Conflictos vacacionales. No todo es descanso y alegría cuando sales de vacaciones en pareja

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Amanece la época estival y la gente empieza a cogerse vacaciones. Resulta paradójico ver cómo las vacaciones son balsámicas en sí mismas, pero también son el lugar en el que aumentan los conflictos en pareja. La explicación es sencilla. Se multiplica el tiempo compartido y se reducen los tiempos muertos en que cada uno de los miembros se oxigena del otro. Al sumar más tiempo juntos crece la posible germinación de fricciones. Resulta curioso que esa costumbre de compartir lo ordinario se denomine roce («el roce hace el cariño» dictamina la sabiduría popular). Todo sabemos que el roce es fricción, y como toda fricción acaba provocando desgaste entre las partes. No es de extrañar que año tras año la época de mayor número de divorcios llegue una vez concluido el verano. A mí me encanta repetir que somos lo que hacemos, sobre todo cuando no nos ven. Ocurre que en vacaciones tenemos a nuestro lado a un testigo presencial de la mayoría de nuestras acciones, lo que hace que acabe descubriendo a la persona que en el fondo somos. Enmascarar o dulcificar lo que somos a tiempo completo es agotador, y supongo que algo paranoico. En verano aumenta la luz y también la claridad sobre nosotros. Esto explicaría por qué en septiembre se dispara la tasa de divorcios.

El amor es un concepto muy romántico que se pregona líricamente en la mayoría de los relatos, pero su campo de juego es la convivencia. Si el amor es poesía, la convivencia es prosa, la negociación permanente para que la relación no se deshilvane, un toma y daca de concesiones e intercambios en un proceso de comunicación en el que la mayor dificultad estriba en que el lenguaje masculino y el femenino emiten en ondas diferentes. La caricatura sacralizada del amor se resquebraja con la convivencia, si bien sesgaríamos la realidad si no apuntáramos que la convivencia regala momentos enriquecedores inaccesibles para los que no han compartido su tiempo. No recuerdo a quién le leí una vez que para los hombres la relación está bien si no está mal, pero para las mujeres la relación está mal si no está bien. Parece algo similar, pero es muy distinto. La detonación de ese matiz es habitual en vacaciones. Preveámoslo sin miedo. No pasa nada porque haya conflictos. Eso sí. Pasa mucho si se resuelven mal.

Fuente: negociaccion.net por Josemi Valle


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