Territorio Alaska – Fangoria. Olvido Gara Jova nació en México, pero en los setenta se fue a vivir a un Madrid que se despertaba después de una larga dictadura. Ahí se convirtió es Alaska: la reina de la movida madrileña y la madonna española‏

alaska1En Alaska existen glaciares y montañas naranjas, rosas e incluso negras como el filo de su mirada. Ella, Olvido Gara Jova, es un territorio tan grande y psicodélico como aquel rincón boreal. Lo eligió como nombre y trinchera cuando sólo era una adolescente, cuando un movimiento telúrico y social comenzaba a arrastrar 40 años de dictadura reprimida. Alaska, la de carne y hueso, el icono musical y artístico clavado en la memoria reciente de España, empieza en un viaje que parte de México DF, donde nació. Una generación después la chica que se meaba en la cara de una mujer recatada en la primera película de Pedro Almódovar (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón), firma su décimo disco (Absolutamente) con una serenidad metálica. “¿Qué queda de esa chica? Espero que nada. No le encuentro ningún encanto a la adolescencia. Vine de un país de colores como México a la España del 73 que era en blanco y negro. Lo que pasó es que ese gris explotó y se hizo fuego artificial. Yo tenía 10 años”, señala con voz gruesa.

La muerte de Franco desató una avalancha cultural y corrosiva que en Madrid se llamaría La Movida y que removería buena parte de los cimientos de la sociedad española. Sin proponérselo, una joven menuda surfeaba sobre las olas más picadas del movimiento, escandalizando a las familias, inspirando a los desatados con su look y música. “Murciana marrana. Te quiero porque eres sucia, guarra, puta y lisonjera”, decía el estribillo de una de sus primeras canciones con el grupo Kaka de Luxe. Ahora luce como una dama de hierro, glamurosa y contenida. Tiene 45 años, va al gimnasio, estudia historia y va de la mano de su esposo y manager, Mario Vaquerizo, 10 años menor que ella. “Olvido es mi alma gemela. Es una persona sin prejuicios que te puede hablar de antropología o de Las Vegas. Además está muy buena”, subraya Mario que luce una delgadez de elfo nocturno. Tiene su propio grupo de rock, Nancys Rubias. Su álter ego es Nancy Anoréxica, un travestido de casi dos metros de alto con tacones y maquillaje.

“Alaska es nuestra Madonna”, comenta un fan cuarentón que hace cola en la tienda de la Fnac de Madrid donde la artista firma autógrafos. La fila rodea el edificio con rostros y modas disonantes. Desde el ejecutivo de calvicie pronunciada preocupado de que le reconozcan, pasando por la palidez de los sobrevivientes de La Movida, hasta los chicos de 20 años que han conocido una Alaska cool, de talk shows, festivales gay y música electrónica. “Alaska es glamour”, comenta un joven deslumbrando mientras enseña el cd autografiado. En sus manos lleva bolsas con ropa de Zara y H&M. “Yo no viví La Movida, pero ha tenido que ser bestial”, agrega y sigue para otra tienda. Su primer recuerdo de Alaska no es glamuroso. La artista era la voz en off de la Bruja Avería, un personaje estrafalario de La bola de cristal, la serie infantil de la Transición española. Entre La abeja Maya y Heidi se había colado una serie con electroduendes y muppets anárquicos y heroinómanos que nadie se atrevía a censurar. “Ponen mucho esmero los banqueros y los pobres sufren serios quebraderos. ¡Viva el mal. Viva el capital!”, vociferaba la bruja a unos niños perplejos.

“Me gustaba más la Alaska de esa época, más natural. Ahora la veo más segura pero también más empresaria. Todos cambiamos”, comenta el fan cuarentón mientras enseña una foto de carné que lleva en la cartera. Un chico estilizado de ojos verdes sonríe a la cámara. “Soy yo cuando comenzó La Movida”, comenta el hombre robusto, de gafas gruesas y ojos verdes. “Ese chico ya no existe”, agrega. Al comienzo de la fila Alaska continúa firmando autógrafos. Fibrosa y tatuada irradia un aura envolvente. Hay quienes la consideran la mujer más famosa de la España posfranquista y el icono de la Transición, de lo rancio a la modernidad. Treinta años después se mantiene en primera fila, resucitada por sus nuevos fans, catapultada como icono homosexual. Canciones como “¿A quién le importa?” o “Ni tú ni nadie” forman parte de la banda sonora de varias generaciones y todavía suenan en las discotecas como himnos. Ahora, después de 12 años de llevar el cabello naranja, se ha teñido de negro azabache como una novia de los inframundos de Tim Burton. “No tengo nada de bruja. Los poderes se los quedó mi madre. En realidad siempre he sido hipertímida”, pestañea con voz glacial.

