El Mercado Agrícola de Montevideo: la añoranza y la esperanza

Sofía López Olalde bajo licencia de Creative Commons. Disponibles en galería Flickr

Beatriz Silva dirige desde hace siete años el proyecto del Mercado Agrícola de Montevideo; tiempo que le ha bastado para transformar el monstruo de las mil cabezas en la apacible criatura que hoy la abraza no sólo a ella sino a un barrio completo.

Hace más de 100 años, Montevideo tenía más de 300 mil habitantes y la necesidad de un mercado que hiciera ventas al por mayor comenzó a ser imperiosa así que se pensó que la Plaza Sarandí ocupada por el entonces mercado de frutos donde se comerciaba todo lo que llegaba del campo, era el sitio idóneo para construir un sitio que reuniría tres características esenciales: ofrecería ventas al mayoreo, tendría un frigorífico e incluiría una solución al recurrente problema de saneamiento de los mercados.

Pues bien, se organizó el concurso para ver quién sería la mano que diseñara tan ambicioso proyecto; los elegidos fueron los arquitectos Antonio Vázquez y Silvio Geranio quienes en un terreno de 7.800 m2 edificaron lo necesario para instalar una armazón de hierro de casi 6 mil m2 traída desde Bélgica. Este era el esqueleto del Mercado Agrícola, una hermosa estructura que había servido en una Exposición Ganadera en Bruselas y que desde allá vino con todo y sus cabezas bovinas adornando cada esquina.

La primera piedra del mercado se colocó el 30 de diciembre de 1906, a fines de 1912 estaba listo y en 1913 comienza a funcionar a todo vapor. El crítico y ensayista uruguayo Jorge Albistur ha dicho que “con la presencia del mercado el barrio literalmente hervía”; y así era; el mercado de a poco se convirtió en el corazón del barrio y de la ciudad.

Como suele pasar en las ciudades destinadas a ser capitales, a ser grandes urbes, a crecer más allá de sus fornteras; Montevideo creció, se extendió, el Mercado Agrícola fue insuficiente y se inauguró un nuevo mercado de ventas al por mayor; la gente se fue alejando del centro, eligieron vivir en la periferia hasta que las orillas se volvieron céntricas y entonces se fueron más lejos y los barrios tradicionales, los barrios primeros se fueron quedando vacíos.

El barrio Goes, cuna del Mercado Agrícola pero también de las Facultades de Medicina y Química, del Palacio Legislativo, de la gran fábrica “Alpargatas” y hasta del tango dejó de ser amable; sus calles solas, sus edificios abandonados, su silencio de día y de noche dieron paso al caos, a la delincuencia, a obscuras y turbias historias.

Desde 1999 el Mercado Agrícola había sido concesionado por 20 años a una Asociación de Productores y Locatarios; no había más venta al por mayor y la probabilidad de que alguien se adentrara en el barrio para comprar una lechuga y un kilo de tomates era escasa.

En 2005 el entonces Intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, decide recuperar el control del Mercado y además rescatar el barrio Goes; así llega Beatriz Silva, con esa misión y sin saber a qué se enfrentaba. En el libro “Mercado Agrícola. Montevideo. Goes y sus circunstancias”1 Beatriz escribe a manera de introducción un texto hermoso del que les comparto un fragmento:

“De ti solo sabía tu nombre y que estabas en un lugar del barrio Goes. Cuando me designaron para encarar esta tarea, supe que estabas en una zona roja de la ciudad con innumerables problemas, lo cual en teoría no me importaba demasiado; quizás por locura personal siempre me gustaron los desafíos difíciles.

Cuando el ómnibus avanzó por General Flores y dejamos atrás el Palacio Legislativo con su majestuosidad, sentí en lo más profundo de mi corazón una gran desolación que heló mis huesos. Me parecía escuchar la voz grave del flaco Zitarrosa: ‘En mi país que tristeza la pobreza…’ Caminando en soledad por la calle Amézaga totalmente abandonada de su gente, sentí un miedo extraño, algo que me decía que debía irme de ese lugar, que nada se podía hacer ante tanto deterioro, ante tanta tristeza y soledad de un barrio abandonado por décadas.

Y ahí me encontré contigo, tu gigantesca figura cayéndose a pedazos con todo su envejecido cuerpo de hierro. Adentro lo permisarios trabajaban silenciosamente, resistiendo. Todo parecía una lenta agonía.”

Tras tes intentos fallidos de renuncia, Beatriz supo cómo sacar a este enfermo del estado de coma en el que estaba y recorriendo mar y cielo, literalmente, consiguió recursos de la Intendencia y ganó un concurso internacional que le otorgó fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Con la plata en los bolsillos y el corazón apasionado inició un proyecto de rescate del Mercado y de las 16 manzanas del barrio que lo circundan.

El proyecto, que personalmente creo es un referente como programa de rescate urbano, social y de patrimonio histórico y cultural, ha reunido una gran cantidad de aciertos, algunos casuales, otros destinados y otros fruto del esfuerzo de quienes en él trabajan. El primer acierto sin duda es no sólo rescatar el sitio sino extender el proyecto a una buena parte del barrio. El siguiente tiro atinado es que pese a las obras de restauración el mercado no ha dejado de trabajar; los locatarios accedieron a mudarse de cuadrante conforme fuera avanzando la obra y así, pese a no poder estar al 100% de su capacidad, hoy puedes comprar en un lado del mercado mientras en otro construyen. La inclusión de cooperativas en el mercado ha sido una decisión atinada que ha promovido el sentido de pertenencia y ha dado armonía al correr de los días.

Pero el que yo creo es el más grande de los éxitos es el nuevo concepto que se decidió para esta ave fénix: el mercado no sólo vende frutas, verduras, pescado o comida preparada; el mercado es además un centro cultural. El sótano que fuese una fábrica de hielo y almacenes húmedos y fríos hoy está siendo convertido en un museo y una sala de teatro pero mientras todo está listo el mercado se las ingenia para ofrecer a sus visitantes teatro, danza, música; así el viernes pasado la Filarmónica de Montevideo actuó en el lugar atrayendo a gente del barrio y de más allá de sus fronteras que comienza a describir un renovado barrio Goes y un Mercado que además de ser un Monumento Histórico es un sitio amable, un sitio único y un sitio orgullo de los Montevideanos.

De la vida en el Mercado Agrícola y del ayer, el hoy y el mañana del barrio Goes les contaré en las próximas entregas.

1. Mercado Agrícola. Montevideo. Goes y sus circunstancias. Publicado por la Embajada de España en Uruguay, AECID y la Intendencia de Montevideo, 2011.

Fuente: http://sebuscanciudadessustentables.blogspot.mx


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