

Periódico Reforma, Matthew Lynn, columnista.

¿Qué hace Bill Gates en los Juegos Olímpicos?‏

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¿Qué hace Bill Gates en los Juegos Olímpicos? ¿Te imaginarías la justa del futuro puramente virtuales; estará tramando algo? Además de las hazañas de los campeones, Beijing 2008 pasará a la historia como los “Juegos de Internet”: Transmisiones por Internet, cobertura 24 horas en tiempo real y bajo demanda, con fotografías, vídeos, divulgación de los resultados en portales y celulares, acceso a blogs de atletas, periodistas y comentaristas en vivo y en directo desde Beijing.

Para goce de Gates, todo el mundo de Internet se abre a los usuarios: foros, posibilidad de compartir y comentar artículos, noticias, fotos y vídeos, encuestas diarias, galerías de fotos, resultados y medallero por cada deporte y por cada país.

A Gates y a su esposa Melinda se les ha visto en partidos de tenis -presenció la derrota de Roger Federer ante el estadounidense James Blake- y de badminton, deporte introducido como olímpico en Barcelona 1992.

Antes de los Juegos, en una conferencia en Hong Kong en conmemoración de los 10 años de su empresa en China, pronóstico que en la próxima década, la que ha bautizado como ‘la década digital’ , la ciencia interactiva liderará el desarrollo de la tecnología.

En su papel de gurú, Gates está convencido de que toda información de cualquier tipo llegará a través de canales digitales inalámbricos. Todo será interactivo: desde los juegos hasta las conferencia, desde las enciclopedia a los sistemas de traducción, como la publicidad, las compras y las ventas.

Su división en China está diseñando nuevas aplicaciones que permitirán que los móviles puedan hacer los mismos trabajos que los ordenadores: conectarse sin cables a teclados, dispositivos de almacenamiento y monitores.

También planea lanzar nuevos juegos con varios participantes simultáneos para móviles.

¿Hemos dicho juegos?.

Gates prosigue estos días su recorrido por distintos centros deportivos. Se ha concentrado hasta ahora en las disciplinas individuales.

El segundo empresario más rico del mundo -en la última clasificación de Forbes, Warren Buffet le superó en 2.000 millones de dólares que los 62.000 que vale su fortuna- observa los duelos y su mente creadora carbura sin parar, como lo hizo hace 30 años con un grupo de compañeros de la escuela Lakeside.

De allí derivó luego la fundación de Microsoft en 1975 junto a su socio Paul Allen. La empresa se trasladó a Washington en 1979 para desarrollar el sistema operativo ‘MS-Dos’ y el Windows, programas que hoy en día utilizan nueve de cada diez ordenadores del mundo.

En Pekín 2008, Gates, que dejó los mandos de la compañía en junio pasado, imaginará mundos olímpicos virtuales en los que jugadores en casa o en la calle, desde ordenadores y móviles, podrán competir con ciudadanos de otros países en distintas especialidades en busca de títulos, podios y medallas.

Gates parece que se ha entusiasmado con el badminton, cuyos orígenes se remontan al juego chino ‘Ti Jian Zi’ , practicado en el siglo V antes de Cristo. Los oficiales británicos destinados en la India lo llevaron a Inglaterra, donde, en 1873, el Duque de Baufort lo introdujo en sus dominios de Badminton House.

En sus previsiones del futuro digital, Bill Gates, dice que uno de los grandes retos es hacer más fácil la lectura en la pantalla del ordenador, aunque reconoce que será complicado hacerlo igual que se hace en el papel impreso.

Al final del partido en el que el chino Bao Cunlai derrotó al guatemalteco Kevin Cordón por 2-0, Gates proclamó que el badminton le había parecido ‘magnífico’.

¿Cómo lo hizo? Escribiéndolo en un papel.

El legado del liderazgo de una mente: Las 4 reglas doradas de Bill Gates

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Es verdad que el multimillonario Bill Gates dejará de llevar la batuta en Microsoft a partir del próximo 1 de julio, pero sus enseñanzas seguirán guiando los pasos de la empresa que fundó. Sus convicciones van desde la “utopía” hasta la “inversión a largo plazo”.

1.- Piensa en el software como una herramienta utópica.
“Hace 33 años, la compañía se fundó bajo la premisa de que el software cobraría importancia. En la próxima década, el valor que creará el software y las plataformas de aplicaciones más populares será mayor que nunca” explica Bill Gates.

Este genio-empresario tiene una visión utópica del software, pues cree que éste puede hacer cualquier cosa. Eso significa que la revolución apenas comienza. Según afirma Craig Mundie, uno de los ejecutivos con mayor antigüedad en Microsoft “Hoy Microsoft se piensa a sí misma sólo como una empresa de software –no como una compañía de un software específico, ni como una compañía de software para PC, ni tampoco como una empresa de procesadores de textos. Y llegar a este punto nos ha costado algunos años”.

2.- Deja que los ingenieros gobiernen. Microsoft emplea a 90,000 trabajadores y 30,000 de ellos son programadores. En todos los grupos operativos, los ingenieros tienen voz en todas las decisiones importantes. Además, a estos especialistas se les paga más que a cualquier experto en negocios.

Los ingenieros también cuentan con muchos juguetes: El laboratorio informático para Investigación y Desarrollo de Microsoft –con un valor de 8,000 millones de dólares- es el más grande del mundo. Gates dijo a los ejecutivos de su empresa que él creía que todo gran experto en negocios trabajando para Microsoft debería cultivar una relación estrecha con al menos 5 ingenieros.

3.- Institucionaliza la paranoia. “Es muy del estilo Microsoft prepararse para lo peor” explica Gates. Sus sucesores están de acuerdo y quieren mantener esa actitud. La preocupación colectiva hace algunos años era que Linux y el software de código abierto pudieran terminar con el reinado de Microsoft. Así que actualmente la empresa tiene muchos productos que dan por sentado que los consumidores usarán productos de código abierto además de las aplicaciones de Microsoft.

Mientras tanto, el sistema operativo Windows Server está ganándole cuota de mercado a Linux. El miedo es lo que ha ayudado a que la empresa realice la transición necesaria. “Bill y Steve han creado lo que yo llamaría una cultura de crisis” afirma Ray Ozzie, arquitecto en jefe de software. “Siempre habrá alguien que destruya la compañía. Es un mito, pero motiva  a que la empresa trabaje en dos o tres proyectos muy competitivos. Es una presión a la que estamos acostumbrados, y fructífera en cuanto que nos obliga a hacer cosas que resistan el paso del tiempo” agrega Ozzie.

4.- Invierte a largo plazo. En estos momentos, uno de los productos más exitosos de Microsoft es SharePoint, un conjunto de herramientas que permiten que las empresas construyan sitios web tanto internos como externos (desde procesos empresariales compartidos y blogs hasta la administración de la página principal de la empresa).  Este producto ha evolucionado a lo largo de una década y este año generará ingresos de cerca de 1,000 millones de dólares.

“Sea cual sea el ciclo, seguiremos invirtiendo. Pues sabemos que al otro lado del ciclo hay siempre una oportunidad esperándonos. Esa es la forma como la empresa se percibe a sí misma” declara Robbie Bach, presidente de la división de Entertainment de Microsoft.

Fuente: http://www.cnnexpansion.com.mx