EL EXTRAÑO VIAJE

América Jova y Manuel Gara, padres de Alaska, encarnan el encuentro de mundos antagónicos unidos por el destierro y el azar. Él, militar republicano asturiano exiliado de la Guerra Civil española. Ella, esteticista, bailadora y santera cubana exiliada del gobierno de Castro. “Vivimos en la colonia Juárez, en la Del Valle… Mi vida en el DF era muy tranquila: iba al colegio, comía en casa, veía la tele… ¡Teníamos tele en color después de las Olimpiadas del 68!”, recuerda Olvido desde un sofá de la discográfica. Para entonces España y Cuba eran dos puntos muy lejanos de sus suspiros por el cantante estadounidense David Cassidy, de melena al cuello, frac blanco y pecho al aire. “Recuerdo los paseos por el centro con mi madre, el Sanborns, las enchiladas. De repente mi padre nos dice que nos vamos a vivir a España. Yo no era consciente de lo que eso significaba”, agrega. En sus recuerdos apenas caben El Santo (El enmascarado de plata) y las series estadounidenses del momento: I love Lucy, Los Munsters y Perdidos en el espacio.

A los dos años de aterrizar en Madrid sus padres se separan. “Él era el único que creía que después de vivir 40 años en México iba a adaptarse a España. Regresó aunque sabía que allí tampoco era el mexicano, volvía al centro asturiano de toda la vida”, señala con voz blindada. Ella y su madre se quedaron en la España en blanco y negro sin imaginar la descarga eléctrica que se avecinaba. “Mi niñez terminó al otro día de llegar a España. Por culpa del viaje, a causa del viaje. Tienes 11 años y de repente te interesa un tipo que se llama David Bowie y que se maquilla”, recuerda. Del colegio ya no iba directamente a la casa sino a las tiendas de discos punk o a El Rastro, el mercado de antiguedades de los domingos. Allí comienza a escribir un fanzine (Bazofia) de dibujos e historias psicodélicas donde por primera vez firma como Alaska.

Olvido dispara frases como una ametralladora, deja ver su territorio pero no sus grietas. En plena promoción de su disco Absolutamente hace un alto en su estilo de vida. Ya no sale de marcha como antes, devora libros de literatura e historia antigua, pincha discos en bares y discotecas con el seudónimo de Mexican Acid Queen, escribe para algunos medios o posa semidesnuda para campañas contra los toros. Hace un par de años la Universidad de Harvad le invitó para que diera una charla sobre La Movida. “Soy buena para las relaciones públicas pero profundizo con pocas personas. Una vez entré a una discoteca llena de amigos, hablé un minuto con cada uno porque eso era lo que quería hablar. No soy de las que me desespere si no estoy con gente, puedo estar días sola con mi libro y no pasa nada. No tengo Facebook ni MySpace. No uso el móvil, no me gusta hablar. A lo mejor añoro estar solar porque siempre he estado rodeada de gente”, subraya milimétrica y aplomada hasta que un torbellino de adrenalina abre la puerta, es Mario. Alaska cambia, sonríe y susurra como en una telenovela: “Hola amor”.

Éstos son los chicos de los que te hablé. Han hecho un video que te cagas. En blanco y negro con fotos, con el making off, buenísimo —detalla su vaporoso y madrileño marido mientras los chicos miran paralizados a la artista.

¡Que bien! Ahora viene la segunda parte —retoma ella su tono glacial.

