Lo dijo Fernando Pessoa
“Con pequeños malentendidos,con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices”.
(Tomado del “Libro del desasosiego”) Si te interesa o llama la atención el poder tener este libro en tu computadora de forma libre, entra al siguiente link para bajarlo en formato pdf : Bajar el libro “Libro del desasodiego” de Fernando Pessoa
El Libro del desasosiego era un block de apuntes para la obra de un tal Bernardo Soares, otro de los heterónimos de Pessoa; posiblemente nunca fue pensada su edición en la forma en la que hoy lo conocemos pero hoy en día es tal vez la obra más conocida de Pessoa. Que fuera firmado por Bernardo Soares es irrelevante, el libro es el que más se identifica de sus trabajos con la figura secreta y tímida que fue el Pessoa real, poeta al que su propia modestia sirvió como inusual técnica de marketing: ¿a cuántas personas lo primero que les llama la atención de Pessoa es su múltiple desdoblamiento en heterónimos?, ¿qué importancia real tiene esto?, ¿cuántos poetas podrían haber sido, de haber jugado a ese juego, autores de personalidad mutante como Neruda, Huidobro o García Lorca? Es todo charla barata de academia, lo importante es el autor que mal pudo disimularse atrás de esos heterónimos, todos muy parecidos entre sí en profundidad y todos diciendo lo mismo de formas apenas diferentes. Y el Libro del desasosiego es una larga meditación autoconsciente sobre la propia figura de un escritor que supo reconocerse como ridículo, tal como prueba no solo la frase que encabeza estas palabras sino también su famoso poema acerca de sus cartas de amor a Ofélia Queirós (“Todas las cartas de amor son / Ridículas / No serían cartas de amor si no fuesen / Ridículas”).
Difícilmente se encuentre en la literatura mundial otro escritor capaz de emplear la palabra ridículo referida a sí mismo. Derrotados, destruidos, traicionados, crueles, equivocados, todo eso sí, pero “ridículo” es un adjetivo demasiado duro para autocalificarse, al menos si uno es un aprendiz de Homero decidido a volverse un héroe del arte, es una palabra que acepta la mirada externa y que juzga en forma más estética que moral.
Fernando Pessoa fue capaz de mirar desde afuera y ver a un hombre solitario dedicado a escribir con los nombres de amigos imaginarios. Y un hombre solo es ridículo no importa lo que escriba, no importa el valor que se le de a la palabra ridículo. Bernardo Soares vio a un hombrecito ridículo, ridículo, ridículo, tal vez enamorado, ridículo.
Fuente: www.henciclopedia.org.uy por Gonzalo Curbelo
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Cocina con vino. Suavizar la carne, añadir color y, por supuesto, intensificar el sabor de los ingredientes son sólo algunas de las bondades que la bebida brinda
Pablo San Román señala que entre sus platos favoritos están los potajes y el estofado de rabo de toro, el cual elabora con un toque de vino tinto. De hecho, éste es uno de los ingredientes que no puede faltar dentro de la “le añade una presencia diferente a los platillos”.
La costumbre de agregar esta bebida a las recetas viene de la cocina francesa tradicional.
“Lo importante al momento de agregar este componente a un guiso es la calidad del vino y la óptima reducción que se haga de él”.
Con “reducción” se refiere a hervir el vino hasta obtener una consistencia melosa y evaporar las notas de alcohol. La cantidad que se añada dependerá del gusto de cada persona.
“Debe emplearse cuando, por ejemplo, la carne y las verduras están listas para eliminar el contenido alcohólico y equilibrar el sabor”, el vino blanco le va mejor a las pastas y al pescado, mientras que el tinto es idóneo para aves y productos de caza. Además, ambas variantes pueden usarse en postres, sobre todo las que cuentan con notas dulces, así como los licores.
“Aunque el vino puede mezclarse casi con cualquier guiso, prefiero utilizarlo con platillos derivados de la cocina mediterránea, ya sea la francesa, la italiana o la española, de Burdeos, de la Rioja y Ribera del Duero y por supuesto, los de origen mexicano, en especial de la zona de Baja California, los cuales van muy bien con carnes rojas”.
La temperatura idónea para cocinar el vino, es de media a fuerte al inicio y baja para terminar. Lo ideal es regularla para que reduzca solo.
Suavizar la carne, añadir color y, por supuesto, intensificar el sabor de los ingredientes son sólo algunas de las bondades que la bebida brinda.
