Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La soberbia

raul.lamula.pe

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”

Mateo (5:3)

“Yo puedo ayudarte a que resuelvas todos tus conflictos; puedo ser capaz de ver todo lo que escondes y a lo que le temes; puedo tenerte en mis manos si así lo quiero… Una y otra vez, constantemente y en cualquier lugar era lo que mi ego manifestaba en mis pensamientos por el simple hecho de tener una facultad que todos traemos y que pocos lo sabemos: el trabajar con las energías.

”Desde temprana edad descubrí ese don para poder visualizar y escuchar otros fenómenos, conocer distintos planos que terrenalmente no son perceptibles. Al principio eso me atemorizaba por no saber cómo manejarlos y lo reprimía hasta que hubo un momento en que no pude, y a través de una persona aprendí a desarrollar ese “talento”. Conforme pasaba el tiempo, la habilidad otorgada era cada vez superlativa: era momento de poner en práctica los conocimientos con el resto de las personas. En ese entonces, el objeto principal era ayudar al individuo a equilibrarse y continuara su camino por medio de la sanación espiritual y la búsqueda de uno mismo. Testimonios, llantos, crisis, problemas de toda índole y múltiples situaciones llegaban a mí para encontrar una respuesta. De la mejor manera tomábamos el mejor camino a sus “problemas” y dábamos paso a ese encuentro individual; no obstante, yo sólo era un canal pues parte de la sanación le correspondía a cada uno de ellos. La satisfacción que obtenía no conocía precio económico pese a que por medio de esas sanaciones era como subsistía y únicamente era una cantidad moderada.

”Había momentos en que como toda persona terrenal me enfrentaba a situaciones ajenas o de manera inexplicable y debía superarlas; ¿era éso quizá el resultado a pagar por ayudar a tantas personas? Tampoco me importaba porque mi empuje y esa fuerza que tenía eran dupla suficiente para rebasar todo. ‘Tú les das las herramientas para que obtengan lo que desean, ¿pero tú?; ya va siendo hora de que ellos también te den lo que mereces’. Y así, comencé a dejar que mi ego hiciera lo propio: las citas eran constantes pero esta vez decidía quién podía ser recibido y quién no. Si anteriormente el pago era de manera simbólica o gratuita ahora había un arancel, un costo relativamente elevado, añadiéndole a ello una dosis considerable de arrogancia para quienes tenía enfrente.

”Lo material llegaba a carretadas, parecía que tenía más reconocimiento que anteriormente, de hecho me ocupaba más en pensar cuánto ingreso me dejaba mensualmente la persona que tenía enfrente que todo en equilibrarlo. Muchos dejaron de ir, y otros más llegaban, después de todo había demasiada humanidad con problemas que literalmente dejaban de interesarme como para perder mi tiempo en aquellos que abandonaron su búsqueda por la simple razón de no poder pagar lo que yo merecía.

”Poco a poco mi descanso por las noches era inquietante porque continuamente escuchaba voces y sabía exactamente el mensaje que no necesitaba estar cifrado y sin embargo, sólo hacía caso omiso a ello y continuaba mi sueño. Una mañana, aseándome frente al espejo levanté la mirada… lo que estaba enfrente era nada, ¡sí, nada!; sólo di un paso atrás porque me sorprendí, cerré los ojos, los abrí y ya estaba reflejado. La imagen que tenía ante mis ojos era de otra persona pues mi semblante era distinto como si éste más que con una expresión de reproche era de tristeza para darme cuenta en lo que me había convertido, en un ser despectivo y vil. Salí de inmediato y me puse a meditar. Pasó… no sé, minutos, ¡horas! Cuando me reincorporé, ya el sol estaba casi ocultándose. Para ese momento todo el tiempo que estuve concentrado en buscar respuestas, me di cuenta que jamás pude establecer contacto con quienes anteriormente me guiaban y por medio de ellos es como ayudaba a la gente, y nada más tuve comunicación con ese ego que me venció; flashback tras flashback visualizaba las riquezas efímeras que había conseguido…

”Fue un proceso de mucha reflexión para retomar el camino, además de recurrir a mis anteriores maestros y solicitar su ayuda, al mismo tiempo que dejé de atender a personas y por convicción propia porque no podía amar al resto sin antes no amarme a mí mismo. Afortunadamente fui bendecido con ese don para cumplir una misión en este plano -y que ésta se me encomendó desde antes yo nacer- que ya estaba dando frutos… desafortunadamente hubo una vereda que me desvió sin darme cuenta o no estuve preparado al no saber manejarlo. ¿Por qué? A veces estamos sumidos en otras circunstancias que no vemos a nuestro alrededor y no escuchamos lo que se nos dicta a través de los pensamientos o mensajes que llegan a nosotros de diversas formas y es en ese instante donde nuestra esencia puede tener transformaciones. Es algo que tenía que vivir y que me tocó darme cuenta en el momento necesario; de esa manera lo tomo y lo acepto; además tengo un camino lleno de alternativas que están por venir y seguir transitando en éste pues en este plano debo, digamos cumplir, y así trascender en él y los posteriores si así me corresponde. Hoy, aquí, y ahora sólo debo amarme (1) y amar.

(1) Humildad, del latín Humilitas

Texto: Julián Malagón Ramírez


Todo contenido vertido en este sitio es meramente informativo, como una herramienta para poder contribuir a mejorar algunos aspectos y así incrementar tu calidad de vida. Si te interesa ampliar la información del mismo, te sugerimos buscar la ayuda de un experto en el tema o bien en Google.


Código QR para este post

Short Link de este post http://bit.ly/k9RqM3

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s