Nadie daba nada por ellos. Se conocieron en una entrevista, el periodista neófito y la artista consagrada se enamoraron. Diez años después sonríen a pesar de las diferencias de edad, de altura, de fama y de personalidad. “Él si que necesita salir todos los días, aunque sólo sea para fumar”, sonríe Olvido. Mario ha escrito la biografía más completa que se ha hecho sobre Alaska. Allí la artista habla de su origen, de sus ídolos dispares (The Carpenters, Bowie, Lou Red, Michael Jackson, Tim Burton, Cassidy), de La Movida, de los excesos, de la heroína, del Sida y del talento que atravesaban las venas de Madrid. Ese diálogo continúa en un blog donde ambos se dejan notas.

“No hay nada más sexy que un heterosexual perfectamente maquillado y con tacones de vértigo”, escribe ella. “Me gustan las maduritas. Puedo admirar la belleza de las niñatas, pero no me ponen nada”, escribe él y matiza más adelante: “Tú cada día eres más sociable. Y yo, muy a mi pesar me estoy volviendo más huraño. ¡Quiero conservar mi carácter de animal social-simpático!”. Con 25 años, Mario se adentró sin guía ni traje de neopreno en Alaska. Pertenece a la generación de la posmovida que creció escuchando leyendas de personajes como Olvido, una generación que creció en una España ya enganchada al tren europeo. Ahora es representante de Fangoria, el dúo donde canta Alaska, y de la actriz Elsa Pataky (novia del actor Adrien Brody), además de llevar su propio grupo, Nancys Rubias. El año pasado Susie Pop, una de las integrantes de la banda, se lanzó al vacío desde el viaducto que durante La Movida fue la plataforma de los suicidios.

“Mario es mi conexión con el mundo”, admite Alaska aliviada, como si hubiese renacido. La familia real y los grandes diseñadores los invitan a sus desfiles y presentaciones. La pareja acumula amor, fetiches, accesorios de moda y obras de arte que compran en subastas. Alaska tiene una colección de barbies únicas que le han regalado como la “dominatrix” o la “Cleopatra”, con la misma mirada de Elizabeth Taylor. Y una pareja: Barbie y Kent versión “munsters” con tornillos y labios morados. “Mi novio no es un zombi”, aclara entre risas con un título de una de sus canciones. “Está vivito y coleando. Cada amor te deja ver que hay otras formas de amor que antes ni te imaginabas. Creo en lo increíblemente feliz que te hace sentir estar con alguien a quien quieres y sentirte querido. Hay que vivirlo como si fuera eterno, pero nunca se sabe cuánto va a durar”, subraya después de que Mario cierra la puerta.

LA MOVIDA ELÉCTRICA

Alaska ha vendido más de cinco millones de discos en los cuatro grupos en los que ha estado: Kaka de Luxe, Pegamoides, Dinarama y Fangoria. La mayoría han sido con Dinarama, a mediados de los años ochenta, en el cenit de La Movida madrileña. La onda expansiva llegó a países como México, Colombia o Argentina. El disco No es pecado (1986) vendió más de un millón 500 mil copias en Latinoamérica. En la portada sale Alaska con bañador negro ajustado, pecho semidescubierto, lengua arqueada y una sierra eléctrica. Fue censurada en México. La segunda versión era exactamente igual sólo que sin lengua. La sierra eléctrica se cambió por un látigo. “La Movida está aquí y ahora, lo que pasa es que ya no da titulares porque ya no es excepcional. Hay un montón de gente que está creando”, señala Alaska. Aquella época que abarca más de 10 años, desde la muerte de Franco hasta finales de los años ochenta, abrió una puerta tridimensional de expresiones artísticas nuevas e irreverentes. De ese caldo de cultivo salieron grupos y personajes emblemáticos como Pedro Almodóvar, Loquillo, Nacha Pop, Los Secretos, Radio Futura y Alaska. Esa puerta también abrió abismos alucinógenos. “El caballo” (término que se acuñó para la heroína), cabalgaba a sus anchas por las calles de la ciudad.

