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Aquí los fantasmas están vivos y recorren las calles. Ellos forman parte de la muy larga lista de personalidades que le han dado rostro a nuestro imaginario colectivo.

Recordados con admiración y comercializados sin pudor, estos personajes han probado ser más efectivos que cualquier campaña turística. Parecería una estrategia de marketing que echa mano de la Cuba idealizada cuando un premio Nobel vivía entre pescadores, los trovadores iban de Alto Cedro para Marcané y la Revolución era más verde que las palmas.

Ernest Hemingway

En el Olimpo cubano, Ernest Hemingway es uno de los dioses principales. La palabra Hemingway es poseedora de tal magia que basta tan sólo invocarla para generar ventas y multiplicar clientes, como bien lo saben en la Bodeguita del Medio o el Floridita, locales que acostumbraba visitar el escritor.

La imagen con guayabera cubana, escribiendo borradores en su máquina portátil Royal, y escapándose con un termo lleno de ron a la próxima cantina, ya es parte de un folclor literario que vende, y muy bien. Las personas siguen llegando al hotel Ambos Mundos para hospedarse en el mismo edificio que el Nobel de Literatura, desplazándose hasta el Restaurante Terraza de Cojímar para ver con sus propios ojos el lugar que inspiró El viejo y el mar o llenando la barra del Floridita para ordenar el Gran Plato Hemingway y pedir el daiquirí ‘Papa’.

De él se ha dicho de todo, que las tácticas descritas en Por quien doblan las campanas fueron usadas por los revolucionarios para combatir a Batista, por ejemplo.

El Che

En Cuba, El Che nos observa por doquier, ya sea en un grafiti callejero, una pintura al óleo, el periódico mural de una primaria o desde las monedas y billetes de tres pesos, como queriendo evidenciar que, por lo menos para el turista, él es el último icono fácilmente reconocible de una Revolución que históricamente nos queda cada vez más lejos.

Con el paso de los años, el también llamado ‘guerrillero heroico’ se ha convertido en un imán para coleccionistas y en una mina de oro para comerciantes.

Camisetas, gorras, vasos, retratos al óleo, carteles, postales, boinas y discos compactos con la muy conocida canción de Carlos Puebla son algunos de los artículos más buscados, aunque no tanto como el reloj Swatch de edición especial que reproduce a El Che en su carátula.

Mario, que vende artesanías, nos dice que esto tiene un nombre: “Es el mar-che-ting. El turista siempre busca cosas de El Che, y la mayoría no sabe quién fue”.

Es un personaje que, de tan trastocado por los medios, cada vez se parece más a Gael García y menos al rosarino que quiso sembrar el germen de la rebelión en América Latina.

Compay Segundo

“Compay sólo era Segundo en el apellido, porque en la vida real nunca fue segundo de nadie” comenta Miguel, quien trabaja en la tienda Longina, de la calle Obispo.

El lugar, considerado uno de los mejores para comprar música, sorprende por su reducido tamaño y lo inusual de su oferta, pues en un mismo espacio comparten los exhibidores discos compactos, aparatos de alta fidelidad y ropa.

Una de las esquinas está dedicada a las guayaberas y guitarras marca Compay Segundo, que son parte del homenaje que se le rinde al músico desde el 18 de noviembre de 2007, fecha en la que hubiera cumplido 100 años.

Compay ha sido un personaje desde siempre, pues su sombrero panamá de ala corta y su puro Montecristo son inconfundibles, tanto que sólo este par de elementos basta para identificar al logo que adorna los instrumentos.

Fuente: www.eluniversal.com.mx

Junio 16, 2008 - Publicado por radiocontempo | De mochilazo | , , , , , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

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