Fuente: www.eluniversal.com.mx por Natalia Gutiérrez
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Tiempo de calidad. No tener tiempo es argumento, justificación, queja, lamento, pretexto, lugar común y, también y por desgracia, una realidad.
Como si hubieran pasado cien años, añoramos cuando llegar de tal a cual punto no nos llevaba ni diez minutos o cuando todavía podíamos de ir a comer a la casa; en algunos lugares, el tiempo «de antes» rendía incluso para tomar una siesta después de comer.
Dentro de estas quejas, las más sentidas son las que se refieren a la falta de tiempo para la familia o para los amigos, una cuestión en verdad lamentable, pero, ¿qué se le va a hacer?, en estos tiempos nos tocó vivir.
Recientemente, he oído hablar de un concepto que me ha dejado entre estupefacto y maravillado: resulta que ahora existe un paliativo genial y una perfecta solución para aminorar el impacto de la alarmante falta de tiempo, y a esta maravillosa fórmula, que permite categorizar cualitativamente el tiempo, les ha dado por llamarla «tiempo de calidad».
Lo que les doy es tiempo de calidad
Esta frase es la mejor justificación para todo género de desatinos y es la herramienta con la que el hombre moderno puede trastocar su realidad asumiéndose, ya no como víctima de la época actual —que es la que nos impide disponer de tiempo—, sino como un ser que, con todas sus capacidades, encuentra fórmulas creativas para solucionar problemas que lo depositan directamente en el carril para alcanzar otro de los conceptos con los que ha decidido establecer y venderse una ambiciosa frontera aspiracional: «la excelencia».
La excelencia es ese concepto, meta, ideal y objetivo de vida que, con el afán de allanarnos el camino, nos regalan a diario artículos, libros, seminarios, simposios y peroratas de la peor caterva. Pero para aquellos que creen firmemente en las bondades del tiempo de calidad, este concepto es quizá lo más avanzado y revolucionario en cuestiones de física moderna. Lo curioso es que el innovador concepto tiene también implícitas algunas variables de carácter sociológico, en virtud de las cuales no cualquiera tiene la capacidad de brindar tiempo de calidad: al parecer, para poder brindarlo, se debe contar —sobre todo mentalmente— con un «perfil ejecutivo» y llevar un estilo de vida en el que los retos laborales lo desborden a diario; sólo aquel que siente el estrés y la complejidad de este estilo de vida será capaz de diferenciar entre el tiempo convencional y el tiempo de calidad. Así, somos muchos los que debemos conformarnos con el escalafón de quienes no estamos calificados para brindar tiempo de calidad y que, por lo tanto y para nuestro desdoro biográfico, tampoco podremos cifrar nuestras esperanzas en alcanzar la excelencia.
El invaluable consejo de «No te preocupes, trata de darles tiempo de calidad», me recuerda la fábula aquella del lagarto economista, que le sugirió a una pobre rana que había perdido una de sus ancas y, por lo tanto, 50% de su capacidad de locomoción, que se convirtiera en ciempiés, porque entonces la pérdida de su extremidad sólo implicaría perder 1% de su capacidad locomotriz; al oír esta genialidad, la rana se puso eufórica, pero esta euforia se volvió a convertir en tristeza al darse cuenta de que el lagarto economista, artífice de la teoría, en la práctica era incapaz de transformarla en ciempiés. Tener la posibilidad —-o el don— de poder convertir el simple tiempo en tiempo de calidad es la panacea moderna y la piedra filosofal de nuestros tiempos.
Sabia virtud de conocer el tiempo… de calidad
Esto del tiempo de calidad me ha afectado de diversas maneras, pero la que más me inquieta ahora es no saber si el tiempo que me dedicaron mis papás fue tiempo de calidad o simple tiempo convencional. Vivo atribulado tratando de dilucidar si hubo tiempo de calidad y de determinar, si es que lo hubo, de qué calidad era el tiempo de calidad de mis papás. Hay días en que me rindo y me digo que es inútil, porque si en su época ellos no concebían el tiempo de calidad, entonces jamás me lo pudieron brindar porque, por principio, no se puede brindar aquello que no se conoce.