“A mi lado hay enormes vacíos de gente, grupos enteros que han desaparecido. Soy de la generación de la heroína y el Sida, pero no me siento una sobreviviente. Todo el que está vivo es un superviviente y cada año que pasa se es más superviviente. De todas maneras nuestras generaciones y nuestro mundo son bastante extremos, con lo cual no soy nada extrema. Comparada con mis amigos soy una santa”, confiesa la artista. Su imagen, no obstante, es la de un tótem de riesgo y provocación. Un fan alucinaba al recordar la lluvia dorada que Alaska protagonizó en el debut de Almodóvar. “Fue muy fuerte. España no estaba preparada para eso”, decía. La escena fue grabada en casa de la madre de Olvido. Mientras ella adaptaba la manguera y la cerveza que se utilizaron para el efecto, su madre le daba ánimos.

“Mi madre tiene 80 años, va al gimnasio, baila ritmos latinos. Yo no quedo a salir con mis amigos, pero ella sí. Les llama, sale a cenar con ellos. Es una mujer que disfruta mucho más de la vida que yo. Ya podía yo aprender”, anota la artista. Su madre, como dice ella, le ha acompañado en todos los fregados. Desde los primeros ensayos de punk con batería y gritos desaforados hasta las oleadas de amigos adictos y no adictos que se hacinaban en casa. “Al principio amenazaba con enviarme a México con mi padre y con meterme en un reformatorio. El quebradero de cabeza no es por lo que haces, sino por lo que creen que haces. Las malas amistades que tanto señalan las madres no tienen importancia. Un amigo que crece igual que tú de repente muere de sobredosis, otro se recompone y otro más decide ser pintor. Cada personalidad es un mundo”, comenta la artista.

Su madre, no obstante, la apoyó. Todavía hoy la acompaña a sus conciertos y tararea sus canciones en medio de banderas gay y preservativos que vuelan como globos. “Vengo de un matriarcado con una mentalidad muy abierta. No eran latinas estereotipadas. Mi abuela no era la abuelita, se separó prontito de mi abuelo. Y mi madre jugaba al póquer, bailaba salsa”, comenta Olvido, la quintaesencia de los sonidos sin maracas ni timbales. En su caso, El Caribe y el sol no la han tocado. Rígida y de una blancura germánica, el swing cubano que le corresponde por genes se petrificó. “¡Soy un palo! Una negada para bailar ritmos latinos. Parezco hija de alemana o sueca. Me muevo como me muevo, con el pom pom pom de las discotecas”, confiesa un poco avergonzada. Punk, glam, rock, electropop son las aristas que ella conoce, por las que ha caminado.

Después de la fama y las ventas millonarias con Dinarama (que finalmente se disolvió), vino un tiempo que Alaska y su compañero musical desde sus inicios, Nacho Canut, resumieron con un disco: Una temporada en el infierno. Casi 10 años de incertidumbre, de problemas con las discográficas, de presentaciones puntuales en bares y discotecas, de sequía comercial y de experimentos. De esa época queda un estudio de grabación que crearon (Vulcano), la participación en series y programas de televisión por parte de Alaska y las primeras incursiones de ambos como pinchadiscos en pequeños bares y discotecas.

Mientras pasaban los años y las modas, Fangoria subía como la espuma. Su último disco ya se ha situado entre los más vendidos en España. No viven de la leyenda de La Movida, sino de su presente multimedia. Hace 30 años eran dos adolescentes macarras, con acné y ganas de armar barullo, que se encontraron en un puesto de vinilos de punk y rock en El Rastro. La primera vez que se vieron se ladraron mutuamente.

“Y seguimos juntos. Funcionamos mejor que 99% de los matrimonios. Con 15 años formamos un grupo y lo que hacemos ahora es lo mismo. Nunca sabíamos hacia dónde nos dirigíamos cuando nos montamos en esta aventura y, desde entonces no nos hemos bajado. Es nuestro estilo de vida. Pienso en mucha gente de nuestra generación que cambió. Dejó de ir a los conciertos, cambió la lectura por el futbol. La vida no se para cuando tienes un hijo. Si te interesa la cultura te interesa siempre”, subraya como si regañara a un adolescente. Su instinto maternal se asoma, se esconde. “Estoy contra el reloj biológico, pero no quiero tomar la última cerveza del bar porque es la última. A Mario y a mí nos encantan los niños, pero creo que lo mejor es que montemos una guardería. Además no soy nada Madonna, de tener un hijo y enviarlo a Suiza. Estaría con él”, comenta con mirada ausente. “Sería estricta, pero no podría ser hipócrita. Tendría que hablarle de la heroína, del sexo, de mil cosas… Yo sí que he vivido los miedos que tienen las madres”, apunta.

