Cibercondría: Una nueva enfermedad acecha a los hipocondríacos

compuSe trata de una versión 2.0 para la generación cibernauta, la cual vuelve a Internet como un medio ideal para alimentar esta patología y volverla más peligrosa.

Aunque todavía no aparece tipificada en los diccionarios de términos médicos, algunos especialistas han comenzado a nombrarla como Cibercondría: una enfermedad gestada gracias al incremento del flujo de información en la red.

Se trata de una nueva versión de aquel padecimiento psicológico presentado por Hipócrates hace casi 2,500 años: la hipocondría, como una firme creencia de ciertos pacientes, sin fundamento alguno, de que sufren una o varias enfermedades. La diferencia con este upgrade de la hipocondría es que los “enfermos” surcan la web para descubrir horrorizados que ese “síntoma” obedece a un cáncer en los huesos, ya en su etapa final, sin recordar que el día anterior sufrieron un golpe menor en ese mismo lugar. De suerte que, un escozor, un ligero mareo o una simple jaqueca, serán los firmes indicios del padecimiento de una terrible enfermedad, casi siempre la más extraña o letal.

Según Arthur Barsky, psiquiatra en el Colegio de Médicos de Harvard, “estos pacientes van a la web y allí aprenden nuevas patologías de las que nunca habían oído hablar y descubren aspectos hasta ahora desconocidos de las viejas enfermedades”. Las estadísticas dicen que entre 3 y 6 por ciento de las personas creen padecer una enfermedad; lo que es peor, en la mayoría de los casos se automedican, porque en el remedio también encuentran esa infalibilidad que también hallan en el “ciberdiagnóstico”.

Dicen los expertos que, por lo general, una persona que sufre cibercondría va de lo simple a lo complejo, en esta cibernética cruzada. Primero busca los nombres de las enfermedades, después la comparación de los síntomas y, con esto, se desentrañan nuevas sintomatologías que hacen cada vez más exacto el diagnóstico. Finalmente, con los datos en la mano, se buscan tratamientos medicinales específicos; de hecho, muchos de ellos ni siquiera consideran asistir al médico y, aquellos que lo hacen, llegan con demasiada información en sus manos. “Cuando llegan con el especialista, indican a éste el tipo de procedimiento que debe seguir y los exámenes a prescribirles”, señala Claudia Sáez, psicóloga y terapeuta. “Y algo para tomar en cuenta, es que la inmensa mayoría de los cibercondríacos son muy jóvenes”, agrega.

Incluso, muchos de estos pacientes no sólo están seguros de la enfermedad que padecen, sino que luego de pruebas (que exigen a su médico) que salieron negativas, deciden optar por otros médicos y especialistas. Así, saltan de consulta en consulta, en busca de una confirmación a su certeza, debido a que no aceptan un “usted no tiene nada, señor”, por respuesta.

¡Achú… click!

Recientemente, Microsoft publicó un estudio; el primero realizado sobre este tema, el cual concluye: “muchos de los que se asoman a Internet para autodiagnosticarse con frecuencia, dan por buenas las peores hipótesis y concluyen que padecen las peores enfermedades”. A partir del seguimiento dado a 1 millón de cibernautas y de entrevistas a 500 más, el estudio revela contundentemente que “quien se levanta de la cama con jaqueca, enciende su computadora, consulta varias páginas y acaba pensando que tiene un tumor cerebral, lo más probable es que deba acudir a un psicólogo. Porque de lo que sí es probable, es que padezca cibercondría”. Otro elemento que se ha incorporado a todo esto es el de la cantidad de personas que, diariamente y con mayor frecuencia, consulta la web como fuente primaria de salud. Aproximadamente 85 por ciento de las personas con acceso a Internet, que enfrenta algún síntoma o dolencia, visita primero páginas médicas antes de acudir a consulta. “A ese ritmo, el médico de cabecera va directo a su desaparición”, señala irónicamente un artículo sobre la enfermedad en la publicación digital española La Vanguardia.

El principal problema radica en que para estas personas, es muy fácil hacerse de información de primera mano, acerca de padecimientos y enfermedades. Las que encabezan los listados cuando se teclean ciertos síntomas, son generalmente las más graves; ésas a las que las personas temen más y que son ideales para que un cibercondríaco encuentre la índole de su padecimiento. “Si tú escribes, en un buscador, el síntoma más simple como ‘mareos’, aparecerán cientos de páginas con infinitas causas; desde luego, un hipocondríaco va a pensar que tiene la peor de ellas”, dice la doctora Sáez. A lo que podría añadirse que la mayoría de los textos que inundan la red, se refieren a padecimientos de cierta importancia y muy raros los dedicados a causas simples, ya sean agruras por comer demasiado o salpullidos por falta de higiene. Google despliega 3 millones 180 mil páginas en español sobre dolor de cabeza, de las cuales algunas están asociadas a aneurismas cerebrales, tumores, accidentes isquémicos o cerebrovasculares; el dolor de pecho arroja 2 millones 260 mil páginas, asociadas algunas con el infarto cardíaco; y el dolor abdominal, 823 mil páginas, que encuentran asociación con apendicitis, oclusión intestinal, colecistitis, aneurisma aórtico abdominal disecante, y más. Nunca aparece un “empacho”, por cierto.

Las afecciones de la red

> Lo primero que sucede con los cibercondríacos es que sus temores los llevan a no diferenciar entre una página de la OMS y otra de horóscopos, cuando se trata de su “enfermedad”. No todas las páginas son lo bastante serias como para tomarlas en cuenta, en su diagnosis o tratamientos, po lo que se debe ser sensatos acerca de la credibilidad de las páginas que abren y a quién o qué organización pertenecen.

> Nadie estaría en contra de ese tipo de contenidos en la red. En realidad, muchas de las páginas que están colgadas en la red, sobre salud, son un referente valioso para especialistas que se mantienen al tanto de nuevas terapias y metodologías, pero ellos están capacitados para reconocen lo valioso e importante de cierta información.

> La cibercondría es por el momento sólo una advertencia de varios especialistas de distintas partes del mundo. No hay estudios, al margen del que realizó Microsoft, por parte de organizaciones de salud; tampoco estadísticas que ofrezcan dimensiones de los verdaderos alcances del problema. Sin embargo, la situación es real y los millones de hipocondríacos que habitan el planeta, encuentran un la red un número infinito de opciones que impulsa un resurgimiento de esta enfermedad, por sí mismo, como una de las primeras gestadas desde Internet.

Fuente: http://www.revistaopen.com.mx

Todo contenido vertido en este sitio es meramente informativo, como una herramienta para poder contibuír a mejorar algunos aspectos y así incrementar tu calidad de vida. Si te interesa ampliar la información del mismo, te sugerimos buscar la ayuda de un experto en el tema o bien en los buscadores de Google