Me pregunto también, obsesivamente, si el tiempo de calidad que a mí me dieron —asumiendo que así lo hicieron— fue de una calidad mayor, igual o inferior a la del tiempo de calidad que le dieron a mis hermanos. El problema se ha agravado porque, al realizar pesquisas entre mis cuatro hermanos, me he topado con reacciones inusitadas: nada más de pensar que uno de ellos —y al ser yo el más chico— me salga con un «¡N’hombre! ¡Tiempo de calidad el que a mí me dieron!», me entra un sentimiento inexplicable, una especie de dolor de muelas en el corazón; si uno de ellos, medio sorprendido por mi pregunta, me responde con un «La verdad no te sabría decir», pienso que está ocultándome algo y no sé por qué empiezo a sospechar que, en algunas de las muchas horas de tiempo que me brindaron mis papás —atreviéndome a calificarlas como tiempo de calidad—, en realidad me escamoteaban los minutos y por ahí, entre minutos y minutos, entremezclaban tiempo que o no era de calidad o era de una calidad inferior, y entonces me intriga saber a quién le dieron o qué hicieron con esos minutos de calidad que me escamotearon.
Por ejemplo, cuando mi mamá me llevaba al cine junto con mi hermana Maricarmen y mi hermano Toño, lo común era entrar al cine —lo cual, dado el sentido de la previsión que mi mamá tenía para todo, solíamos hacer con bastante anticipación— y, después de haber ocupado cuatro butacas céntricas, ver primero los cortos y luego la película en completo silencio y sin hacer comentario alguno. Hoy me pregunto si ahí en el cine, sentados en las butacas, sin hablar, uno de los tres estaba recibiendo un mejor tiempo de calidad o si éste era parejo.
¡Ah, qué tiempos de calidad aquellos…!
Otro asunto fundamental es definir si el tiempo de calidad puede medirse con el mismo sistema con el que medimos el tiempo convencional o si existe otro más sofisticado. Incluso, y ya entrados en esta clase de disertaciones, es válido preguntarnos si un reloj cualquiera puede medir el tiempo de calidad o si para ello se requiere uno de los relojes que, por regla general, sólo pueden permitirse aquellos de perfil ejecutivo. De ser cierto lo primero, habría que aceptar entonces que existen segundos de calidad, minutos de calidad y horas de calidad. Ya pensar en días de calidad sería demasiado ambicioso si partimos del supuesto de que el tiempo de calidad sólo pueden brindarlo aquellos que, justo, no tienen tiempo; aunque, claro, siempre existirá por ahí alguna alma privilegiada que, desprendida y generosa, pueda presumir que a alguien le brindó una semana de calidad —ya el mes de calidad queda desechado, porque sería un principio de contradicción para el concepto y un oxímoron de la temporalidad cualitativa.
Esta categorización del tiempo de calidad puede ser práctica para algunos fines, pero también puede ser un arma de dos filos y una herramienta que, en manos de una mente manipuladora y chantajista —o, bien, acorralada—, puede generar reproches como: «Yo lo que te pedía era que me brindaras, no horas de calidad, sino minutos de calidad», o reclamos más profundos: «Siempre sentí que, en tus minutos de calidad, los segundos no eran de calidad». Por supuesto, habrá quien, filosófico y maduro ante alguna desavenencia, exponga un geográfico y contundente «Creo que, entre nuestros tiempos de calidad, nuestros meridianos jamás correspondieron».
Aún sabiendo que, en mi caso, el interés por el tiempo de calidad siempre será en su aspecto teórico, he pensado seriamente qué instancia habrá más allá del tiempo de calidad, porque si el tiempo convencional pudo evolucionar hacia el tiempo de calidad, éste también evolucionará hacia algo mucho más especializado. Me atrevo aquí a postular e introducir en exclusiva que, después del tiempo de calidad, aquellos que hoy tienen la capacidad para brindarlo, tendrán la facultad para brindar «tiempo de excelencia».
Tiempo de excelencia
Si brindar tiempo de calidad pone a los privilegiados en el carril hacia la excelencia, al llegar a ésta —ya que deben de existir claves e indicios iniciáticos que les hagan saber que ya lo hicieron—, podrán brindar tiempo de excelencia, aunque todavía no sé si éste se vaya a brindar o se vaya a otorgar —volviendo a lo básico, es pertinente recapitular que quienes usamos el tiempo convencional sólo damos tiempo, mientras que los inmersos en el tiempo de calidad tienen la potestad de brindarlo y esto no es sólo una cuestión de semántica.