MOMENTO ZEN

Olvido no ha dejado de ir a México, hasta hace poco tenía una casa en el DF. El acento lo recupera en cuanto aterriza y también los recuerdos de su infancia. “Dicen que la niñez define tu personalidad”.

“Hay recuerdos de mi niñez que no puedo compartir con nadie de mi generación en España”, comenta. Uno de ellos la sigue persiguiendo. Es una mano tibia y peluda. “Era la mano de Pancho, un chimpancé de un parque de atracciones que se llamaba Mundo Feliz. Recuerdo que iba con mis padres a darle comida”, detalla. Uno de sus lugares favoritos es la discoteca Spartacus. “Siempre suelo ir. Es un sitio especial como si estuviera congelado en el tiempo, podrías estar en 1985 o en 2000”, comenta. El video del single “El extraño viaje” de Fangoria fue grabado allí. En una de sus últimas visitas a la ciudad la invitaron a dejar sus huellas en el Paseo de las Estrellas del centro comercial Plaza Galerías. Alaska lucía satisfecha sabiendo que estaría al lado de las huellas de La Chilindrina, otro de sus personajes de la niñez.

Treinta años después de aquel viaje, la dureza y la rabia de su primera etapa se ha ido transformado en una afilada tranquilidad. “Cuando éramos más pequeños y tiranos pensábamos que sólo aceptaríamos a los que tuvieran nuestros mismos gustos, nuestro humor. Al final de la vida eso no tiene importancia, da igual los libros que hayas leído o la música que escuches. Importa que la persona sea buena gente y que haya una conexión bonita”, comenta. Esa conexión se fue perdiendo con su padre, el republicano exiliado. En los viajes de ida y vuelta su conciencia se fue diluyendo. “Murió hace un año. Ya no sabía ni quién era, había perdido la memoria. Mi padre vivió toda su vida en un hotel, en los hoteles del centro, los de la calle Salvador. Ése era el México que conoció”, relata pausamente como si dejara ver una pequeña grieta. “Teníamos relación pero era distante, cosmética. Fuimos un poco judíos errantes”, señala.

Mario vuelve a entrar a la habitación y señala el reloj. “Mi niño te dejo sólo unos minutos porque tenemos luego una cena y no queremos pillar atasco ¿vale?”, comenta el manager y marido con voz aguda. Sin duda es una mujer solicitada, incluso por la familia real. Hace poco la infanta doña Margarita de Borbón, hermana del rey Juan Carlos, le invitó a su cumpleaños número 70. Alaska es un ejemplar único. Ella sigue pensando en aquella adolescente recién llegada de otro país que fue arrastrada por un caudal de fuegos artificiales. “Mi profesora de historia me dice que si no sales en la foto es como si no existieras. Cuando hablan de un faraón todo el mundo se acuerda de Tutankamón, pero no era el faraón más excepcional. ¿Quién se acuerda de la faraona Hatshepsut?”, desenvaina su última lección de historia. Alaska no sólo salió en una foto, sino en miles. “Todos somos únicos, pero soy consciente de que formo parte de un imaginario, de algo muy importante. Sé que estuve ahí”, sonríe satisfecha mientras arquea sus pronunciadas cejas. Su territorio de glaciares sigue creciendo.

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2 comentarios el “Territorio Alaska – Fangoria. Olvido Gara Jova nació en México, pero en los setenta se fue a vivir a un Madrid que se despertaba después de una larga dictadura. Ahí se convirtió es Alaska: la reina de la movida madrileña y la madonna española‏

  1. Hola Olvido!!!
    Soy Gabriela Medina, espero k te acuerdes de mi
    Estoy en Merida ahora trabajando para una empresa Japonesa k esta muy interesada en hablar contigo, les interesas tu para ser la imagen de unos productos de salud.
    te dejo mi mail para platicarte un poco mejor pues esta gente va a tu país en un mes por si estas interesada
    Espero estar en contacto contigo
    Te ves guapisima con tu nueva imagen
    Saludos
    ZU
    bluebodyzuvoid@hotmail.com

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