Conocidos así y también como los huevos de mil años, esta delicatessen de la cocina china se sirve cruda como aperitivo o como acompañamiento en sopas y ensaladas.
Normalmente se emplean los huevos de gallina, pata o codorniz, y pasados varios días o meses de tratamiento -dependiendo del método empleado-, la yema toma un color verde oscuro de consistencia cremosa, mientras que la clara adopta un color marrón oscuro, con una textura parecida a la gelatina y de escaso sabor.
El método más antiguo implicaba enterrar los huevos en un barro hecho con arcilla y agua que, al secarse, los conservaba para los tiempos de escasez.
En el método tradicional, descrito por primera vez en textos de la dinastía Ming, en vez de arcilla se emplea una mezcla de hojas de té hervidas, ceniza de madera de roble, cal viva y sal que se deja enfriar durante una noche, y al día siguiente se envuelven con ella los huevos. Por último se cubren de cáscara de arroz para que no se peguen los unos a los otros y en cinco meses -el tiempo que tarda la masa en secarse por completo- están listos para el consumo.
En el método moderno, menos extendido que el anterior, los huevos se envuelven en plástico y se sumergen en una mezcla de salmuera y sosa causticasosa caústica durante diez días. Posteriormente se sacan de esa solución y se dejan secar de forma natural
El consumo regular de este tipo de huevos -dos o tres al día- se ha revelado beneficioso para quienes sufren de tensión alta o enfermedades coronarias al hacer que desciendan los niveles de LBD Colesterol malo LBD o colesterol malo, estimula el apetito, aguza la vista y protege al hígado.
Fuente: http://www.taringa.net
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