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El Cuarteto de Eugenio Toussaint, en una mañana que dejó nostalgias

musiclife.com.mx

En el jardin de la ex hacienda de San Gabriel, nos reunimos alrededor de doscientos aficionados al jazz para degustar una sesión matutina. “Oinos. Música para beber vino” es el nombre del recital. Esa palabra griega que traduce “Vino” llenó nuestra imaginación de colores y aromas esenciales para el buen beber, compañía profética de que vendrá una buena comida. Así que excitados los sentidos nos dominó el sol apabullante, las cabelleras coronadas en rayos de sol, ¿estoy en la realidad?

Escuchar jazz es fácil, nada más nos dejamos llevar y ya. Aaron Cruz (contrabajo),Gabriel Puentes ( batería),el mismo Toussaint (innecesario mencionar que estaba al piano), forman el núcleo original, invitaron a Luca Litera a dar vida a una armónica dulce y guanajuatense. Se dividió el programa en Elementos del proceso y evolución del vino, zonas, y varietales. Hay sabor a improvisado, también ataque a segmentos clásicos, la calidad interpretativa relampaguea como el sol de las doce que nos devoraba.

Toussaint se levanta y sienta presa de las emociones, notas que le abanican protectoras. –No hay cabernet a la mano- Descienden de la batería cascadas impresionistas. El bajo es manejado con brio y juego, escobillando los metales. Las manos también afinan los aplausos. Circulatorias las notas que se caen de los pentagramas llenos de color, festividades sabatinas, atmósferas y longitudes de todas las épocas. Octubre del 2010 se esta terminando, Estela Leñero demostraba su emotivo acuerdo con la técnica amorosa que regalaba el grupo.

Sabores a Gershwin, Corea, contrapunto del mediodía, el alma soplando en el metal, asociación intimista de doscientas conscientes sensibilidades. Sutilezas musicales que imitan los instantes posteriores al acto amoroso, en un jardín soleado y públicamente, corre un vientecillo.

California, Toscana, Bordeaux, es un viaje estático para degustar en la mente las intensidades del piano, armónica, dedos sobre cuerdas persiguiendo el hálito vital de las percusiones. Pinot noir, Sauv blanc, celebración, rocían la imaginaria fiesta dionisiaca, que ha de continuar hasta bien entrada la tarde, cada uno en su refugio gastronómico. Por fin una nube envuelve el sol descendente, alivia unos minutos, como no tiene reversa, retorna el calor amable.

Imagino que un filme registra los momentos que vivimos, una por una las caras reflejan los pensamientos, los aislamientos, encubrimientos para revitalizar esa mañana, en la exhacienda de San Gabriel en Guanajuato. Maravillosa aventura que nos tenía reservada el Festival Internacional Cervantino, con Eugenio, que agradecía la presencia de sus esposa e hija en las afiladas sillas de ese jardin señorial, para que lo guardáramos para siempre en la memoria del jazz cláisco-latino.

Si, la nostalgia fue por el vino, que llegaría más tarde.

Por Benjamín Bernal @benjaminbernal

Presidente de la Agrupación de Periodistas Teatrales

56 88 02 80 y 044 55 32 22 94 62


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noviembre 3, 2010 - Publicado por | Actualidad | , , , , ,

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