Como para muchas otras cosas, me queda el recurso de imaginar qué hubieran respondido mis papás de haberles formulado la pregunta: «¿Alguna vez me brindaron tiempo de calidad?». Las respuestas probables son contundentes: mi mamá me hubiera cuestionado: «¿Qué visiones son ésas?», y mi papá me hubiera respondido con otra pregunta: «¿Qué clase de estupidez me estás preguntando?».
Para terminar con este tema, y porque el tiempo de calidad es oro, les dejo estas sentencias, con la idea de que cada quien aporte las suyas, pero, eso sí, con la única condición de que, para hacerlo, se tomen su tiempo de calidad:
Consejo valioso: Te deseo que tu tiempo de calidad se vea multiplicado y que tengas la sabiduría para brindarlo con equidad y generosidad
Confidencia: No es que no les dé tiempo de calidad, lo que pasa es que ellos no saben distinguir entre mi tiempo convencional y mi tiempo de calidad
Frase sabia: Si alguien te hace perder el tiempo, procura que el tiempo que pierdas no sea tu tiempo de calidad
Queja: —Señorita, usted nada más me hizo perder mi tiempo de calidad. —Lo siento mucho, señor, pero yo no tengo la culpa de que usted haya dispuesto de su tiempo de calidad para realizar un trámite que bien se podría haber hecho con tiempo convencional.
Fuente: www.algarabia.com
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Lo importante en la relación sexual es el viaje, no el final de éste; conoce los tipos de orgasmo femenino y tips para obtenerlo
Como lo dije en la entrega pasada, lo importante en la relación sexual es el viaje no el final de éste. Y es que puede existir una maravillosa relación sexual que tal vez no termine en orgasmo, y puede haber orgasmo sin que haya existido un disfrute a plenitud del coito.
En ocasiones el orgasmo responde sólo al estímulo físico, como sucede con la masturbación femenina o masculina, por ejemplo, y no a una completa y placentera relación sexual.
Sin embargo, si se tienen ambas, hay que decir, la experiencia simplemente se vuelve inigualable. Por ello, como digo, no hay que buscar el orgasmo per se, como el objetivo máximo en la cama, sino como parte de un todo. Tan importante es el orgasmo, como la primera caricia.
Para disfrutar el viaje sexual y su culminación, existen algunos consejos que pueden ayudarte a que ambos se conviertan en un momento lúdico y gozoso. Veamos cada uno de ellos:
Tips para que ella logre un buen orgasmo
A estas alturas ya debes saber que una vagina no lubricada tendrá una penetración dolorosa que hará más difícil que la mujer llegue al orgasmo. Así que lánzate a una sex shop donde hay numerosos lubricantes de colores y sabores para ello. Utilízalos sobre el condón masculino y para una mayor sensación coloca una o dos gotitas (no más) de éste antes de colocar el preservativo para aumentar tu sensibilidad también. Cuida que sean a base de agua y nunca de aceite porque estos pueden ocasionar enfermedades e irritaciones en la mujer.
Estimúlala para que reciba suficiente juego previo y esté húmeda y excitada. Haz una visita a su punto G (recuerda que éste lo puedes ubicar introduciendo dos dedos en la vagina y de frente a ti hacer un movimiento como de “ven acá”. Esa superficie ligeramente rugosa que tocarás en la pared vaginal es el punto que debes estimular con movimientos rápidos) y una vez que esté muy excitada, penétrala y hazlo rápidamente. El orgasmo llegará en cuestión de segundos.
Una de las posiciones favoritas de las mujeres para lograr el orgasmo es que ella esté montada encima del hombre y controle su propio placer. Tú déjate usar. Es la verdad, permite que ella se balancee y encuentre aquellos movimientos que más goce le produzcan.
Tú deberás ser un excelente observador para saber qué gestos realiza y cuáles son los movimientos previos a su orgasmo. De esta manera la próxima vez que veas que viene podrás poner en acción estrategias como: tomar su trasero con ambas manos, abrirlo un poco y sujetarla fuerte. Con su consentimiento, puedes aplicar una o dos nalgadas y observr su reacción.
En ese momento no la sujetes del cabello ni de los brazos ni sus piernas. Las mujeres en los momentos previos al orgasmo tenemos nuestro propio ritmo y, a veces, una pequeña distracción puede acabar con el encanto.
Utiliza un pequeño vibrador para estimular el clítoris antes de la penetración. No lo coloques directamente sobre éste porque la sensación será casi inaguantable, pero sí sobre el capuchón que lo recubre o sobre los labios mismos. Al mismo tiempo, si puedes, besa sus pezones o juega con tu lengua en su ombligo. Sí, el ombligo es para muchas mujeres una zona súper erógena.
