El periodista, cronista, narrador, escritor, maestro. El que no tiene Twitter ni Facebook, el que un día salió por la puerta grande de Televisa y hasta entregó el cel que le dió la empresa al policía de la puerta: Jacobo Zabludovsky

He vivido esta escena antes. Unos minutos de espera en un sillón blanco, frente a una fotografía de Robert Capa, aquella del miliciano que, con un fusil entre las manos, se desploma. Enseguida sale él, y no su secretaria, a buscar a sus invitados hasta la recepción. Hará el camino inverso en la despedida. También estuve parado alguna otra vez frente a la abismal pared de vidrio de su oficina, en un piso 18, desde el que se ve el bosque de Chapultepec. Él, quizá el periodista más famoso de México, la primera cara que apareció en televisión –hace 60 años–, el que para bien y para mal puso su rostro a las noticias del país durante décadas, se coloca junto a mí y recuerda: “ya habías estado aquí antes”. “Sí –le digo sin mirarlo, absorto en la inmensidad de una ciudad feroz–. Y cada vez que me paro aquí pienso lo mismo: qué bonito es México. Y al mismo tiempo… pobre México”. “Sí –repite él–, pobre México”. Un país cautivo de la violencia, del narcotráfico y hasta de sus dirigentes. No hablamos de eso, pero sabiéndolo, nos sentamos a conversar. ¿Cómo se hace periodismo en un lugar así?: la nación americana más peligrosa para ejercer este oficio, según la Sociedad Interamericana de Prensa. Doce periodistas fueron asesinados por el narco en 2009, reportó el periódico El Universal.

Jacobo Zabludovsky cumplirá 82 años este 24 de mayo. Lo ha visto todo: las convulsiones de la sociedad, las peleas por el gobierno y las idas y vueltas de este oficio. Incluso pasaron por sus manos miles de herramientas para ejercerlo. Sin embargo, en el fondo, él sigue siendo el mismo, dice. Un hombre de costumbres, de fidelidades y de poquísimos amigos. ¿Alguien sabe por qué siembre lleva puesta una corbata negra? Sí, por el luto que todavía guarda por su amigo Emilio Azcárraga Milmo, el padre del actual dueño de Televisa.

Cumplirá 82, estaba dicho, y acaba de ganar el premio de periodismo Pagés Llergo en la categoría conducción de Noticias por radio y televisión.

PLAYBOY: ¿Tiene Twitter?

ZABLUDOVSKY: No.

PLAYBOY: ¿Y Facebook?

ZABLUDOVSKY: Tampoco.

PLAYBOY: Y es feliz sin ninguna de esas dos cosas.

ZABLUDOVSKY: Bueno, sí, pero también soy un poco envidioso. Mi esposa sí tiene, y todos los días le dedica al menos una hora a este tipo de comunicación.

PLAYBOY: Hay mucha gente que asegura que ya no se puede hacer periodismo sin participar de las redes sociales.

ZABLUDOVSKY: Pues yo creo que sí se puede. Desde luego que son herramientas importantes, pero hay muchas fuentes y muchos otros recursos. Hay fórmulas que sirven para sustituirlas. Yo las aprecio y las admiro. Siempre he sido un observador muy atento de las herramientas que la tecnología pone al servicio del periodismo. Pero, desgraciadamente, con la edad uno se va haciendo un animal de costumbres. Hasta hace poco aprendí a escribir en una computadora; antes yo usaba mi máquina mecánica de escribir, ni siquiera la eléctrica.

PLAYBOY: ¿Cree que el periodismo en las redes sociales es superfluo?

ZABLUDOVSKY: No, todo aporta algo. Es muy común –y eso es parte del relajo mexicano que describió Octavio Paz– burlarse de lo que uno ignora o menospreciarlo. Cuando uno no quiere confesar que desconoce algo, se tira al relajo. No es mi caso. Reconozco cuando no sé las cosas. Y cuando trata de entenderlas y no puedo, abandono el propósito. A mí me gustan las nuevas formas de comunicar las noticias. Hace 25 años, cuando un terremoto destruyó buena parte de la Ciudad de México, yo salí con…

PLAYBOY: Con un auto que tenía teléfono, a reportear desde las calles…

ZABLUDOVSKY: Exactamente eso es lo que iba a contar. Yo era director de los noticieros de Televisa. Emilio Azcárraga Milmo me había puesto un auto con teléfono. Era muy caro en ese momento, pero era una herramienta necesaria para el cargo que yo desempeñaba en esa empresa. Gracias a eso, transmití toda la mañana, cuando la mayoría de las transmisiones estaba cortada. Pensando en eso, no puedo ser alguien que menosprecie las nuevas herramientas.

PLAYBOY: El periodismo por medio de las redes sociales implica un grado de inmediatez que atenta contra la confirmación de la información. ¿Eso cambia la ética de quienes se asoman a esta forma de periodismo?

