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A galope sobre el teclado

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Galopan. Suenan, según el lugar común, como alma que lleva el diablo: en chinga loca, desbocados. Son mis dedos sobre el teclado.

No tengo mérito alguno. Podría atribuir mi frenesí a las oportunidades educativas que me dotó la clase media, al ponerme enfrente una máquina de escribir y luego una computadora para cumplir con las tareas perfectas, sin derechos humanos, que exigían esas mismas oportunidades educativas. Mis índices picoteaban el teclado con más maña que precisión, dándome el lujo intelectual de pulsar la “a” con el meñique izquierdo y la barra espaciadora con el pulgar derecho, sólo de vez en cuando. Nunca fui rápida.

Mis compañeras que estaban en taquimecanografía soportaban el régimen dictador y dictatorial de la maestra, que era una secretaria desempleada y que resolvía sus conflictos docentes con un cubreteclado, usando la legítima técnica de discapacitar al alumnado para que sientiera el rigor. Esas compañeras aprendieron pronto y fácil a enajenarse viendo al infinito presionando efe efe jota efe, jota jota efe jota, sin pestañear, sin quejarse por estar escribiendo sandeces fonético-tipográficas y descubriendo su propia eficiencia modosita. Nunca pude imitarlas.

No recuerdo cómo logré la habilidad de encarrerarme a galope con los dedos. Lo atribuyo a ser producto del cruce de dos siglos con prisa y a que los teclados ahora son suaves al tacto y permiten emitir más palabras en menor tiempo, con la vista en el monitor, interrumpiendo el masticado sonoro de caracteres con el click de un ratón interte.

Del modo más automático, ordinario y común, trato de cumplir las demandas de la inmediatez igual que me dediqué a pagar la deuda de las oportunidades que me fueron dadas: porque debe o debía de ser. Cuando me descubro desbocada, freno el caballo y me bajo de él. No todo en la vida es pago moral, ni velocidad ni eficiencia ni inmediatez ni virtud. Hay que cuidar de no vender el alma al diablo en el afán de demostrar la valía de unos o la ineptitud de otros.

Me subo de nuevo al caballo y galopo. Con los dedos, de piés a cabeza, con todo el cuerpo. Quiero que mi frenesí sea por escribir, por vivir, por amar. De buscar el mérito, he tenido suficiente.

Fuente: Miranda Hooker en www.mirandahooker.wordpress.com


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agosto 17, 2010 - Publicado por | Intimidad colectiva | ,

2 comentarios »

  1. Que bien, esta entrada relamente describe los ruidos que hace el teclado cuando mis dedos lograron concetarse con mi cerebro y debo producir un texto. Mejor explicación no he logrado encontrar. Merece que yo lo difunda más. Pueden existir otros seres humanos que sientan lo mismo.

    Comentario por Raul Zavala | agosto 17, 2010 | Responder

  2. Excelente artículo, que nos deja como enseñanza que en la vida, a veces la rigurosidades mecánicas, no van aompañadas del éxito, aunque si fueron quizá necesarias en alguna época.
    En nuestros tiempos, más se requiere de decisión para enfrentar los retos, mucha voluntad y disciplina, para producir los cambios en nosotros y por consecuencia, en nuestra sociedad. Atenta y cordialmente, Fernando Rodríguez Guzmán, Chile

    Comentario por Fernando Rodríguez Guzmán, Chile | agosto 17, 2010 | Responder


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