El fulgor de la ciudad más grande de Europa deslumbra al mundo entero, gracias a la satisfacción que produce en los gustos más refinados. Moscú, además de su hermoso paisaje, vive un renacimiento como una capital del lujo y la exclusividad.
En el ojo del ciclón económico actual, Moscú no hace más que crecer; las construcciones proliferan, los atascos de tráfico son interminables y los “nuevos rusos” son aquellos con mayor poder adquisitivo del planeta. Los centros comerciales, las tiendas de lujo y los restaurantes más chic se multiplican día a día.
En poco tiempo, este lugar se ha convertido en la ciudad más cara del mundo; una voraz de modernidad y su apetito por instalarse en la cima de la vanguardia es insaciable, aunque persiste ese toque de excéntrica opulencia y un aire de nostálgica decadencia. Un caos que encandilará a exquisitos y cosmopolitas.
Los moscovitas tienen el dinero y las ganas de invertir, de tener clubes espectaculares, restaurantes sibaritas y los hoteles más acogedores del mundo; además, les gusta hablar inglés, por lo que iniciar la comunicación no será problema para quienes dominen el idioma.
Delicatessen de allí y acá
La ciudad más importante de Rusia, junto con San Petersburgo, es una de las capitales indiscutibles de la suntuosidad, el derroche y la ostentación. Las cadenas hoteleras de élite se pelean por hacer, de los edificios señoriales de la época imperial, lugares para gastar en exceso. Los centros comerciales evocan a los palacios versallescos y los restaurantes de todas las nacionalidades tientan a los oligarcas con delicias de todos los rincones del mundo.
Bienvenido al estilo de vida más lujoso del universo. A muchos les sorprenderá saber que en Moscú es posible comer uno de los mejores sushi del globo; degustar caviar de primera es una excelencia que también puede encontrarse. El mejor lugar para hacerlo es el club Justo, que se encuentra en Bolshoi Tomachevsky Pereulok.
Si uno opta por la cocina tradicional rusa, el abanico es infinito. El Club Restaurant of the House of Writers, situado en la calle Ulitsa Povaraskaya, es extraordinario, la decoración es obra de la condesa y el conde Alsoulfiev, quienes lo habitaron y cuyos retratos están repartidos por el edificio. El lugar de la élite de la literatura rusa, el Café Pushkin en Tverskoy Bulvar, sirve comida tradicional de calidad a altos precios, unos 116 dólares por persona. Aunque en el Bosco Café, frente a la tumba de Lenin, en la calle Red Square, también se puede disfrutar la comida típica del país a un precio más asequible.
El sabor de la comida italiana en moscú
Sorprende como la cocina italiana es valorada en la capital rusa. Son muchos los restaurantes que la ofrecen; Cantinetta Antinori, Mario o Palazzo Ducale. Peperoni, por su parte, es uno de los más vanguardistas y en donde ofrecen un servicio de cinco tenedores. La gastronomía francesa también cuenta con cierto abolengo en Moscú. Carré Blanc en Ulitsa Selznyovskaya, es el más prestigioso; mientras que La Maison Café, con una decoración más moderna a cargo del estudio de la diseñadora patria por excelencia, Anna Domini, es mucho más económico; con una iluminación a base de velas, el lugar se presta fácilmente para el romanticismo.
Lo francés, en Rusia, posee una estima muy especial entre todos los habitantes de la ciudad; desde los grandes duques de la época imperial, hasta los grandes oligarcas del presente.
Todos sienten una gran admiración por el país del champagne y, como si fuera poco, la comida de Uzbekistán, Azerbaiján, Georgia, Líbano y Asia también ocupa un sitio preponderante en este resurgir de Moscú.