ZABLUDOVSKY: No creo que la ética dependa de los instrumentos. Depende de las personas. La ética no es un atributo de un instrumento. El periodismo sigue siendo el mismo de quienes hace 4 mil años narraron en 726 palabras el origen del mundo y cómo se creó en siete días. Eso se viene haciendo desde que el hombre es hombre. Encontrar un hecho que les importa a los demás, narrarlo y luego interpretarlo.

PLAYBOY: ¿A qué periodistas sigue?

ZABLUDOVSKY: A varios, pero sigo siendo un admirador del Gabriel García Márquez periodista, al que relativamente poca gente conoce. Todos hablan de él como literato. Otro lo fue Hemingway. Y el periodismo fotográfico de Robert Capa y Cartier-Bresson. Acudo con frecuencia a ellos. Y constantemente acudo a nuevas plumas a las que me pueda aficionar.

PLAYBOY: Me llama la atención que hable de ciertos íconos, pero no mencione periodistas contemporáneos.

ZABLUDOVSKY: Gabriel es contemporáneo. Pero ahora que estoy en un programa de radio, admiro a los reporteros que ejercen en la calle. Tienen mucha rapidez, mucha capacidad de observación. También acudo a revistas como Playboy, Vanity Fair y a The New Yorker, en su época.

PLAYBOY: ¿Y le gustaba Life?

ZABLUDOVSKY: Mucho, porque contribuyó a la expansión de un periodismo que nació gracias a un invento. A raíz de la gran crisis económica del ´29, las grandes compañías de cine quedaron con grandes bodegas llenas de película que no podían usar porque no tenían presupuesto para el rodaje. Entonces, en Alemania inventaron la cámara Leica, donde cabía un rollito de esa película que originalmente se usaba para el cine. Entonces, ya no tenías que cambiar placa por placa cada vez que tomabas una foto. Eso permitió que se desarrollara el periodismo fotográfico. Así nacieron las grandes revistas de periodismo fotográfico: View, Interview, Life.

PLAYBOY: Muchos nos preguntamos si el nuevo periodismo pierde profundidad en pos de la velocidad.

ZABLUDOVSKY: No lo creo. Cada vez que hay una nueva herramienta los periodistas se cuestionan lo mismo: “Esto va a destruir lo anterior, ya nada es como antes”.

PLAYBOY: ¿Cuántas nuevas herramientas pasaron por sus manos?

ZABLUDOVSKY: Muchas. En primer lugar, cuando la televisión se lanzó en México, yo llevaba 5 años de periodismo. Cuando la televisión empezó, yo ya estaba ahí.

PLAYBOY: Como en el cuento más corto del mundo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

ZABLUDOVSKY: ¡Exacto! (se ríe), como en el cuento de Monterroso. Yo ya estaba en radio y en prensa. Y luego fui director de un noticiero de cine que se llamaba El Mundo en marcha. Y yo escribía las noticias de un noticiero de foquitos de un letrero que estaba en la Glorieta de Insurgentes. Ahí los caracteres eran contados.

PLAYBOY: Como el Twitter de entonces.

ZABLUDOVSKY: Igual. Así es que ya ves que hice de todo y aquí sigo, haciendo periodismo. El otro día estaba leyendo una biografía de Pulitzer, como mil páginas, en inglés, porque todavía no sale en español. Él entendió la importancia de la rotativa. Entonces, había quienes decían que los periódicos no tendrían periodistas que pudieran alimentar esa velocidad con eficiencia.

PLAYBOY: Hace 8 años me dijo: “escribí mis memorias, pero como no me morí, tuve que agregarle unos cuantos capítulos”. ¿Sigue escribiendo?

ZABLUDOVSKY: Ya están. Precisamente, afuera me esperan los de una editorial que está interesada. Estoy agregando algunas cosas que pasaron en los últimos diez años. El 31 de marzo, a las 5 de la tarde, cumpliré diez años de haber salido de Televisa (la entrevista sucedió el lunes 22 de marzo). Todo lo que pasó en este tiempo es lo que estoy escribiendo ahora. Empezando por ese día, cómo fueron esas últimas horas (hace una pausa). Ese día en la mañana, yo no sabía que iba a dejar Televisa después de 50 años de estar ahí.

PLAYBOY: ¿Cómo fue ese día?

