Crónicas de Montevideo. Tercera parte y final.

Calle Francisco Llambí casi esquina con Av Rivera, Montevideo

“Una necesidad primaria que se advierte es la de crear entre los educadores una

conciencia colectiva y militante sobre los problemas comunes del Continente y los

particulares de cada país, en lo que tiene relación con su condición de naciones

soberanas y con las normas de la convivencia continental”

– Mtro. Julio Castro

Primera parte Ver

Segunda parte Ver

Una de las primeras tareas familiares al llegar a vivir a Montevideo fue buscar escuela para los niños; la primera pregunta fue ¿pública o privada? queriendo obtener a gritos una evidente respuesta de “¡Pública por supuesto!” obtuvimos a cambio la fría respuesta de nuestros amigos, vecinos y hasta de la prensa escrita: “la educación en el Uruguay está enfrentando la peor de sus crisis”.

Al principio confieso que sentí una profunda tristeza; pero al cabo de un par de horas de meditación, me dio rabia saber que aquí también la educación está en crisis. La llamada crisis de valores, la gran cantidad de sociedades que sufren cada vez más para encontrar la fórmula que le permita coexistir en armonía, la violencia como recurrente forma de expresión y la pobreza son algunos de los más evidentes efectos de un sistema educativo en crisis en gran parte del mundo.

La idea de una ciudad, una sociedad sustentable se nos escapa como arena entre los dedos cuando los pueblos no están educados y hoy la educación, en especial la impartida por el Estado, ya no educa, ya no es integral, ni ética, ni consciente, mucho menos es respetada y desgraciadamente tampoco es liberadora.

Nadie educado en el actual sistema se puede liberar ni de la ignorancia, ni de los miedos, ni de la opresión, ni de la más mundana de las angustias. La educación hoy más bien tiene cara de sindicato, de negocio, de cacique, de obeso y viejo monstruo de pantano.

Hoy en Uruguay, el tema de la educación está en todos los periódicos, en la radio, en la televisión y en las conversaciones cotidianas; hoy, es un tema que duele y que duele más que hace unos ayeres. El inicio de la decadencia educativa salió a flote hace algunas semanas con el hallazgo de los restos del educador y periodista Julio Castro, desaparecido en 1977 en plena dictadura. Fueron hallados en el Batallón de Infantería Paracaidista Nº14 y se determinó que la causa de la muerte había sido un disparo en el cráneo (la versión conocida hasta ahora era que había sido torturado y que había muerto por falta de atención médica; sus cenizas habían sido arrojadas al Río de la Plata).

El Mtro. Julio Castro fue fusilado a los 68 años por un gobierno intolerante, dictatorial y retrograda. Junto con él iban sus ideales, sus sueños y una mente brillante sin duda adelantada a su época. El legado del maestro Castro merece ser leído, estudiado, apreciado, reconocido y puesto en práctica aquí en Uruguay pero también en muchos otros pueblos de América.

Debí haber publicado este artículo hace una semana pero la lectura de los trabajos de este gran educador me mantuvo absorta; no podía (ni debía) hablar sobre él así nada más, a la ligera; tenía que leerlo, leer a sus colegas, pararme en la calle donde desapareció (fotografía al inicio)… cada vez me impresiona más su trabajo y cada vez me uno más al dolor de este pueblo al saber que se lo llevaron de esa manera.

En “El Banco Fijo y la Mesa Colectiva” (1944), Julio Castro afirma que las soluciones educacionales y cualquier planteamiento con miras a llegar a ellas no pueden prescindir de las realidades históricas; a lo mejor las propuestas no abarcan tanto o no vuelan tan lejos pero seguro que funcionan mejor. Ignorar la historia limita la fuerza de las propuestas pues no olvidemos que la educación se refiere a seres humanos y el educador lo que tiene en sus manos son destinos que participan y construyen precisamente eso, la historia de sus pueblos.

El banco fijo, es para Julio Castro, la representación más clara del modelo pedagógico tradicional. El banco fijo (o pupitre) es el alumno inmóvil, la disciplina de la estática y es el proceso que ha traído como consecuencias un individualismo exacerbado, una constante lucha por la superación personal siempre en relación con los demás (competencia), un grupo de niños aislados y solitarios vistos como recipientes pasivos.

Las escuelas de banco fijo se diseñan para que el maestro hable sin parar frente a un grupo de niños que sólo ven la espalda de sus compañeros (como en un tren de pasajeros desconocidos) y por supuesto al maestro como voz única en el aula Hace más de 40 años que este pensador Uruguayo concluyó todo esto y en muchas escuelas el modelo sigue siendo este y el resultado el mismo; hoy tenemos una sociedad integrada por adultos solitarios, individualistas, que compiten ferozmente por los recursos y que no están dispuestos a donar nada a la colectividad.

En contraste con el banco fijo está la mesa colectiva; una propuesta de aula y de educación que parte de la premisa de que el niño es un ser activo que juega para aprender y para liberar sus más íntimos impulsos. La mesa colectiva permite la comunicación entre los niños, la interacción, la colaboración; estimula la solidaridad, el sentido de pertenencia, la auténtica responsabilidad social y usa al maestro sólo como un guía.

Julio Castro proponía además que los vecinos, el barrio, la colectividad fueran partícipes del proceso educacional; habría que tender redes sociales a partir de la escuela. No sólo el maestro educa; la escuela como institución participa en la educación comunitaria.

No hay que romperse la cabeza para entender porqué los gobiernos no han propiciado este tipo de educación y por el contrario han preferido la escuela represiva, desmotivadora, expulsiva, triste, ajena a su entorno y carente de espíritu.

Como bien dijo el Maestro Julio Castro: “Para todo esto, se dirá, se necesita dinero. Pero ¿cuál puede ser el destino de un país que no gaste lo necesario en la educación de sus hijos? (…) En los últimos veinte o treinta años hemos gastado millones y millones en mejorar las vacas, las ovejas, los cultivos, las carreteras, los puentes. Pero estamos en deuda con lo esencial, con los hombres. Hora es de que se empiece a pensar en ellos”( Castro, 1944).

Fuente: http://sebuscanciudadessustentables.blogspot.com


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Un comentario el “Crónicas de Montevideo. Tercera parte y final.

  1. Desde mi punto de vista (y lo digo como uruguayo) el problema no es la forma en la que se da la escuela, sino los alumnos, ya que los mismos no están interesados en ir a la escuela a aprender algo, sino en cambio van para satisfacer a sus padres, o simplemente para que les den una asignación familiar, dinero que solo se los dan por que sus hijos estudien. Uruguay no es un país con un mal sistema escolar, es un país con un buen sistema escolar, pero que no puede ser aplicado porque las maestras tienen que equilibrar a los alumnos que quieren aprender con los que solo van a llenar asiendo, para que sus padres puedan conseguir dinero y desperdiciarlo en alcohol, drogas o celulares.
    Creo que es un problema de como valora la gente la educación gratuita, más que un problema de la escuela en si.

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