Leyendas coloniales presenta: Misa de difuntos en Catedral.

Fotografía tomada por Alejandra McCartney

Nada tan escalofriante o aterrador, como la presencia de un fantasma entre nosotros y a veces los seres de ultratumba traspasan los linderos de la vida y surgen hechos macabros, como el que a continuación se relata.

Vamos a remontarnos a mediados del siglo XVIII a una casona ubicada en la calle de las Causas, después de la Acequia y actualmente es de la Corregidora; aquí vivió notable caballero llamado Don Alfonso de Gándara y Cifuentes, que había heredado en 1656 la fortuna y nombre de su padre, muerto 3 años atrás.

Pero un día su tranquila y lujosa vida se vio perturbada por un misterioso acontecimiento. Con las manos temblorosas, el rostro congestionado por la ira, el caballero preguntó a sus criados a cerca de una misteriosa carta que había encontrado debajo de su copa de vino la cuál decía: “estad preparado, debéis acudir a misa”.

Los criados se miraron sorprendidos, sin tener la menor idea de que les hablaba su amo. Hacia semanas que Don Alfonso venía recibiendo esas notas misteriosas, sin saber, como llegaban a sus manos, topándose con ellas en momento menos esperado. Pero de pronto aumentó el misterio y las cartas se multiplicaron, hallándolas en todos sitios y a todas horas. Al fin un día con la paciencia colmada el caballero vio una carta más y su primer impulso fue el de destruir aquel papel, la tomó para hacerla pedazos, pero de pronto sintió una extraña sensación; como si sus manos estuviesen impulsadas por una fuerza misteriosa, comenzó a abrir la carta. Sus ojos mostraron terror, asombro, duda, al leer el contenido de la carta, que ahora tenía otro mensaje: “esta noche a medianoche en Catedral, debéis acudir a misa…”.

Más tarde, ya no pudiendo encontrar paz en su alma, fue a contarle lo sucedido a su confesor y amigo; el religioso le pidió la carta para ver si podía saber quien era el autor analizando la letra, pero cuando Don Alonso buscó entre sus ropas no la encontró; sin embargo para el caballero la letra le resultaba muy familiar, pero no sería hasta la misa que descubriría quien era su autor.

Dispuesto a saber quién lo citaba a medianoche, para castigarle, Don Alfonso cruzó la plaza de armas aquella noche. Todo estaba oscuro y silencioso, apenas el viento arrastraba murmullos lejanos, rodeando el alma del caballero, de gran presentimiento. Se acercó a la puerta de Catedral; continuaba aquel silencio ominoso; reinaba la oscuridad de la cercana medianoche.

De pronto descubrió que por entre las rendijas de las maderas, escapaba una luz vivísima, se disponía a tocar cuando la puerta se abrió sin hacer ruido alguno, sin que viera quien la abría; poco después se encontraba frente al altar del Perdón, en donde estaba a punto de celebrarse una misa.

Don Alfonso, sin asombro pensó que después de todo, no había sido una broma lo de aquella misa y se arrodilló en un reclinatorio que parecía estarlo aguardando; ahora solo faltaba saber por para quien era esa misa. Cuando el caballero levantó la vista, ya estaba oficiando el sacerdote, un cura anciano y par el desconocido; todo transcurrió normalmente, los rezos eran solo un murmullo triste y apagado. En determinado momento, salió un fraile franciscano recogiendo la limosna para la hermandad, como era la costumbre.

Cerca de Don Alfonso un caballero depositó una moneda, llamándole la atención que no hiciera ruido y para que no se dijera de su nombre y de su alcurnia sacó dos monedas de oro, pero al ir a hacerlo, el rostro se dibujó en su rostro, resbalando las monedas de sus manos, cayendo una de ellas al suelo, pues advirtió que las manos que sostenían la charola de las limosnas eran descarnadas: el fraile era un esqueleto; acto seguido pegó un grito de terror.

Se levantó y retrocedió buscando la salida; los gritos y ruidos provocados por Don Alfonso llamaron la atención de los demás asistentes a la misa, que también estaban muertos.

En ese momento la puerta se abrió con un chirriar escalofriante y una figura femenina apareció en el claro, sosteniendo un candelabro en cada mano y el caballero reconoció a ese espectro como su difunta madre. Tembloroso y sintiendo que las fuerzas le faltaban continuó hacia la puerta, advirtiendo que aquellos espantosos seres se dirigían hacia el, también buscado la salida, los seres espectrales se acercaban cada vez más hasta sentir en su rostro el vaho frío de los muertos, se sintió atropellar por los espectros; que sus huesos le tocaban, lo abatían y por último antes de perder el conocimiento, pegó el alarido más crispante que haya emitido ser alguno. Nunca supo cómo salió de la Catedral.

A la mañana siguiente fue encontrado bajo la cruz Manozca, dibujándose en su rostro un terror tal que parecía haber visto al mismísimo Lucifer; rodeado de gente despertó de su largo desmayo. Don Alfonso fue llevado a su casa por unas amables personas y ahí se quedó guardando reposo de su macabra experiencia, pero por la tarde mandó llamar a su confesor fray Miguel de Almeida y le contó lo sucedido, después le pidió al religioso que hablara con el obispo para poder corroborar su historia en aquella capilla.

El caballero fue y habló con el señor obispo, el cual estaba enterado de este suceso. La historia comienza cuando el obispo junto con otros pasajeros, entre ellos los padres de Don Alfonso venían de España camino al nuevo mundo, todo marchaba con tranquilidad, hasta que de repente empezó una terrible tempestad, los rayos caían tan cerca del barco que todos pensaron que iban a morir en ese momento. Entonces toda la tripulación hizo una promesa: si llegaban sanos y salvos se llevaría a cabo una misa en el altar del Perdón. Todos llegaron sanos y salvos, cada uno tomó su rumbo, el padre de Alfonso amasó una gran fortuna a lo largo de los años; pero a la hora de querer reunir a toda esa gente descubrió que todos ya estaban muertos, desgraciadamente el señor murió pocos años después.

Al escuchar todo lo anterior el obispo y el mancebo fueron a aquel altar y en efecto ahí encontraron los candelabros y la moneda.

Por: Alejandra McCartney mucho más en su blog http://www.leyendascoloniales.blogspot.com/


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