Recomendación de lectura: “Laberinto de dudas”. Enredado en un mundo si salida, la duda es constante, aniquilante y deambulante
Nueva York, Chicago y Miami son las ciudades donde se desarrolla la vida de Gerardo Campuzano, un hombre que en su niñez fue abusado sexualmente e inducido a las drogas por su padre.
En su enloquecedor comportamiento por adquirir drogas, se entera de un gran secreto familiar que cambiará drásticamente el rumbo de su vida. Desentrañar ese secreto se convierte en una obsesión que lo lleva a recorrer caminos -algunos fabricados por un hombre de mente malévola- que se entrecruzan entre sí.
La duda es una constante en ese laberinto. Gerardo sabe que la falta de lucidez provocada por el uso de drogas no le permite encontrar la salida… La vida de este hombre es una desgarradora lucha interna por olvidar su pasado y poder liberarse de su adicción. Desde el inicio de la trama aparece Graciela Santamaría, una joven viuda y madre de dos adolescentes cuya estabilidad emocional y equilibrio familiar se ven afectados al convertirse -por caprichosos malabares del destino- en parte fundamental de una historia que no buscaba. En el transcurso de la trama aparecen personajes con cuyas historias se pretende dar una lección de tolerancia, esperanza y optimismo para la tan necesitada comprensión entre los seres humanos.
Nancy C. Sánchez nació en Matanzas, Cuba, en 1940. Es graduada en Ciencias Económicas por el Instituto de Planificación de la Economía Nacional en Kiev, Ucrania, y licenciada en Información Científico-Técnica por la Universidad de La Habana, Cuba. Cursó seminarios de estudios demográficos, población y planificación de países en vías de desarrollo auspiciados por las Naciones Unidas en la Universidad Lomonosov de Moscú, Rusia.
Se dedicó por más de veinte años a la educación superior como profesora e investigadora en el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana. Es autora y coautora de diferentes publicaciones académicas presentadas en congresos nacionales e internacionales, con algunas de las cuales obtuvo premios. Salió de Cuba en 1991; primero fue a México y, posteriormente, a Estados Unidos. Actualmente vive en Miami, donde escribió Laberinto de dudas, su primera novela.
Fuente: www.librosenred.com
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¿Qué más viene con el paradigma digital?
Internet no solo cambió la forma que tenemos de trabajar, de comunicarnos, de recibir información, de divertirnos. Cambió también nuestra forma pensar, percibir e interpretar lo que nos rodea. Pero ¿hasta qué punto? y ¿en qué se nota? Algunas reflexiones:
* Podemos ver las cosas como nunca antes (por ejemplo, ver la punta de Machu Pichu en un Google Map).
* Lo multimedial reemplaza lo lineal: podemos ver imágenes, oír y leer todo junto. Podemos mirar una película histórica e inmediatamente contextualizar los hechos en Wikipedia. Sí: no tendremos garantía de rigor analítico, pero rápidamente obtendremos las coordenadas de la época. Y si queremos profundizar después en el tema, ¡por supuesto que podemos!
* Internet hace más posible que las ideas se promuevan (incluso si quien impulsa la idea no tiene él mismo chances básicas para hacerlo). Basta tener un un blog o espacio en Facebook: recientemente, un adolescente porteño logró reunir 30 mil personas para reclamar contra la designación del escritor Abel Posse como ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, y algo influyó en su destitución casi inmediatamente posterior. Es decir: no hace falta acceder a círculos selectos ni tener mucho dinero para lograr impacto en la opinión pública o instalar un proyecto.
* Internet nos obliga a la precisión: cada vez es más importante hacer la pregunta (o la búsqueda) correcta para obtener lo que se quiere.
* La distancia entre obligaciones y entretenimiento es cada vez menor. Hacemos de todo todo el tiempo: abrimos un documento, en el medio chequeamos qué mensaje nuevo recibimos, mientras tanto miramos la portada del diario y nos tentamos con ver un video, volvemos al documento, nos ponemos música, reenviamos un mail…
* Lo bueno, si breve…: los contenidos se fragmentan cada vez más: no álbumes enteros, sino canciones; no diarios, sino tweets; no libros enteros, capítulos.
* Cae la importancia de los nombres propios: no importa tanto quién habla, no importa tanto la idea de autor primero, de autor-fuente. Y además tendemos a valorar más las versiones que la verdad; tendemos a creer más en lo subjetivo que en lo supuestamente objetivo (ver Saer, en el apartado 4)
Estas son algunas notas de lo que puede registrarse como tendencia en nuestro comportamiento. Pero quedan muchas preguntas sobre los cambios de conducta y formas de pensar que puedan darse con el tiempo, como por ejemplo:
¿Nos desacostumbraremos a mantener la atención largo rato? ¿Nos costará profundizar en las ideas y solo tendremos conceptos muy generales, y poco analíticas, de las cuestiones? ¿Tendremos, en contrapartida, una actitud más activa, curiosa, participativa? Es decir, ¿seremos más ávidos intelectualmente… pero también más superficiales?
Si bien con los nuevos medios de comunicación se pierde el contacto cara a cara, ¿se verán beneficiadas las relaciones entre las personas por la posibilidad de vincularse por afinidades (gustos, hobbies, orígenes, etc.) de un modo más natural y fluido que antes? ¿Nos enriqueceremos al establecer relaciones más pares (que equilibren la fuente o el autor de la información con aquellos que la reciben)? ¿Nos aportará el ejercicio de recibir una constante feedback a nuestros textos, audios, videos publicados para mejorarlos?
¿Seremos más generosos y compartiremos la información que tenemos porque encontraremos un beneficio (sea por el bienestar personal o por las ganas de tener buena reputación por Internet)? ¿O la falta de contacto nos volverá más individualistas o insensibles? ¿Nos jugará a favor que tanto quede registrado en la web, hoy ya nuestra gran memoria colectiva?
Fuente www.librosenred.com
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