ZABLUDOVSKY: Hacía como año y medio que yo había dejado 24 Horas, pero seguía en la empresa. Y la verdad es que estaba muy cómodo. Me trataban como a un especie de patriarca de las noticias, era muy respetado [en ese momento suena su teléfono celular y quien llama es su hijo, Abraham. Entonces Jacobo le dice: “está aquí conmigo el director de Playboy y me está haciendo preguntas indiscretas”. Jacobo hace una pausa, luego se ríe y continúa: “sí, voy a salir en el póster desplegable del Centro, sí”. Se despiden, y Jacobo cuelga. Respira hondo, y por fin continúa, midiendo cada una de las palabras que pronuncia; medio pensando, medio recordando en voz alta]. Llevaba yo un par de años de haber dejado 24 Horas. Abraham, que llevaba en Televisa veintitantos años, creyó que me iba a sustituir. Pero pusieron a Guillermo Ortega. Cuando decidieron que iban a sustituir a Ortega, Abraham volvió a creer que le tocaba a él. Pero pusieron a López-Dóriga. En ese momento, Abraham decidió irse. Llegó a mi oficina y me dijo: “ya renuncié”. Hablamos un par de cosas más y salió de mi oficina. En eso me habló Emilio Azcárraga Jean para conversar conmigo sobre el asunto y le prometí hablar con mi hijo. Al rato, me encontré con Abraham en un funeral y le dije que me había hablado Emilio, pero él insistió en que su decisión estaba tomada. Volví con Emilio y le dije que no había marcha atrás. Él me respondió: “dile que se aguante, que no se vaya, que tuvimos la necesidad de hacer las cosas de esta forma, que espere, que no se vaya”. Le prometí hacer un último intento. Así es que fui a casa de Abraham y él fue más categórico: “ya renuncié y además no quiero volver a tener patrón en toda mi vida”. En ese momento, me di cuenta de que su decisión era irreversible y decidí renunciar también. Y no lo hice para apoyar sus razones. Pero no se lo dije, para evitar una discusión en ese momento. Él no iba a estar de acuerdo. Entonces le hablé a mi esposa y le conté. Después le hablé a Emilio y le dije que tenía noticias. Fui a verlo a San Ángel. Cuando nos encontramos, me preguntó qué había pasado con Abraham y le contesté que el problema no era él, sino yo: “vengo a renunciar” (Jacobo hace una pausa, como masticando el pasado). “Me voy con él”, le anuncié. “Si yo tuviera un hijo, haría lo mismo”, me dijo Emilio y se le salieron las lágrimas. Empezó a llorar y yo también.

PLAYBOY: ¿Qué pasó después?

ZABLUDOVSKY: Caminé hasta la salida y en la puerta le entregué mi celular al policía.

PLAYBOY: No es difícil imaginar que debió haber otras razones, además de la renuncia de su hijo, que lo hicieron irse de Televisa.

ZABLUDOVSKY: No, yo estaba muy a gusto. Y además era consciente, por la experiencia de tantos años, de que la titularidad de un noticiero era algo momentáneo. Ahora estás, ahora no. Una vez puedes estar a las seis de la mañana y luego te pasan a las diez de la noche. Mi posición era halagadora, satisfactoria. Pero ya no sabía yo a qué iba. Además, estaba convaleciente de cáncer. Me habían operado de tres distintos tipos de cáncer. Algunas de esas operaciones se complicaron y la convalecencia era muy lenta y hasta humillante. Todo se me juntó. Inmediatamente recibí ofertas de trabajo. Pero yo tenía mucho miedo al fracaso.

PLAYBOY: ¿Cuándo pierde uno el miedo, Jacobo?

ZABLUDOVSKY: Nunca, nunca. Ni los nervios. Ahora mismo estoy nervioso porque tú me entrevistas. Pero el miedo al fracaso era muy especial, porque después de haber sido la estrella de los noticieros de televisión, por casi 30 años, salir en otro medio, fuera de la sombrilla de Televisa, y hacer el ridículo, me daba un miedo atroz.

PLAYBOY: ¿Le daba miedo que fuera usted una invención de Televisa?

ZABLUDOVSKY: Así es (hace una pausa). Creo que hasta cuando te mudas de casa, sientes esas cosas. Imagínate semejante cambio. Pero estoy tan satisfecho de estos últimos diez años, porque rechacé varias ofertas, pero…

PLAYBOY: ¿Qué ofertas?

ZABLUDOVSKY: El primero que me ofreció trabajo fue Juan Francisco Ealy Ortiz, dueño de El Universal. Me dijo: “¿quieres venir de Director? De lo que quieras, vienes”. Después vino Francisco Aguirre, Presidente el Grupo Radio Centro, con una oferta concreta: una estación que no estaba en el aire tenía un transmisor que no se oía a diez cuadras. Y como era una estación sin auditorio, yo pensé: la ventaja es que no le puedo bajar el rating a una estación sin rating. Por poco que haga, todo será mejoría. Y así fue.

Fuente: http://www.playboy.com.mx

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Un comentario el “El periodista, cronista, narrador, escritor, maestro. El que no tiene Twitter ni Facebook, el que un día salió por la puerta grande de Televisa y hasta entregó el cel que le dió la empresa al policía de la puerta: Jacobo Zabludovsky

  1. ¡Genial! Dos grandes del periodismo frente a frente. Es un placer ‘escuchar’ a Jacobo Zabludovsky escrito por Gabriel Bauducco. Se agradece el duelo de inteligencia.

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