Haz buen sexo oral el tiempo necesario. Tampoco dures horas. Sólo el tiempo justo para que, cuando la veas excitada, entonces cambies de juego, toca sus labios vaginales apenas con la yema de los dedos y luego sube a su pecho o dale un gran beso en la boca.
¿Qué pasa en el cuerpo de ella cuando tiene un orgasmo?
1- Los músculos se tensan y aumentan el ritmo de las palpitaciones y la presión sanguínea.
2- Los pezones se ponen duros.
3- El clítoris, repleto de sangre, se pone tenso y se erecta bajo su capuchón.
4- Los labios mayores y los labios menores se agrandan y aumenta la lubricación.
5- La vagina sigue ensanchándose y alargándose y los pechos se congestionan ligeramente.
6- El clítoris se acorta; el color de los labios se oscurece.
7- La musculatura vaginal, incluido el esfínter anal, se tensa y luego se contrae, a veces con espasmos. Se acompaña por reflejos musculares en las manos y pies.
8- Las contracciones aumentan hasta un ritmo de cada 0.8 segundos. En esta fase, se puede enrojecer la piel, por lo general el estomago, pechos, hombros y cara.
9- Resolución. Es el retorno al estado de reposo. Esta fase puede durar de 5 hasta 60 minutos. El útero y clítoris regresan a sus posiciones normales, ocurre un relajamiento de los músculos, el enrojecimiento de la piel y la hinchazón de ciertas partes desaparecen. Después, las mujeres, en una diferencia mayor a los hombres, pueden tener una nueva excitación y volver al juego sexual. Y pueden tener uno y más orgasmos.
DIEZ TIPOS DE ORGASMOS FEMENINOS:
1- Clitoridiano.
2- Vaginal y cervical.
3- Punto G
4- Uretral
5- Pechos/pezones
6- Boca
7- Ano
8- Mezclado/Fusión
9- Zona
10- Fantasía
El orgasmo femenino en números:
* Entre un 5% y un 15% de las mujeres activas sexualmente nunca ha tenido un orgasmo, según un artículo publicado en el número especial Women’s Health, de la revista Scientific American.
* No todos los orgasmos -como tampoco otros tipos de orgasmos-tienen la misma intensidad.
* El 70% de mujeres no logra el clímax sólo con la penetración (esto es totalmente normal como ya dijimos).
* La mayoría de las mujeres tiene un potencial orgásmico ilimitado.
* El 50% de las mujeres, a nivel mundial, según la World Association for Sexology (WAS), se declara sexualmente insatisfecha.
* Se ha comprobado que después del orgasmo, hombres y mujeres se sienten más cerca de sus parejas. La oxitocina, un compuesto químico liberado por el cerebro durante el orgasmo, inspira sentimientos de unión.
* Las mujeres jóvenes producen más cantidades de oxitocina que los hombres. Esto ocurre hasta la mitad de la vida, cuando los porcentajes se igualan.
* El clítoris contiene entre 6 y 8 mil terminaciones nerviosas, más de lo que posee ninguna otra estructura del cuerpo humano (masculino o femenino).
Fuente: www.tva.com.mx por ElizabethFlores
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Full Moon y Moon Crescent dos complejos hoteleros (rascacielos) cuyo deseo es ver en la República de Azerbaiyán el simbolo de la mistica luna llena, dándole la bienvenida al mar Caspio
Bakú, ciudad con más de 1,500 años de historia y capital de Azerbaiyán, albergará entre sus murallas el complejo hotelero Full Moon y Moon Crescent. Se trata del ambicioso deseo de ver el símbolo de la media luna dando la bienvenida desde el Mar Caspio.
Moon Crescent hotel
Con 221 habitaciones, 32 pisos y 165 metros de altura, tendrá 128,000 m² de espacio. Se eleva como un arco curvado, pero la naturaleza del edificio destaca debido a que la estructura no es completamente curva en su interior. Detrás de él, habrá cuatro edificios más altos, tres residenciales y uno de oficinas de 43 pisos con 203 metros de altura.
Full Moon hotel
Será un hotel de lujo de 35 pisos que alcanzará 158 metros de altura, ofreciendo 382 habitaciones en cerca de 104,182 m² de espacio. El edificio con bordes redondeados se verá radicalmente diferente dependiendo del ángulo desde el que se aprecie.
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