Sie7e pecados, sie7e virtudes. La envidia

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“Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia”

(Job. 5:2)

“’‘…Porque tú eres mi reflejo y yo tengo nada, te acabaré. No me importa lo que he hecho con tal de ser Tú’. Qué duro, ¿no?; es para que te des una idea de la persona con la que estaba literalmente durmiendo…”

”Fue en una reunión donde me presentaron a este chavo y se unió al grupo; de actitud amable y educada, fueron puntos para echarse al bolsillo a cualquiera. En menos de dos horas ya tenía una biografía de su vida: con altibajos, logros y “muchas satisfacciones” como él me decía. El rompecabezas comenzaba a tomar forma y en poco tiempo, como buen anfitrión porque él venía del Distrito… le ofrecí un espacio en mi casa.

”Hmmm, en cuanto a esa decisión de compartir el mismo techo fue por la madurez que reflejaba sobre todo porque yo no sé estar solo, no me gusta estar solo. En menos de una semana, ya conocía a mi círculo de amigos, amigas, entorno del trabajo; ‘¿En dónde vive tu amiga?; quiero ir a visitarla’; esa pregunta fue tajante tras salir de una reunión donde esta chica fue mi ex novia y estuvieron la mayor tiempo conversando. No le tomé importancia a sus insistencias y lo llevé; prácticamente quedé ignorado esa tarde pues su actitud fue como de rechazo y me hacía sentir un estorbo mientras que la ex seguía fascinada con el nuevo integrante del grupo… ‘Vas a tener que decirme cómo la conquistaste; me gusta y mucho’, mientras que tomaba de mi clóset mis pantalones, mi camisa y mi cinturón. Yo sólo hice una expresión con la mirada que él me respondió que los tomaba prestados y salía del cuarto, no sin antes volverme a recordar los tips para su enamoramiento con su presa.

”Para ese entonces, yo había tomado un segundo empleo por lo que sólo nos veíamos en las noches y en ocasiones organizaba salidas o reuniones en mi casa con mis amigos sin ni siquiera avisarme. Mis conocidos estaban literalmente identificados con mi otro “yo”, pues así me lo hacían sentir, y yo, sin darme cuenta… Una tarde llegué a casa y lo encontré en el piso con la cabeza agachada y llorando; estaba decidido a pedirle que se fuera de mi casa porque no aportaba dinero ni ayudaba en los quehaceres, sólo que su actitud me sacó de onda al decirme que pasaba por una fuerte depresión. Muy poco hablaba de su familia y su pasado, el lado negro pues. Sólo sabía que en México vivía con su mamá, su agudo gusto por escuchar música de ópera, y que años atrás había tenido un accidente muy feo; eso era todo.

”Su táctica le funcionó pues de nuevo buscó un acercamiento para conmigo. Lo que detrás se estaba cocinando era que un fuerte conflicto con la novia salía a relucir que ellos habían terminado mal, ya que éste acusó a la chava de haberle robado dinero y tomado una tarjeta de crédito. Al enterarme de esto por una tercera persona, me dio mucho coraje y fui a buscarlo a su trabajo pero al llegar me dijeron que acababa de renunciar e inmediatamente me fui a mi casa… ¡Menuda sorpresa me llevé!; mi “sombra” se estaba bañando y había una maleta mientras que mis cajones estaban revueltos. Sobre la cama había un sobre que tenía documentos míos… ‘¡Qué estás haciendo, cabrón!’; y me tomó del cuello. Vaya que los dos salimos madreados. Tuve que mudarme, cambiar mi número de teléfono por sus constantes amenazas…

”El proceso de asimilación comenzaba; pese a que paulatinamente su presencia fue nula, seguía con ese temor, coraje y duda del porqué me había topado con alguien de esa forma. Una y otra vez con la cabeza en la almohada analizaba su conducta para irme dando cuenta de sus carencias afectivas, una disociación o trastorno de su personalidad. Era como una persona que tiene un aura gris, una sombra que no tiene un plano físico y sólo es eso, una negra mancha que busca a un ser en donde le sea posible meterse. Así como su talento para desarrollar ideas o resolver problemas matemáticos era infinito, así era su mirada pues se quedaba perdido por largo tiempo parado en la ventana en las noches… Siento… no lástima sino compasión (1) por la situación por la que atraviesa y en este momento no sé qué fue de él. Si llegó a mi vida es por algo; que debo de encontrar en mí ya que como él me dijo que yo era su reflejo, quizá él es también mi espejo del cual no quiero darme cuenta de lo que tengo enfrente y sigo adelante como si nada pasara.

(1) del latín: Humanitas.

Por: Julián Malagón Ramírez


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