Sie7e Pecados. Sie7e Virtudes. La pereza

la divina comedia

physicscience.wordpress.com

“(Nemalah) …gran ejército sin fuerza que asegura su comida en el verano”

Prov. 30:25

De día, de noche… con lluvia, con viento, sin ellos… hace calor o hay frío, puede haber neblina, puede también estar presente una atmósfera tibia, nebulosa, sórdida… aromas de cualquier tipo: de esencias, sean éstas de la naturaleza, de fragancias o las propias de uno mismo (sic)… hay ruido, hay silencio… incluso el sonido mismo del silencio: una vibración que se percibe cuando todo permanece en la más absoluta quietud. No importa el día, año, estación, circunstancia, mes, todo es igual. En cualquier momento, esa sensación nos abate y no sabemos cómo manejarla: depresión.

Medicamente, este estado de salud es: acción y efecto de deprimir; decaimiento del ánimo o la voluntad.

En una sociedad que vive vorazmente un ritmo de vida tan agitado, poco a poco va mermando su estado de salud física, mental y espiritual ocasionando que estos tres elementos se desfasen de manera casi inmediata, dando paso a un estado deleznable y con ello la vulnerabilidad a flor de piel. Hoy por hoy, no existe un ser humano que no hubiese caminado por esa transición durante la vida terrenal; después de todo, sentimos y estamos vivos. ¿Qué es lo que nos ocasiona este proceso de tristeza?; el rechazo, la confrontación, eventos ajenos a nuestra persona e innumerables sucesos son sólo algunos indicios. Universalmente, tomaremos como eje principal una búsqueda de la que creemos estamos carentes de ella, en la que consideramos la panacea plena y total a nuestros problemas y que se manifiesta –a nuestro parecer- de muchas formas: la felicidad.

Desánimo y dicha, dos palabras que distan totalmente entre sí y que paralelamente van de la mano en cada uno de nosotros, haciendo de nuestra existencia algunas veces llevadera y otras insoportable, con cargas de veneno emocional que destilamos a cada momento con mecanismos de defensa, y con dosis menores de un sentimiento adherido a nosotros desde nuestra gestación que por voluntad casi inconsciente se va extinguiendo: el amor a un mismo. A partir de… no sabemos cuándo, hemos decidido manejar nuestro paso por este plano de la forma más sencilla y cómoda para conseguir lo anhelado sin importar cómo sino qué hagamos; obteniendo así, realidades vagas que se diluyen sin percatarnos. Esta vez, nada nos detiene.

Los que no logran su determinada meta, son invadidos enteramente por una culpabilidad terrible que los carcome, haciéndolos sentir nada porque valen nada; un porcentaje de ellos se levanta y vuelve a la batalla para posteriormente caer en un punto neutro y darse cuenta que no son “lo suficientemente buenos”. El resto, por temor a un nuevo fracaso, decide tomar un escape falso. Mientras que los triunfadores, una vez encumbrados, pasan por un período de vacío pensando que es todo lo que tenían que dar… “¿y ahora, qué?”

En ambos casos, la situación es similar porque el resultado no es del todo convincente, de tal manera que su plan de vida tampoco es satisfactorio para ellos. Erróneamente, cuando estamos en nuestro presente vivimos el pasado y en este mismo presente, también divagamos en el futuro; aquí y ahora, sólo estamos en materia empero nuestras otras dos esencias se encuentran en otros tiempos.

¿Quién sabe lo que es verdaderamente saborear un latido de nuestro corazón? ¿Quién ha –literalmente- escuchado a sus cinco sentidos, es más, aunque podamos carecer de uno de ellos? ¿Cuántos más se han atestado de esa paz y tranquilidad cuando se está en casa tras una larga y pesada jornada de actividades?… ¿Y dónde está la felicidad?

En este parnaso existencial, hay una urdimbre de masas que vive –a su modo- lo que les tocó vivir; poderosos, miserables, eruditos, ignorantes, adultos, menores, acaudalados, pobres, todos por igual, con una necesidad plena de amar y sentirse amados, que al final del día postrados frente al espejo y mirándose tal cual, no importa el arancel con el que nos hemos etiquetado para sobresalir ante la sociedad. ¿Será posible que nosotros mismos analicemos humildemente qué hemos hecho y adónde hemos llegado?; para que de esta manera (-aceptémoslo-), reconozcamos nuestras acciones y tomemos decisiones; asimismo, tener la convicción (1) y vencer los infundados y rancios miedos programados, pudiendo emerger de nuestra propia naturaleza.

Diligencia; del latín: diligentia.

Por: Julián Malagón Ramírez


Todo contenido vertido en este sitio es meramente informativo, como una herramienta para poder contribuir a mejorar algunos aspectos y así incrementar tu calidad de vida. Si te interesa ampliar la información del mismo, te sugerimos buscar la ayuda de un experto en el tema o bien en Google.


Código QR para este post

Short Link de este post http://bit.ly/dIIcEk

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s