La meta más alta

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En un pueblo no muy lejano, hace muchos años, en aquellos tiempos cuando el honor, la honestidad y la perseverancia eran leyes naturales a seguir y el hombre aun tenía el alma blanca y pura; se llevaba a cabo una competencia, año tras año, para determinar quien sería el guerrero vigilante del pueblo, quien comandaría por un año a la milicia en caso de necesidad. No hace falta mencionar cuán importante era esta competencia y cuánta responsabilidad acarreaba este puesto.

Las pruebas eran tanto de destreza como de fortaleza física, eran duras y sólo participaban los 20 jóvenes más valientes de la tribu, muchos morían en el camino víctimas del cansancio y de lo peligroso de las múltiples trampas y retos. De los 20 sólo llegaban a la final 3; quienes adoloridos, cansados y hambrientos debían hacer un último esfuerzo por pasar la prueba final, que lejos de ser peligrosa o mortal, era una de las más difíciles, si no es que prácticamente imposible de realizar.

Esta consistía en disparar con el arco una flecha y pasarla por encima de la montaña más alta de los Andes.
Se colocó el primero de los finalistas, un joven nacido bajo líneas de sangre de caciques, joven de familia poderosa y con gran influencia sobre los distintos círculos sociales de la tribu, el muchacho tensó su arco mandado a hacer especialmente para él, con las mejores manos que el oro pudo pagar, con la mejor madera del lugar, revestida con cuero del ganado más fino y adornada con piedra de obsidiana, jade, oro y plumaje exótico.

Lo tensó sin preocupación y soltó la flecha creyendo que por ser hijo descendiente del linaje los dioses le favorecerían y la flecha volaría por encima de la montaña ganando así la competencia. Pero esta sólo atinó a clavarse en la base, a cientos de metros lejos de la punta.

Por fin la competencia se cerraba a dos.

Se colocó el segundo finalista en posición, el más alto de la tribu, era un sujeto egocéntrico y de musculatura impresionante, ávido peleador con un gusto peculiar por la batalla y la sangre, alguien que solía ser más hablador que emprendedor, el cuál le gustaba hacer menos a los demás y gracias al cuál y a su poca ética competitiva algunos participantes perdieron la vida en el transcurso del evento. Tensó el arco con gran fuerza denotando su gran musculatura pero apenas sintió la cuerda empezar a rasgar su piel soltó la flecha. Esta voló con gran velocidad para al final quedarse a centímetros de ganar.

Finalmente, se postró en el lugar indicado el más joven de los 20 iniciales, un apenas adolescente, hijo de orfebre, de estatura pequeña y complexión delgada. Humilde, inteligente pero sobre todo muy persistente, apasionado y determinado.

El utilizó un arco creado por sus propias manos, era de madera y corteza de árbol. Lo tensó hasta escuchar como se empezaban a quebrar las fibras del arco, las cuerdas sangraron sus manos y la tensión desgarró sus músculos, él, sin embargo, no soltó hasta que sintió que el arco no resistiría más, entonces voló la saeta.

Cruzó el cielo como rayo y pasó apenas por unos metros por encima de la montaña.
El pueblo gritó y corrieron a él, envueltos en emoción y alegría por tener un nuevo jefe de milicia y mientras alguien le limpiaba la sangre que había derramado en el esfuerzo, él contemplaba triste el cielo.

Por la noche en la celebración todos bebían, comían y bailaban celebrando semejante acontecimiento, pero el nuevo jefe seguía viendo el cielo con ojos tristes. Dado a esto, se le acercó el rey del lugar y le pidió que le dijera por qué no se consideraba digno de festejar su gran triunfo junto con los demás, a lo que él contesto: “Mi intención no era clavar la flecha en la montaña ni pasarla por encima, yo quería flechar al sol”. – Historia Inca.

Hoy en día en una sociedad tan apremiante, que busca sólo lo inmediato, donde existe una gran ambición pero poca perseverancia y falta de compromiso, el soñar, tal parece que es una pérdida de tiempo y equivale a perder la competencia.

Sabemos que el éxito no es solo cuestión de venir de familia exitosa ya que desgraciadamente el éxito no siempre se hereda y esto se ve en muchas empresas que quiebran al ser transmitidas a hijos con poca visión, determinación y temor a tener que esforzarse un poco.

Tampoco pertenecerá a aquellos sin escrúpulos que pasan por encima de los demás.

El éxito será de quién crea más en sí mismo; será de quién esté dispuesto a darlo todo por alcanzar su sueño, no importando qué tan grande sea, ni que tan ambicioso, pero sobre todo, que mientras más trabaje en conseguirlo, más fácil alcanzaremos todo lo que nos propongamos. Y si después de un esfuerzo constante, ya pasamos la flecha por encima de la montaña, tal vez algún día flecharemos al sol.

Fuente: http://www.competitividadenred.com

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