Alojamiento
Existen hoteles para todos los gustos; desde el moderno y lujoso Marriot Royal Aurora, famoso por encontrarse muy cerca del Teatro Bolshoi, hasta los sofisticados como el Golden Apple. En tanto que, para quienes prefieren revivir el ambiente de los zares y grandes duques, el Hotel Meridien es, sin titubeos, perfecto. Edificado a principios del siglo pasado, ha contado con huéspedes ilustres de la talla de Anatole France, Frederick Forsyth o Winston Churchill. El Ararat Park Hyatt Hotel o el Baltschug Kempinski Hotel son excepcionales alternativas; el primero cuenta con una espectacular vista al Kremlin y, el segundo, fue utilizado como sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, así como para albergar oficinas de la KGB durante el régimen de la extinta Unión Soviética.
No te puedes perder
Globus Gourmet es una tienda que no hay que dejar de visitar; está en Guimeney Shopping Gallery y se postra como un mercado de ensueño para los amantes de la gastronomía por la variedad delicatessen traída de varias partes del mundo. Hediard, la prestigiosa firma francesa, tiene una sucursal en la capital rusa, específicamente en la calle Sadovaya Kudrinskaya y donde se pueden hallar delicias como el jamón dulce francés, café, chocolates y toda suerte de caprichos culinarios.
Como sea, los centros comerciales elegantes por excelencia son los Petrovski Passages. En su interior, hay varias tiendas de alta gama como Kenzo, Christofle, Lancôme, La Perla, Gianfranco Ferré, Etro, Godiva o Nina Ricci.
La zona de Passage Tretyakovsky fue remodelada recientemente y en definitiva, es otra de las citas imprescindibles, en cuanto a comercio de alto nivel.
La predilección por la moda rusa puede satisfacerse en la boutique Le Form, la cual despliega una vasta muestra del trabajo de diseñadores del país. Además, Podium es un establecimiento espectacular, en el que hay muebles, ropa, joyas o accesorios para todos los gustos; su refinada presentación hace que visitarla se vuelva un placer para los sentidos del consumidor exigente.
Las antigüedades, por otro lado, encuentran dos sitios particulares dónde colmar los deseos de aquellos apasionados por el arte . Uno de ellos, Antiquar Metropol, transporta al pasado gracias a sus bodegones que albergan piezas de cristal de Bohemia, porcelana de Lomonosov y los espectaculares huevos de Fabergé. También Knigui, un lugar donde se comercializan artículos de segunda mano, los cuales llegan a sorprender por ser auténticos tesoros.
Anticuarios y decoradores tienen también sus lugares predilectos; The Shon Gallery and Roza, por ejemplo, reúne piezas ancestrales de Oriente como alfombras, joyería de Turkmenistán, muñecas y accesorios, específicamente del siglo XIX. Por su parte, Ghzel True Blue China, resulta el aparador más atractivo para la verdadera porcelana de ese país oriental.
El tip: El último beso
Para aquellos viajeros que tienen la suerte de estar en la estación de tren del condado de Cheshire, en Inglaterra, una medida prohibitiva le ha dado un revés al romance; y es que, la estación ha prohibido de tajo los besos a la entrada de la estación. Esta regla fue instaurada luego de las quejas de los taxistas, quienes consideran que los enamorados obstaculizan la zona de descarga con sus besos, causando en ocasiones aglomeraciones. En las áreas de mayor congestión se han colocado carteles que obligan a los usuarios a despedirse un poco más lejos del tren. Para el consuelo de algunos románticos, otras “zonas para besar” han sido habilitadas cerca del estacionamiento, con la finalidad de que los usuarios no vuelvan más lento el tráfico y el arribo de otros viajantes.
Todo parece indicar que el aumento de pasajeros en esta estación, desde la aparición de trenes de alta velocidad entre Londres y Glasgow, ha forzado la medida y aprovechando algunas reformas en la terminal se colocó esta serie de carteles que prohíben los ósculos. Como sea, no hay penalización para aquellos que decidan quebrantar la regla con un beso apasionado. Así, ¿cómo resistirse?
Fuente: www.revistaopen.com.mx
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